Por José Luis Preciado
Existe un error conceptual fundamental en la comprensión convencional del narcotráfico contemporáneo: se lo analiza como un fenómeno criminal autónomo, dependiente de la figura de un líder excéntrico y extraordinario, como si emergiera desde fuera del orden existente, cuando en realidad opera como un subsistema inscrito en el interior de una arquitectura financiera global que determina sus límites estructurales, su capacidad operativa y, en última instancia, su propia supervivencia. El narcotráfico no es una anomalía externa al sistema occidental transatlántico, sino una de sus expresiones funcionales más reveladoras: una economía parasitaria que, paradójicamente, depende de los mismos mecanismos que sostienen el metabolismo del capital global. En México, el error de percepción se debe en gran medida a la narrativa “caudillista” promovida por intelectuales como Enrique Krauze, quien ha reforzado una visión personalizada del poder que presenta a líderes individuales como motores autónomos de la historia, ocultando el papel decisivo de redes financieras, ideológicas y geopolíticas (1).
La existencia del narcotráfico no sería posible sin infraestructuras bancarias capaces de absorber, transformar y redistribuir flujos financieros ilícitos; sin corredores logísticos que permitan la circulación transnacional de mercancías; sin mercados capaces de convertir el excedente criminal en capital abstracto reinvertible. El narcotráfico, en este sentido, no es un sistema aislado, sino un circuito integrado. Su dinero no puede permanecer estático: debe circular, disolverse en el torrente financiero global, perder su origen y reaparecer como inversión legítima. Sin este proceso de conversión, el narcotráfico carecería de sentido estructural; su violencia sería improductiva y su economía, inviable. No existe fuera del sistema global. Existe dentro de él, como una de sus manifestaciones más incómodas y, al mismo tiempo, más funcionales.
El narcotráfico internacional no puede comprenderse únicamente como una actividad criminal periférica, sino como un sistema integrado en la arquitectura financiera global dominada por los grandes centros financieros de la City de Londres y Wall Street, operando a través de redes de paraísos fiscales capaces de absorber, reciclar y reintegrar aproximadamente un billón de dólares anuales. Desde esta perspectiva, los flujos financieros del narcotráfico no constituyen una anomalía externa, sino una corriente funcional que circula dentro del propio sistema financiero transatlántico, contribuyendo a sostener su liquidez estructural en un contexto de fragilidad sistémica.
En este contexto, aunque tácticamente efectivas, la fuerza militar y operaciones dentro del territorio mexicano, revelan una contradicción estructural. Si el narcotráfico depende de la infraestructura financiera global para existir, su erradicación no podría lograrse únicamente mediante operaciones militares en territorios periféricos, sino requeriría confrontar los mecanismos financieros que permiten su reproducción sistémica. La persistencia del narcotráfico, por tanto, no puede explicarse únicamente por la existencia de organizaciones criminales, sino por su integración funcional dentro de un sistema financiero global que determina las condiciones mismas de su posibilidad.
Es dentro de este marco donde la llamada estrategia de decapitación revela su verdadera naturaleza. Presentada como un instrumento de erradicación, emerge en realidad como un mecanismo de modulación sistémica. La eliminación selectiva, con el apoyo de la inteligencia estadounidense, de líderes como Nemesio Oseguera Cervantes, “el Mencho”, figura central del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no implica la desaparición de la estructura criminal, sino su transformación funcional.
El liderazgo centralizado proporciona coherencia, previsibilidad y estabilidad territorial; un cártel consolidado puede establecer equilibrios internos, negociar con otros actores y convertirse en una estructura cuasi soberana con capacidad efectiva de regulación territorial. Y es precisamente esa coherencia lo que constituye su mayor riesgo estructural, porque la estabilidad introduce la posibilidad de autonomía. Sin embargo, eliminar al líder de una organización como el CJNG no destruye la red: la fragmenta, la transforma de una jerarquía coherente en una constelación de nodos competitivos.
Cada fragmento lucha por sobrevivir; la violencia se intensifica, la entropía aumenta, pero el sistema no desaparece. Se reorganiza. Esta reorganización permanente produce un entorno caracterizado por lo que puede denominarse soberanía erosionada: el Estado mexicano conserva su existencia formal, sus instituciones, su reconocimiento internacional, pero pierde progresivamente su capacidad efectiva sobre la violencia a la vez que se militariza. Su territorio deja de ser un espacio unificado y se convierte en un campo de fuerzas disputado por múltiples actores en competencia, donde la violencia deja de ser un instrumento episódico para convertirse en una condición estructural.
Este estado puede definirse como un equilibrio por inestabilidad controlada: el sistema permanece funcional, pero incapaz de cristalizar en una forma estable. No colapsa, pero tampoco se consolida. La fragmentación continua impide la emergencia de un actor dominante capaz de estabilizar el entorno, y lo que emerge en su lugar es un ecosistema dinámico caracterizado por la reorganización permanente. La violencia, en este contexto, no es un accidente, sino una propiedad emergente; el caos no es ausencia de orden, sino una forma diferente de orden.
La reciente acusación y proceso contra Paul Campo, exalto funcionario de la Drug Enforcement Administration (DEA), y su presunto socio Robert Mario Sensi, señalado como hombre con pasado o vínculos en la Central Intelligence Agency (CIA), por conspirar para brindar apoyo financiero, logístico y operativo al Cártel Jalisco Nueva Generación, introduce un elemento crítico en este análisis.
Según el expediente judicial (2), el funcionario estadounidense habría acordado lavar millones de dólares en ganancias ilícitas, proporcionar asesoría sobre evasión de investigaciones y facilitar acceso a tecnología militar avanzada. En el documento se afirma explícitamente que los acusados “acordaron lavar aproximadamente 12 millones de dólares… y asesoraron sobre la adquisición de armas de grado militar, incluyendo rifles M4, M16, lanzagranadas y drones capaces de transportar explosivos”. El antiguo miembro de la agencia antidrogas de Estados Unidos también intervino en al menos tres maniobras destinadas a lavar grandes sumas de dinero, transformando efectivo en activos digitales mediante criptomonedas.
Robert Sensi, veterano agente encubierto de la CIA, fue reclutado gracias a su dominio de varios idiomas y su vinculación con diplomáticos y la familia real de Kuwait, y según reportes de Jack Poulson (3) y el libro America at Night de Larry J. Kolb (4), participó junto con Richard Hirschfeld en actividades de estafa, contrabando y lavado de dinero, estando también involucrado en el financiamiento de Al-Qaeda —la organización terrorista yihadista, paramilitar y transnacional, fundada a finales de los años 1980s por Osama bin Laden—, y en operaciones de influencia política para favorecer al Partido Republicano en las elecciones de 2004.

Informes del Centro Nacional de Inteligencia de México (CNI) citados por Linus Höller, en Defense News (5), señalan que miembros vinculados al Cartel Jalisco Nueva Generación han viajado a Ucrania como voluntarios extranjeros, donde recibieron entrenamiento en el uso de drones militares, incluyendo fabricación, pilotaje, reconocimiento y ataque con explosivos. Esta capacitación, adquirida en un entorno de guerra real y facilitada por estructuras militares respaldadas por Occidente, habría permitido al CJNG incorporar tácticas avanzadas de combate con drones en México. Como resultado, el cartel ha pasado de emplear drones para vigilancia básica a utilizarlos como armas tácticas, incrementando su capacidad operativa y consolidándose como una fuerza paramilitar altamente sofisticada.
En 2024, la Oficina del Inspector General del Departamento de Defensa de EE.UU. reconoció en un informe (6) que el Pentágono fue incapaz de rastrear más de mil millones de dólares en armas enviadas a Ucrania, incluyendo desde armas pequeñas hasta misiles avanzados AIM-9X, y simultáneamente surgieron revelaciones de que parte de ese armamento “perdido” estaría circulando en la darknet ucraniana, donde se comercia de forma anónima mediante criptomonedas, lo que confirma riesgos previamente advertidos por la RAND Corporation, que ya en 2017 señalaba que Estados Unidos era el país de origen más común de armas vendidas en la dark web, representando casi el 60 % de los anuncios, evidenciando un patrón persistente de desvío y proliferación ilícita de armamento estadounidense en mercados clandestinos digitales.
En una resolución del 8 de enero de 2025 del Departamento de Justicia de EE.UU. (7), se reconoce que el 74 % de las armas incautadas en México provienen de los Estados Unidos, específicamente de Texas (43 %), Arizona (22 %) y California (9 %).
Estos datos duros revelan una dimensión estructural que trasciende la corrupción individual: demuestra la permeabilidad del sistema transatlántico. El aparato estadounidense encargado de combatir la red del narco se encuentra estructuralmente entrelazado con ella. Ambos operan dentro del mismo espacio financiero, dependen de los mismos mecanismos de circulación de capital y utilizan las mismas infraestructuras logísticas. La línea que separa al perseguidor del perseguido no es absoluta, sino porosa.
Esta comprensión adquiere una dimensión aún más profunda cuando se la sitúa en el contexto de la transición hegemónica global hacia un orden policéntrico. El siglo XXI está definido por el desplazamiento progresivo del centro de gravedad del poder mundial. El ascenso de China como potencia industrial, tecnológica y militar introduce una variable disruptiva en el decadente orden internacional transatlántico establecido tras la Segunda Guerra Mundial. La competencia ya no se limita al ámbito militar: es una competencia por el control de recursos estratégicos, corredores logísticos y territorios críticos.
Como advertimos en MA en marzo de 2023 (8), “En un informe del 12 de enero, titulado ‘El papel estratégico de América Latina en un conflicto global por Taiwán’ el investigador de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos, Evan Ellis, propuso que Estados Unidos tiene que asegurarse los recursos de Iberoamérica y el Caribe para su uso exclusivo en una próxima guerra de Estados Unidos con China.» El 20 de julio del 2022, la entonces jefa del Comando Sur de Estados Unidos, «la general Laura Richardson, describió esa política de acaparamiento de recursos del ejército estadounidense para la región exactamente en los mismos términos, en la conferencia que dio en el Foro del Instituto Aspen.”
América Latina ocupa una posición central en esta transformación. Sus reservas de litio, cobre, oro, plata, tierras raras y otros minerales estratégicos la convierten en una retaguardia material indispensable para cualquier potencia industrial en el siglo XXI. El control de estos recursos no requiere necesariamente ocupación militar directa; puede lograrse mediante mecanismos más sutiles: dependencia financiera, fragmentación interna y erosión progresiva de la soberanía funcional. La fragmentación criminal contribuye directamente a este proceso, porque un Estado que enfrenta violencia interna crónica debe redirigir sus recursos hacia la seguridad inmediata, reduciendo su capacidad de planificación estratégica, debilitando su autonomía y desplazando su atención desde la proyección hacia la contención.
El sistema entra así en un estado de reorganización permanente, donde la inestabilidad no es una falla, sino una condición funcional. Este patrón no es exclusivo de América Latina. Puede observarse en múltiples regiones donde la fragmentación interna planificada y provocada desde los epicentros del poder occidental, ha coincidido con transformaciones geopolíticas mayores.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la estrategia de decapitación se convirtió en un eje central de la llamada “guerra contra el terrorismo” impulsada por Estados Unidos y sus aliados, particularmente el Reino Unido. La eliminación selectiva de líderes —como la operación que culminó con la muerte de Osama bin Laden— se presentó como prueba de eficacia estratégica: desarticular nodos de mando para debilitar organizaciones complejas como Al Qaeda o posteriormente el Estado Islámico. Sin embargo, el resultado observable en Oriente Medio no fue la erradicación del terrorismo, sino su mutación, fragmentación y expansión territorial. Cada eliminación de liderazgo fue seguida por la aparición de nuevas facciones, más descentralizadas y adaptativas, lo que sugiere que la decapitación operó más como mecanismo de reorganización que de destrucción estructural.
Paralelamente, múltiples controversias y filtraciones (9, 10) alimentaron la tesis de una ambigüedad estratégica. Correos electrónicos atribuidos a la ex secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, difundidos públicamente en 2014, han sido interpretados por analistas como evidencia de que aliados de Washington, en particular Qatar y Arabia Saudita, proporcionaban apoyo financiero clandestino a ISIS y otros grupos radicales en Siria. Ese reconocimiento se produjo después de la intervención militar de 2011 en Libia, liderada por Estados Unidos, Reino Unido y Francia, que culminó con el derrocamiento y asesinato de Muamar Gadafi, y en pleno desarrollo de la guerra siria. Desde esta secuencia cronológica, la destrucción del Estado libio precede y contribuye al entorno de desestabilización regional en el que ISIS se expandió, lo que algunos interpretan como parte de una estrategia más amplia de debilitamiento de Estados no alineados y fragmentación de su soberanía.
Asimismo, investigaciones periodísticas documentaron transferencias de armas —muchas originalmente destinadas a “rebeldes moderados”— que terminaron en manos de organizaciones extremistas. En esta línea, el analista Thierry Meyssan sostuvo en su artículo “La Hermandad Musulmana como fuerza de tareas de MI6 y de la CIA” (11) que redes vinculadas a la Hermandad Musulmana (una sociedad secreta organizada según el modelo de la masonería inglesa) habrían operado como intermediarias logísticas en operaciones encubiertas británicas y estadounidenses. Además, un informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos de 1988 (12), posteriormente difundido por WikiLeaks, describía a Hamas como una creación de la Hermandad Musulmana con vínculos internacionales, lo que para algunos analistas refuerza la idea de una relación histórica compleja entre movimientos islamistas y servicios de inteligencia occidentales.
Desde esta perspectiva crítica, la guerra contra el terrorismo no habría buscado necesariamente su eliminación total, sino su gestión estratégica. La decapitación constante impediría la consolidación de estructuras jerárquicas estables, generando en su lugar un entorno de fragmentación permanente que justificaría intervenciones militares continuas, presencia estratégica en regiones energéticas clave y reconfiguraciones geopolíticas sucesivas. Así, el terrorismo no desaparecería, sino que se transformaría en un fenómeno modulable: suficientemente fuerte para legitimar la intervención, pero estructuralmente incapaz de consolidar un orden alternativo estable.
La estrategia de decapitación no produce estabilidad inmediata; produce reorganización estructural. No elimina el sistema: impide su cristalización. Porque un sistema fragmentado es más permeable que uno consolidado, más adaptable, más dependiente de las condiciones que lo rodean.
El poder contemporáneo no opera únicamente mediante dominación directa. Opera mediante la gestión de las condiciones estructurales dentro de las cuales operan los sistemas. No necesita controlar cada nodo; le basta con modular el entorno. En este contexto, la estrategia de decapitación deja de ser una herramienta de erradicación y se revela como un instrumento de ingeniería sistémica: no destruye la red, la reconfigura; no elimina el caos, lo organiza. El poder más sofisticado no es el que impone orden absoluto, sino el que administra el equilibrio entre orden y caos, el que moldea las condiciones dentro de las cuales los sistemas evolucionan, se fragmentan y se reorganizan. Y es precisamente en ese umbral —invisible, dinámico y omnipresente— donde emerge la verdadera arquitectura del poder en el siglo XXI.
En el contexto mexicano contemporáneo, esta dimensión de control indirecto adquiere implicaciones especialmente graves. La posibilidad de que un evento de alto perfil internacional como la Copa Mundial de Fútbol, organizada conjuntamente por México, Estados Unidos y Canadá bajo la supervisión de una organización privada tan controvertida como la FIFA, pueda convertirse en escenario de acciones terroristas instrumentalizadas desde el exterior, constituye una preocupación estratégica legítima desde la perspectiva de la seguridad nacional. La historia moderna ofrece precedentes claros de cómo los eventos traumáticos mediatizados han sido utilizados como catalizadores para transformaciones geopolíticas profundas basadas en el intervencionismo estadounidense. La lógica de la doctrina del shock establece que las crisis, naturales o inducidas, pueden generar condiciones psicológicas que facilitan la aceptación de medidas que, en condiciones normales, encontrarían resistencia.
En este contexto, el llamado a la presidenta Claudia Sheinbaum para reconsiderar la participación de México como país sede en un evento organizado por estructuras que representan intereses supranacionales que podrían comprometer su soberanía adquiere una dimensión estratégica más amplia. No se trata simplemente de una decisión deportiva o económica, sino de una cuestión de cálculo geopolítico en un entorno donde la soberanía se ha convertido en el recurso más escaso.
La verdadera cuestión, por tanto, no es si México enfrenta amenazas visibles, sino si posee la capacidad institucional e intelectual para reconocer las formas invisibles del poder que operan dentro de su propio territorio. Porque en el siglo XXI la dominación rara vez se presenta como ocupación militar directa; se manifiesta como dependencia estructural, como gestión indirecta, como arquitectura invisible. El orden angloestadounidense ha perfeccionado este modelo durante más de un siglo. Su objetivo, por el momento, no parece ser la conquista territorial en el sentido clásico, sino el control funcional: asegurar que los territorios estratégicos permanezcan dentro de su órbita operativa, independientemente de las apariencias formales de soberanía.
México, situado en el epicentro de esta disputa, enfrenta así una decisión histórica. No entre izquierda y derecha, ni entre partidos o personalidades, sino entre permanecer como objeto de la historia o emerger como sujeto consciente dentro de ella. Porque el poder real nunca se anuncia: se revela únicamente a quienes están dispuestos a observar sus huellas.
Sobre el autor
José Luis Preciado es antropólogo, historiador, y columnista en el portal de análisis geoestratégico Mente Alternativa.
Notas a pie de página
1. Formado bajo la influencia de Daniel Cosío Villegas y estrechamente asociado con Octavio Paz en la revista Vuelta, donde se promovía el pensamiento liberal anglosajón y a autores vinculados al pensamiento straussiano como Alan Bloom, Krauze contribuyó a difundir un marco interpretativo centrado en la psicología y la moral de los “caudillos”, en detrimento del análisis de las estructuras transnacionales que condicionan los procesos históricos. Este enfoque desplaza la atención desde los sistemas de influencia y las redes institucionales hacia figuras individuales, facilitando así una comprensión superficial y personalizada del poder. Por cierto, no resulta sorprendente que Enrique Krauze aparezca en los archivos del pedófilo Jeffrey Epstein, incluyendo una lista fechada en 2008 titulada “Familias Illuminati y sus Asociados”.
2. U.S. Attorney’s Office, Southern District of New York: Former Senior DEA Official Indicted For Conspiring To Provide Material Support To A Foreign Terrorist Organization. Friday, December 5, 2025. https://www.justice.gov/usao-sdny/pr/former-senior-dea-official-indicted-conspiring-provide-material-support-foreign
3. Jack Poulson, en Substack: Former DEA official’s alleged co-conspirator in attempt to launder cartel money is infamous former CIA operative. 5 de diciembre de 2025.
4. Larry J. Kolb: America at Night. The True Story of Two Rogue CIA Operatives, Homeland Security Failures, DirtyMoney, and a Plot to Steal the 2004 U.S. Presidential Election–by the FormerIntell. 5 de febrero de 2008.
5. Linus Höller, en Defense News: Drug cartel operatives snuck into Ukraine for drone training: report. Jul 30, 2025. https://www.defensenews.com/global/the-americas/2025/07/30/drug-cartel-operatives-snuck-into-ukraine-for-drone-training-report/; Ver también Militarnyi: Intelligence Online: Mexican Cartels Send Their Fighters to Ukraine to Master Drones. 29 de Julio de 2025. https://militarnyi.com/en/news/intelligence-online-mexican-cartels-send-their-fighters-to-ukraine-to-master-drones/
6. National Public Radio (NPR): Why are nearly 40,000 U.S. weapons sent to Ukraine unaccounted for? January 12, 2024.
7. U.S. Department of Justice: Justice Department Announces ATF’s Publication of Final Volume of National Firearms Commerce and Trafficking Assessment. Wednesday, January 8, 2025. https://www.justice.gov/archives/opa/pr/justice-department-announces-atfs-publication-final-volume-national-firearms-commerce-and
8. Mente Alternativa: La ‘Iniciativa Narcos’ de EEUU busca clasificar a los carteles mexicanos como grupos terroristas y permitir su persecución dentro del territorio mexicano. 30 de marzo de 2023
9. U.S. Department of State: Clinton Email Archive. Freedom of Information Act Electronic Reading Room. Accessed February 24, 2026. https://foia.state.gov/search/results.aspx?collection=clinton_email
10. Clinton, Hillary: Email to John Podesta. August 17, 2014. WikiLeaks Public Library of U.S. Diplomacy. Accessed February 24, 2026. https://wikileaks.org/clinton-emails/emailid/23225
11. Thierry Meyssan, en Red Voltaire: La Hermandad Musulmana como fuerza de tareas de MI6 y de la CIA. 12 de julio de 2019.
12. Wikileaks: FUNDAMENTALISM AND THE INTIFADA: DEFINING THE ISSUES. Date:1988 September 23, 14:35 (Friday). Canonical ID:88JERUSALEM3168_a; ver también Wikileaks: Military Intelligence Director Yadlin Comments On Gaza, Syria And Lebanon. 2007 June 13, 16:38 (Wednesday). Canonical ID:07TELAVIV1733_a
