Por José Luis Preciado
El error de percepción que atraviesa el análisis convencional del narcotráfico en México es doble: se insiste en mirar a los cárteles como entidades autónomas, y se persiste en la ficción de que la guerra contra las drogas se libra desde un frente externo al sistema que la produce. La información que emergió esta semana desde Palacio Nacional, confirmada por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, sobre el financiamiento directo del Cártel Jalisco Nueva Generación a la facción de Los Chapitos, adquiere su verdadera dimensión cuando se la sitúa en el contexto del caso Paul Campo y Robert Sensi, destapado en diciembre de 2025 por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York. La síntesis de ambos acontecimientos, examinada a la luz de las hipótesis que he sostenido en este espacio sobre la arquitectura financiera global del narcotráfico, conduce a una conclusión inevitable e incómoda: el sistema que persigue al narco está estructuralmente entrelazado con el sistema que lo financia, y el dinero que fluye desde los centros financieros transatlánticos hacia las organizaciones criminales en México sigue un circuito que no conoce la distinción entre perseguidor y perseguido.
El caso Campo-Sensi, documentado en el expediente judicial del Distrito Sur de Nueva York y reportado por medios como Milenio, Infobae y Soldier of Fortune Magazine, revela una realidad que trasciende la anécdota de la corrupción individual. Paul Campo había dedicado veinticinco años a la DEA, ascendiendo hasta convertirse en subdirector de la Oficina de Operaciones Financieras, el puesto desde donde se rastrean y congelan las fortunas de los capos en diferentes territorios. Su biografía oficial, que incluía comparecencias ante el Congreso y representación de la agencia ante el Tesoro de Estados Unidos y el Consejo de Seguridad Nacional, era el currículum perfecto de un guardián del sistema financiero contra la infiltración del crimen organizado. Sin embargo, al retirarse en enero de 2016 y fundar su propia consultoría, Campo no abandonó el sistema: lo volvió contra sí mismo. Según la acusación federal, Campo y su socio Sensi acordaron lavar hasta doce millones de dólares para el CJNG, convirtieron setecientos cincuenta mil dólares en efectivo en criptomonedas, y ofrecieron asesoría sobre cómo evadir investigaciones, incluyendo la sugerencia de crear la percepción de que las operaciones de fentanilo se trasladaban de México a Colombia para desviar la atención de la DEA. En una reunión en un restaurante de Manhattan, Campo mostró su placa de la DEA como prueba de confianza al informante encubierto, y cuando este le dijo «Bienvenido al puto cártel», la línea que separaba al perseguidor del perseguido se había desvanecido por completo.
La información que García Harfuch reveló en la conferencia matutina del 16 de junio de 2026, confirmando que el CJNG financió y reforzó a Los Chapitos a través de Audias Flores Silva, alias El Jardinero, bajo la supervisión directa de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, establece un vínculo operativo entre ambas organizaciones que, hasta entonces, se había considerado una imposibilidad estratégica. El especialista Víctor Manuel Sánchez Valdés, de la Universidad Autónoma de Coahuila, explicó que esta alianza respondió a un enemigo común: la facción de la Mayiza, que había sido incómoda en los procesos de expansión del CJNG en Guanajuato, Zacatecas y Michoacán. Los Chapitos ofrecieron al CJNG un punto de entrada a Sinaloa, un estado al que nunca había podido acceder, y a cambio recibieron refuerzo financiero y de personal para combatir a los hijos de El Mayo Zambada en el sur de la entidad. La alianza, sin embargo, no era estructural: era un vínculo personal de El Mencho, y tras su abatimiento en febrero de 2026 y la captura de El Jardinero en abril del mismo año, García Harfuch declaró que ya no existían indicios de que continuara. Esta fragilidad confirma mi tesis de que la decapitación no destruye la red, sino que la fragmenta, y que los acuerdos criminales dependen de la coherencia que proporciona un liderazgo centralizado.
La lógica que conecta ambos acontecimientos es tan simple como devastadora: si el CJNG ha recibido financiamiento, asesoría y apoyo logístico desde estructuras vinculadas al poder estadounidense, como prueba el caso Campo-Sensi; y si el CJNG canalizó recursos para financiar a Los Chapitos, como confirmó García Harfuch; entonces el circuito de financiamiento que une a Washington con el Cártel de Sinaloa a través de Jalisco es una realidad documentada. No se trata de una especulación conspirativa, sino de una deducción lógica a partir de hechos confirmados por la justicia estadounidense y la inteligencia mexicana. La acusación contra Campo y Sensi detalla cómo el exsubdirector de Operaciones Financieras de la DEA, utilizando su experiencia y sus contactos, no solo lavó dinero para el CJNG, sino que ofreció información sensible sobre investigaciones, asesoró sobre producción de fentanilo y exploró la adquisición de armas de grado militar, incluyendo rifles AR-15, M4, M16, lanzagranadas y drones capaces de transportar hasta seis kilogramos de explosivos C-4. En una conversación grabada, Sensi estimó que esa cantidad era suficiente para «volar toda la puta…» y se detuvo a tiempo . Este arsenal, que Campo y Sensi discutieron con quien creían era un operador del CJNG, es el mismo tipo de armamento que, según informes del Centro Nacional de Inteligencia de México citados por Defense News, los cárteles mexicanos han aprendido a utilizar en el campo de batalla ucraniano, donde han viajado para recibir entrenamiento en el uso de drones militares.
La dimensión financiera de este circuito es la que revela la verdadera naturaleza del sistema. Campo, en su calidad de subdirector de Operaciones Financieras de la DEA, había sido el responsable de coordinar con instituciones bancarias, con la Red de Control de Crímenes Financieros (FinCEN), con la Oficina de Control de Activos Extranjeros y con el Tesoro de Estados Unidos para rastrear y desarticular las redes de lavado de dinero del narcotráfico. Su conocimiento de los mecanismos de control financiero era, paradójicamente, lo que lo convertía en un activo invaluable para el CJNG. Los métodos que propuso—inversiones en bienes raíces, tarjetas prepagadas, conversión de efectivo a criptomonedas y contrabando de billetes—no eran innovaciones criminales, sino la aplicación invertida de las técnicas que había utilizado para perseguir a los cárteles. Esta inversión del conocimiento es la clave para entender la porosidad del sistema: el mismo aparato financiero que permite la circulación del capital legítimo es el que absorbe, transforma y redistribuye el capital ilícito. No hay dos sistemas separados; hay uno solo, y dentro de él, los flujos del narcotráfico no son una anomalía, sino una corriente funcional que contribuye a sostener la liquidez estructural en un contexto de fragilidad sistémica.
La acusación del fiscal federal Jay Clayton resume esta traición en una frase: «Campo traicionó la misión que se le confió durante sus 25 años de carrera con la DEA». Pero la traición no es solo individual; es estructural. Campo no fue un agente aislado que decidió corromperse. Fue un producto del sistema que, al retirarse, encontró que sus conocimientos y contactos eran más valiosos para el crimen que para la ley. Y el sistema no lo expulsó: lo acogió, le permitió fundar una consultoría, mantener sus acreditaciones de seguridad y seguir operando en los mismos círculos financieros donde antes había perseguido a los cárteles. El hecho de que Campo y Sensi fueran capturados gracias a una operación encubierta no mitiga la gravedad de la infiltración, sino que la confirma: el CJNG no solo tenía la capacidad de cooptar a un exfuncionario de alto nivel, sino que supo identificar a un candidato con el conocimiento y los contactos adecuados para convertirlo en un activo financiero.
La red transnacional de lavado de dinero que opera desde la City de Londres y Wall Street es el andamiaje que hace posible este circuito. Los bancos y las instituciones financieras que han sido sancionadas por el Tesoro de Estados Unidos por su complicidad con el narcotráfico no son excepciones; son manifestaciones de una regla no escrita: el capital no tiene nacionalidad ni conciencia, solo busca canales de circulación. El caso de los bancos mexicanos CIBanco, Intercam y Vector, señalados por el Departamento del Tesoro por operar en la interfaz entre el sistema financiero formal y el crimen organizado, revela que el dinero de los cárteles fluye a través de conductos legales con la complicidad de actores que operan dentro de la legalidad. La conversión de efectivo en criptomonedas, que Campo y Sensi ejecutaron como parte del esquema de lavado, es un reflejo de la digitalización del crimen financiero: el dinero ilícito se disuelve en el torrente de las monedas digitales, pierde su origen y reaparece como capital abstracto reinvertible. Este proceso no requiere de paraísos fiscales exóticos; ocurre en los mismos centros financieros que sostienen la economía global.
La confirmación de la alianza CJNG-Chapitos y su conexión con el circuito de financiamiento que incluye a exfuncionarios de la DEA no es una prueba de que «EE.UU. financia a los cárteles» en el sentido de una política de Estado, sino de que la arquitectura financiera transatlántica es un ecosistema donde los actores institucionales, los intermediarios financieros y las organizaciones criminales operan en una red de intereses superpuestos. No hay una línea clara que separe al perseguidor del perseguido; hay una zona gris donde el conocimiento, el dinero y el poder circulan en ambas direcciones. La decapitación de El Mencho, lejos de interrumpir este circuito, ha provocado su reorganización: la fragmentación del CJNG en liderazgos regionales, la desactivación temporal de la alianza con Los Chapitos y la captura de El Jardinero no han desmantelado la red, sino que la han reconfigurado en un estado de inestabilidad controlada que es funcional para la modulación del sistema. La violencia no es un accidente, sino una propiedad emergente de esta reorganización permanente; el caos no es ausencia de orden, sino una forma diferente de orden.
El poder contemporáneo, como he sostenido en este espacio, no opera mediante dominación directa sino mediante la gestión de las condiciones estructurales dentro de las cuales operan los sistemas. La estrategia de decapitación, aplicada al CJNG, no elimina la organización: la fragmenta, la transforma de una jerarquía coherente en una constelación de nodos competitivos. Cada fragmento lucha por sobrevivir, la entropía aumenta, pero el sistema no desaparece: se reorganiza. Y esa reorganización es funcional para quienes administran el equilibrio entre orden y caos, para quienes moldean las condiciones dentro de las cuales los sistemas evolucionan. El caso Campo-Sensi y la alianza CJNG-Chapitos son dos manifestaciones de una misma lógica: el poder no reside en los líderes individuales, ni siquiera en las organizaciones criminales, sino en la arquitectura financiera y logística que las trasciende y que es modulada por las estructuras de poder transatlántico. México, situado en el epicentro de esta disputa, no enfrenta una guerra contra el narco, sino contra una red de intereses que opera desde los centros financieros que, en teoría, combaten al narco. La verdadera cuestión, por tanto, no es si el gobierno mexicano puede derrotar a los cárteles, sino si puede reconocer que el enemigo no está solo en las sierras de Sinaloa o en los callejones de Jalisco, sino también en las oficinas de Wall Street y en las bóvedas de la City de Londres, donde el dinero del narcotráfico se convierte en el capital que sostiene el orden financiero global.
Fuentes consultadas
1. Imagen Radio. “CJNG y ‘Los Chapitos’ se aliaron por enemigo común”. Entrevista a Víctor Manuel Sánchez Valdés, profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila y especialista en seguridad. 17 de junio de 2026.
2. Grupo Fórmula. Harfuch explica que alianza entre CJNG y ‘Los Chapitos’ se rompió tras muerte de ‘El Mencho’. 16 de junio de 2026.
3. Imagen Noticias. El CJNG habría financiado y reforzado a “Los Chapitos”: García Harfuch | Noticias con Nacho Lozano. 16 de junio de 2026.
4. José Luis Preciado. La estrategia de decapitación contra el CJNG como instrumento de fragmentación territorial y mecanismo de subordinación de la soberanía mexicana al orden financiero transatlántico. Mente Alternativa. 23 de febrero de 2026