Oscuro Claro
Dennis Small advierte que el mundo ha entrado en una nueva fase de confrontación global. Los recientes movimientos contra Rusia, Venezuela y Cuba formarían parte de un plan más amplio para convertir a América en retaguardia militar y plataforma de recursos en una guerra contra China, mediante la imposición de la dolarización y el control financiero hemisférico.

Por José Luis Preciado

Dennis Small abre un informe reciente (1) con una advertencia que no deja lugar a ambigüedades: el mundo atraviesa un cambio de fase estratégico a escala internacional. Ese viraje, sostiene, comenzó de forma visible con el ataque del 29 de diciembre contra la residencia de Vladímir Putin en Grozni, Rusia, continuó con la invasión a Venezuela el 3 de enero y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, y se profundizó con el cerco económico contra Cuba anunciado el 29 de enero, mediante la amenaza de aranceles y sanciones a cualquier país que le venda petróleo. Para Small, el objetivo es convertir a Cuba en “un Gaza en Occidente”, asfixiando a una nación dependiente de importaciones energéticas hasta situarla en una condición existencial.

Pero esos hechos, afirma, son apenas el preludio de un plan más vasto: transformar a los países del continente americano en retaguardia militar y proveedora de materias primas para una guerra contra China, a través de la imposición de la dolarización. Existen informes no confirmados de que Venezuela podría ser forzada a abandonar el bolívar a inicios de marzo. El esquema, agrega, no se limitaría a Caracas. Se discutiría en una reunión prevista en Miami el 7 de marzo entre Donald Trump y varios mandatarios iberoamericanos, entre ellos Javier Milei de Argentina, Santiago Peña de Paraguay, Rodrigo Paz de Bolivia, Nayib Bukele de El Salvador, Daniel Noboa de Ecuador, Nasry Asfura de Honduras y el presidente peruano José Geri.

El supuesto giro hacia la derecha en América Latina está en sintonía con el modelo de imperialismo regional ‘de Trump’

Un objetivo inmediato sería neutralizar el megapuerto de Chancay en Perú como nodo clave de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, evitando su articulación con un ferrocarril bioceánico Brasil-Perú que conecte Sudamérica con Asia. Small otorga especial peso a un artículo publicado el 12 de febrero en Small Wars Journal titulado “Ante la lucha futura, Washington debería reclutar y ampliar las alianzas regionales para la dolarización”. La revista, influyente en círculos militares e intelectuales estadounidenses, propone explícitamente abandonar monedas nacionales, replicando el precedente de Ecuador en el año 2000 tras una guerra financiera contra el sucre. La dolarización, según el texto citado, serviría para asegurar que el hemisferio funcione como “verdadera retaguardia en la guerra entre grandes potencias”, garantizar cadenas de suministro resilientes y atar a los países al sistema financiero estadounidense para impedir que China los “atrape” mediante la Franja y la Ruta.

Para Small, esto implica someter a las naciones a una burbuja especulativa de 2,4 cuatrillones de dólares, eliminar soberanías y convertir recursos naturales en propiedad de un aparato militar al estilo de Hjalmar Schacht en la Alemania nazi. Vincula el plan con una reunión del secretario de Defensa Pete Hegseth el 11 de febrero con jefes militares regionales y con la Estrategia de Seguridad Nacional presentada el 4 de diciembre de 2025, que aboga por vincular más estrechamente las monedas extranjeras al dólar para asegurar su condición de divisa de reserva mundial.

Small atribuye el impulso no a la iniciativa personal de Trump, a quien describe como desorientado, obsesionado con el dinero y vulnerable a chantajes vinculados al caso Jeffrey Epstein, sino al colapso ineludible del sistema financiero occidental. Trae a colación el antecedente del memorando NSSM 200 de Henry Kissinger de 1974 sobre guerras demográficas para controlar recursos del mundo en desarrollo y subraya que hoy la diferencia es la existencia de la alternativa articulada por la Franja y la Ruta.

Recuerda las advertencias de Lyndon LaRouche en 2000, quien calificó la dolarización ecuatoriana de esclavitud, genocidio y método de asesinato en masa, comparándola con la burbuja de John Law y la de los tulipanes. Enmarca además el escándalo Epstein como expresión de una tradición británica de pederastia y eugenesia ligada a la corona, mencionando a Ghislaine Maxwell, su familia mediática y figuras como el barón Peter Mandelson y Howard Lutnick, este último vinculado a Cantor Fitzgerald y a la promoción de criptomonedas como Tether.

En la Conferencia de Seguridad de Múnich, señala, se omitieron dos temas cruciales: el caso Epstein y el crack financiero. En cambio, líderes como el fabiano Sir Keir Starmer y la cortesana Ursula von der Leyen insistieron en reforzar el poderío militar contra Rusia. Destaca la advertencia del canciller chino Wang Yi sobre el resurgimiento militarista japonés y la declaración de Elbridge Colby en la OTAN de que la fuerza militar a gran escala ha regresado como instrumento central de política exterior.

El telón de fondo es el fin del tratado New START y la reactivación de la carrera nuclear. Sin embargo, Small concluye que la alternativa existe en las propuestas del Instituto Schiller y Helga Zepp-LaRouche, así como en los avances de los BRICS hacia un sistema financiero de desarrollo. La tarea, afirma, es presentar esa solución a las poblaciones de Estados Unidos y Europa y frenar la dolarización que, de imponerse, liquidaría la soberanía de las naciones en beneficio de lo que denomina la oligarquía de la City de Londres y Wall Street.

Notas a pie de página

1. Dennis Small, en EIR: Si imponen la dolarización: genocidio y fin de la soberanía. 16 de febrero de 2026.

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