Oscuro Claro
A través de la lectura de un texto de Víktor Aksiúchits, el economista Serguey Glaziev sugiere que la red de Epstein no surge de individuos perversos aislados, sino de estructuras históricas y culturales que hicieron posible que la corrupción y el abuso se institucionalizaran.

Por José Luis Preciado

Serguey Glaziev, asesor económico y político ruso, sugiere que el artículo La perdición europea, de Víktor Aksiúchits (1), explica de manera profunda las raíces históricas de la red de pedofilia de Jeffrey Epstein en Occidente. En el texto, Aksiúchits argumenta que la debilidad estructural del liberalismo europeo y su deriva moral provienen de la pérdida de sus raíces religiosas y del predominio de un pensamiento naturalista y positivista que erosionó los valores originarios del cristianismo. Esta erosión de la cosmovisión cristiana, especialmente en Europa occidental, generó un terreno cultural donde la autoridad, la moral y la concepción de la persona se distorsionaron, permitiendo la consolidación de estructuras de poder desvinculadas de la ética y la responsabilidad social.

El autor explica que la adopción acrítica de la doctrina del “pecado original” y de la “caída” del hombre, heredada del judaísmo y reforzada por la teología de San Agustín, llevó a que la conciencia europea entendiera al ser humano como intrínsecamente corrupto. Esta visión legitimó la concentración de poder en manos de jerarcas religiosos y mundanos —como el Papado— y fomentó una cultura en la que la sumisión, el secreto y la obediencia a estructuras jerárquicas eran valores supremos. En otras palabras, la historia de Europa occidental se vio marcada por sistemas que, formalmente religiosos, funcionaban de manera instrumental para el control social y político.

El texto de Aksiúchits también subraya cómo la fractura del cristianismo en cismas y reformaciones —del catolicismo al protestantismo— profundizó la dependencia de una ética naturalista y la interpretación literal del Antiguo Testamento. Al centrarse en una salvación predestinada y en la vocación individual, y al rechazar el rico cuerpo doctrinal de la Tradición cristiana, el protestantismo occidental reforzó un racionalismo económico y social que valoraba la eficacia y el poder por encima de la ética personal y comunitaria. Esto creó un clima intelectual donde se podía justificar cualquier comportamiento extremo si servía a intereses de poder, riqueza o cohesión de élites, incluyendo la explotación de menores.

Aksiúchits detalla que el judaísmo, con su enfoque histórico-político de la misión del pueblo elegido, también influyó en la mentalidad occidental a través del sincretismo cultural y religioso. La idea de un grupo elegido con derechos sobre los demás y una visión instrumental de la ley divina contribuyó a la legitimación de jerarquías opacas y secretas, donde los fines justificaban los medios.

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El caso de Andrés Roemer Slomianski, intelectual y exdiplomático mexicano de origen judío, refugiado en Israel y acusado por más de 60 mujeres de hostigamiento, acoso y, en algunos casos, abuso sexual, ilustra de manera contemporánea cómo estas dinámicas históricas y culturales se manifiestan en la práctica. Su inclusión en los archivos de Epstein evidencia que individuos con acceso a poder, influencia y conexiones internacionales pueden operar dentro de redes de impunidad, donde la violencia y la explotación sistemática se protegen bajo estructuras secretas. Este ejemplo moderno confirma que no se trata únicamente de criminalidad individual, sino de un patrón que refleja siglos de legitimación de jerarquías opacas y de instrumentalización de normas morales y religiosas para fines específicos de las élites, consolidando sistemas en los que los medios ilícitos se justifican por objetivos percibidos como superiores.

Glaziev sugiere que esta combinación de pensamiento naturalista, concentración de poder e instrumentalización religiosa explica cómo pudieron desarrollarse redes como la de Epstein, donde la violencia, el abuso y la explotación sistemática de menores se protegían bajo estructuras de influencia y secretismo, lejos del escrutinio social o legal.

En síntesis, La perdición europea demuestra que la red de Epstein no es un accidente moral aislado, sino un síntoma de una larga trayectoria histórica: un Occidente cuyos sistemas religiosos y culturales, desde el Papado hasta la ética protestante y la instrumentalización política de la tradición judía, crearon las condiciones sociales e ideológicas para la emergencia de élites desvinculadas de la moralidad y capaces de perpetrar crímenes sistemáticos contra la infancia. La red de Epstein, entonces, no surge de individuos perversos aislados, sino de estructuras históricas y culturales que hicieron posible que la corrupción y el abuso se institucionalizaran.

Notas a pie de página
  1. Аксючиц, Виктор. Европейское грехопадение.

Archivos de Epstein y contrainteligencia: la gestión del escándalo como dispositivo para disciplinar a los peones de las meta élites de Occidente



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