Por José Luis Preciado
El 3 de julio de 2026, el exembajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, concedió una entrevista al periodista Jorge Ramos que ha resonado como un sísmo en la tectónica política del continente. Con motivo del lanzamiento de su libro Borderlands, Salazar, ante las preguntas insistentes de Ramos, pronunció una frase que derrumba uno de los relatos más perversos y mejor orquestados de la ultraderecha continental: la infame acusación de que el expresidente Andrés Manuel López Obrador mantenía vínculos con el crimen organizado. El exdiplomático fue taxativo: «Yo nunca tuve evidencia de que el licenciado Andrés Manuel López Obrador estuviera haciendo cosas de ese tipo. Esa evidencia nunca se me presentó«. Esta declaración, vertida en el canal de YouTube del periodista, no es un matiz menor; es la admisión de que la maquinaria mediática y política, que durante años repitió la mentira como un mantra hasta intentar convertirla en verdad, operó en el vacío probatorio, alimentándose de rumores y de la desesperación de un sector que necesita construir enemigos imaginarios para justificar su agenda de sometimiento.
La contundencia de las palabras de Salazar no solo absuelve a López Obrador, sino que expone las contradicciones internas del aparato de inteligencia estadounidense, un tema crucial. Salazar, al ser cuestionado por Jorge Ramos—quien, en su afán de obtener la confesión histórica, parecía más un fiscal que un periodista—, no tuvo más remedio que hablar con cierta pulcritud, aunque esta esté muy lejos de ser absoluta. Lo que Salazar revela, casi sin pretenderlo, es una fractura profunda en el «Estado profundo» estadounidense. Por un lado, sostiene que no participó en el traslado de Ismael «El Mayo» Zambada y que ninguna agencia estadounidense tuvo conocimiento previo, una versión que la presidenta Claudia Sheinbaum ha desmentido al señalar que el FBI se atribuyó el operativo en una exhibición pública, preguntando con justicia: «¿Quién miente?». La disyuntiva es escalofriante: o Ken Salazar miente para encubrir una operación unilateral que viola la soberanía mexicana, o el exembajador era un títere ignorante, al que las agencias de inteligencia—como la CIA o el FBI—mantuvieron al margen de sus operaciones más oscuras, compitiendo entre sí por el control narrativo del narcotráfico como arma geopolítica.
Esta disociación dentro del gobierno estadounidense es la clave para entender el fenómeno. No se trata de una política de Estado coherente, sino de una pugna de intereses corporativos y burocráticos que operan por encima de la figura del presidente, ya sea Biden, Trump o cualquier otro, y que ven en el narcotráfico y en la desestabilización de los proyectos populares un negocio redondo. Al afirmar que nunca tuvo pruebas contra AMLO, Salazar no solo desarma el montaje, sino que echa por tierra las insinuaciones de los opinadores de derecha y de los globalistas por igual que, como Riva Palacio, Salvador García Soto o el propio Jorge Ramos, han construido una narrativa de «narco-presidente» para intentar derrocar un proyecto de nación que acepta el regionalismo norteamericano pero que promueve algunos elementos de soberanismo, por lo que les resulta incómodo. La revelación es demoledora: el propio exembajador estadounidense, el halcón de las grandes corporaciones, desmiente la propaganda que ellos mismos alimentaron. La verdad, cuando se confronta con la evidencia, cae por su propio peso.
Sin embargo, el exembajador sí reconoce la existencia de corrupción en México, pero señala con el dedo a los verdaderos culpables: los gobiernos del PRI y el PAN, cuyo epítome es el caso de Genaro García Luna, el exsecretario de Seguridad condenado en Estados Unidos. Al hacerlo, Salazar, sin querer, valida la tesis de la Cuarta Transformación sobre el «régimen de corrupción y privilegios», demostrando que la podredumbre institucional que México ha combatido no se encuentra en las filas del lopezobradorismo, sino en las estructuras de poder que hoy, hipócritamente, alzan la voz. Lo que queda al descubierto es un imperio que se desmorona por implosión, donde las agencias no se comunican entre sí y donde la injerencia en asuntos internos de América Latina se sigue disfrazando de colaboración, pero que hoy, frente a las cámaras, no puede sostener ni una sola de sus mentiras.
Fuentes consultadas
Jorge Ramos. “¿México y EE.UU. en su peor momento? | Ken Salazar habla de Trump, Sheinbaum y el narco”. 3 de julio de 2026.
Debate.com.mx. «Ken Salazar niega vínculos de AMLO con el narco; Sheinbaum insiste en que EU ocultó información sobre ‘El Mayo’«. 2026-07-07.
Noroeste.com.mx. «Ken Salazar dice que nunca tuvo evidencia de vínculos entre AMLO y el narco«. 2026-07-06.
La Opinión. «Ken Salazar, ex embajador estadounidense, niega que AMLO haya estado involucrado con el narco«. 2026-07-07.
Eje Central. «Ken Salazar aclara que nunca tuvo pruebas contra AMLO por vínculos con el crimen organizado; y sostiene su versión sobre el secuestro de ‘El Mayo’«. 2026-07-07.
El Clarinete. «Ken Salazar descarta pruebas contra AMLO y niega operativo por ‘El Mayo’«. 2026-07-06.
El Heraldo de México. «Acusaciones de ‘narcogobierno’ no tienen ninguna base: Claudia Sheinbaum». 2026-07-07.
Debate.com.mx. «Noroña recuerda entrevista de Ken Salazar con Jorge Ramos: ¿Pruebas de vínculos AMLO – narco?«. 2026-07-06.
La Crónica de Hoy. «Sheinbaum responde a las declaración de Ken Salazar para rechazar señalamientos contra AMLO«. 2026-07-07.
Excélsior. «Niega Ken Salazar intromisión de EU en secuestro de El Mayo o pruebas contra AMLO«. 2026-07-07.
Infobae. «Ken Salazar señala que no tuvo evidencia de presuntos vínculos de AMLO con el narco«. 2026-07-06.