Por José Luis Preciado
La Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, e Israel —órgano establecido por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas— publicó el 18 de junio de 2026 el documento A/HRC/62/CRP.2, un informe que no admite eufemismo ni gradación: Israel ha destruido deliberadamente la infancia palestina como estrategia de guerra, y lo ha hecho con la precisión metódica de quien sabe exactamente lo que destruye y por qué lo destruye. Lo que sigue no es, por tanto, una crónica de daños colaterales. Es el registro pormenorizado, sostenido durante casi tres años, de una operación cuyo objeto fue la niñez misma: sus cuerpos, sus escuelas, sus hospitales, sus juguetes, sus sueños, su derecho elemental a existir.
Desde el 7 de octubre de 2023 hasta el 31 de marzo de 2026, al menos 20.179 niños fueron asesinados y 44.143 resultaron heridos en Gaza como consecuencia directa de las hostilidades israelíes. Estas cifras, que la Comisión considera con certeza inferiores a la realidad, representan el 30 por ciento de todos los muertos y el 26 por ciento de todos los heridos durante ese período. Antes de octubre de 2023, aproximadamente la mitad de la población de Gaza —territorio de apenas 365 kilómetros cuadrados sometido a bloqueo desde 2007— tenía menos de dieciocho años. Eran niños que ya habían nacido dentro de una jaula, que habían conocido el mundo exclusivamente como un espacio de restricción, bombardeo y duelo. Y aun así, lo que vino después superó todo lo anterior en escala, en sistematicidad y en crueldad. La infancia palestina destruida no es una metáfora: es una categoría jurídica, clínica y demográfica que la Comisión documenta con precisión forense.
Los niños menores de cinco años constituyen un subgrupo especialmente devastado: al menos 5.031 fueron asesinados, entre ellos 1.029 menores de un año y alrededor de 420 recién nacidos. La Comisión señala, con la frialdad que exige la rigurosidad científica, que los niños son siete veces más propensos que los adultos a morir por el impacto de armas explosivas, debido a su mayor superficie corporal relativa, sus huesos más flexibles, sus extremidades más pequeñas y su piel más delgada. Israel lo sabía. Continuó bombardeando zonas residenciales densamente pobladas con municiones de alto impacto durante dos años seguidos, sin modificar los criterios de selección de objetivos ni el tipo de armamento empleado, mientras los cadáveres de niños se acumulaban. La Comisión concluye, con fundamentos razonables, que esa persistencia no puede calificarse de negligencia: constituye intencionalidad.
El patrón de apuntamiento directo sobre niños es uno de los hallazgos más perturbadores del informe. La Comisión entrevistó a diecisiete profesionales médicos que habían trabajado en distintos hospitales de Gaza entre octubre de 2023 y julio de 2025. Todos describieron, de manera consistente, una misma imagen: niños ingresando con heridas de bala única, disparadas con alta precisión, dirigidas a la cabeza o al tórax, sin metralla asociada, lo que indica fuego deliberado de francotirador o de cuadricóptero en lugar de daño incidental del campo de batalla. La Comisión investigó casos concretos. El 12 de abril de 2024, un bebé de diez días fue alcanzado en la cabeza por un proyectil disparado desde un cuadricóptero mientras era amamantado por su madre dentro de una carpa en el campo de Nuseirat. El niño sobrevivió con lesiones cerebrales y ahora padece convulsiones. El 24 de agosto de 2024, una niña de cuatro años fue alcanzada en la cabeza mientras comía con su familia en su tienda de campaña en Jan Yunis. Solo la niña resultó herida. La Comisión concluyó, en ambos casos, que los cuadricópteros —equipados con cámaras de alta resolución y visión nocturna infrarroja— operaron con plena visibilidad de sus víctimas.
La tecnología que Israel desplegó para esta empresa merece examinarse en detalle, porque revela la distancia psíquica y moral que los perpetradores construyeron entre ellos mismos y sus víctimas. La Unidad Multidimensional 888, conocida como la Unidad «Refaim» o Fantasma, opera cuadricópteros con sistemas de disparo avanzado que permiten alcanzar objetivos con una precisión que, según admitieron públicamente oficiales de las Fuerzas de Defensa de Israel en un segmento del Canal 14 israelí emitido en julio de 2025, supera la de cualquier francotirador humano. Esos mismos oficiales describieron el proceso como «un videojuego». Un soldado israelí, en el documental británico «Breaking Ranks: Inside Israel’s War», lo explicó con una brutalidad que el informe recoge sin atenuantes: «Los drones son lo que más deshumaniza al otro lado. Ves todo en una pantalla. Sueltas la bomba. Se siente como un juego. Puedes estar en el sótano de una casa, seguro, sin casco, rascándote los testículos, medio vestido, y matar palestinos.» La infancia palestina destruida no fue un accidente de la guerra: fue el resultado de una tecnología diseñada para matar con precisión y una cultura militar que normalizó ese asesinato como entretenimiento.
Las declaraciones de funcionarios y legisladores israelíes no son contexto periférico del informe: son evidencia central. El 9 de octubre de 2023, el vicepresidente del Knesset, Nissim Vaturi, publicó en redes sociales: «No dejen ni a un niño allí». El 30 de enero de 2025 repitió: «Gaza está llena de terroristas y cada niño que nace allí ya es terrorista desde el momento de su nacimiento.» En julio de 2024, el legislador Amit Halevi declaró que los trescientos bebés en la maternidad del sitiado Hospital Al-Shifa eran «todos terroristas natos». En mayo de 2025, Moshe Feiglin, ex diputado del Likud, afirmó ante la televisión israelí: «Cada niño en Gaza es el enemigo… Necesitamos conquistar Gaza y colonizarla y no dejar ni a un solo niño gazatí allí.» La Comisión documenta estas declaraciones no como aberraciones individuales sino como parte de un clima institucional que filtró hacia las filas del ejército una autorización implícita y a veces explícita para tratar a los niños palestinos como objetivos legítimos. Soldados israelíes entrevistados en ese mismo documental reconocieron que, en Gaza, las decisiones de fuego no se rigen por protocolos sino por el criterio del comandante en el terreno, y que no temen las consecuencias legales porque creen que serán protegidos.
La Comisión investigó el asesinato de Hind Rajab, una niña de cinco años y medio, el 29 de enero de 2024 en Tal al-Hawa, junto a sus familiares y los dos paramédicos de la Media Luna Roja que intentaron rescatarla. El análisis balístico de audio de los disparos captados durante la llamada telefónica de la niña con su madre permitió identificar el tipo de ametralladora empleada y estimar que el tanque israelí se encontraba entre trece y veintitrés metros del vehículo, distancia desde la cual los soldados podían ver claramente a los niños en el interior. La ambulancia de la Media Luna Roja recibió autorización formal de Israel para acercarse al sitio y fue destruida igualmente. Las Fuerzas de Defensa de Israel afirmaron no haber tenido tropas en el área. La Comisión concluyó, sobre la base de imágenes satelitales, que esa afirmación era falsa. Más de dos años después, no existe ninguna investigación concluida sobre este caso. La impunidad es, en el informe, un hallazgo tan sistemático como las propias atrocidades.
La destrucción de la infraestructura sanitaria pediátrica configuró una segunda línea de exterminio, más lenta pero igualmente calculada. Antes de octubre de 2023, Gaza contaba con tres grandes hospitales pediátricos especializados en el norte de la franja. Los tres cerraron en los primeros dos meses de hostilidades. En la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Al-Nasr, cuatro bebés conectados a ventiladores murieron cuando las fuerzas israelíes cortaron el suministro eléctrico y ordenaron una evacuación en treinta minutos sin posibilitar el traslado seguro de los pacientes más críticos. Sus cuerpos en descomposición, aún unidos a los monitores apagados, fueron filmados durante la primera pausa en los combates. La imagen fue verificada por medios internacionales. Israel no alegó que el hospital fuera utilizado con fines militares. El informe señala que, incluso si tal alegación hubiera existido, habría sido obligatorio garantizar una evacuación pediátrica adecuada antes de cualquier acción. No se hizo. La Comisión califica este acto como crimen de guerra de privación intencional de objetos indispensables para la supervivencia.
Hacia agosto de 2025, la capacidad de camas neonatales en Gaza se había reducido en un 50 por ciento. Médicos que trabajaron en Jan Yunis, Rafah y Deir al-Balah describieron incubadoras compartidas por tres o cuatro recién nacidos simultáneamente. Las tasas de nacimientos prematuros se dispararon: entre enero y junio de 2025, el 33 por ciento de los nacimientos registrados correspondió a bebés prematuros, con bajo peso o que requerían cuidados intensivos neonatales. La tasa de abortos espontáneos aumentó un 300 por ciento respecto a antes de octubre de 2023. Siete de cada diez recién nacidos eran prematuros o de bajo peso hacia marzo de 2026. Médicos reportaron un aumento inusitado de defectos cardíacos congénitos, malformaciones gastrointestinales y defectos del tubo neural, atribuibles a la desnutrición severa de las madres —privadas de ácido fólico, multivitamínicos y suplementos básicos— y a la exposición a contaminantes del entorno devastado. La Comisión concluye que Israel tuvo conocimiento pleno y previo, a través de advertencias reiteradas de organismos internacionales, de que el bloqueo y la destrucción sanitaria producirían exactamente estos resultados. Eligió continuar.
La destrucción de las escuelas en Gaza adquiere, en el informe, la dimensión de un proyecto de obliteración cultural intergeneracional. Entre el 7 de octubre de 2023 y el 11 de octubre de 2025, 459 de los 564 edificios escolares de Gaza fueron directamente impactados. Eso representa el 81,4 por ciento del total. Hacia noviembre de 2025, el 97 por ciento de las escuelas estaba dañado o destruido y el 93 por ciento requería una rehabilitación significativa o una reconstrucción completa. Los niños en Gaza llevan tres años completos sin educación formal. El informe documenta también demoliciones controladas llevadas a cabo por ingenieros militares israelíes sobre escuelas y universidades vacías, filmadas por los propios soldados con comentarios celebratorios: «Para todos los que preguntan por qué no hay educación en Gaza… oops, cayó un misil encima de ti, qué lástima. Así no serás ingeniero nunca más.» La infancia palestina destruida incluye también la destrucción del futuro imaginado, de la aspiración intelectual, del capital humano que una sociedad acumula en sus aulas.
El sistema de detención israelí aplicado a niños palestinos configura, según la Comisión, una cadena de crímenes que abarca desde la tortura hasta el homicidio. Desde el 7 de octubre de 2023, más de 1.655 niños fueron detenidos en Cisjordania, incluyendo Jerusalén Oriental, de los cuales 600 lo fueron solo en 2025. Al 31 de diciembre de 2025, el 51 por ciento de los 351 niños detenidos se encontraba bajo detención administrativa —prisión indefinida sin cargos—, la cifra más alta jamás registrada. El informe recoge el testimonio de un menor de quince años detenido en la instalación de Sde Teiman: fue mantenido con setenta adultos en una celda, obligado a permanecer de pie durante horas con los brazos en alto como castigo, con los tobillos encadenados y las muñecas esposadas hasta sangrar, durmiendo cuatro horas sobre un colchón delgado, mientras perros militares eran soltados sobre él y otros detenidos. Otro adolescente de la misma edad, arrestado en diciembre de 2023 durante redadas masivas en Gaza, describió cómo fue despojado de su ropa, arrojado sobre suelo rocoso desnudo, trasladado a una instalación militar donde fue electrocutado mediante una aguja insertada en el hombro, privado de agua y comida durante 54 días, y liberado finalmente en el cruce de Kerem Shalom sin atención médica ni contacto con su familia. El 22 de marzo de 2025, un joven de diecisiete años murió en la prisión de Megiddo como consecuencia de desnutrición severa, sarna y deshidratación. Los médicos del propio centro penitenciario habían registrado en su historial el diagnóstico de «trauma craneal y alimentación inadecuada» en diciembre de 2024. Nadie intervino. La Comisión califica su muerte como crimen de guerra de homicidio intencional, tratamiento inhumano y tortura.
La violencia sexual contra niños palestinos fue documentada como componente sistemático e institucionalizado del sistema carcelario israelí, no como exceso individual. Niños —fundamentalmente varones adolescentes— describieron desnudamientos forzados en presencia de adultos y familiares, fotografías y videos tomados en esas condiciones por soldados israelíes, golpes en los genitales, amenazas de violación y violación efectiva por parte de distintos guardias en ocasiones sucesivas. La Comisión señala que la violencia sexual contra niños palestinos explota sus vulnerabilidades específicas —su fragilidad física, su dependencia emocional, el estigma cultural asociado a la victimización masculina— para infligir un trauma irreversible. Y lo hace con la tolerancia explícita o implícita de la cadena de mando.
Los soldados israelíes filmaron y publicaron en redes sociales al menos 35 episodios documentados por la Comisión en los que jugaban, destruían o profanaban pertenencias de niños palestinos: muñecos colgados del cuello de un ventilador, ositos de peluche atados al cañón de un tanque, trofeos de infancia exhibidos como botines de conquista, juguetes destrozados en papelerías, soldados en pleno equipo de combate montando caballos de madera en apartamentos demolidos. La Comisión no trivializa estos actos. Los interpreta como expresión de una cultura militar de deshumanización del palestino y, específicamente, del niño palestino como símbolo de la continuidad del grupo. Destruir los juguetes de un pueblo es destruir su futuro imaginado. Y hacerlo frente a cámara, con algarabía, es proclamar la impunidad como norma.
La Comisión concluye que Israel ha cometido el crimen de genocidio en Gaza —incluyendo los actos de matar miembros del grupo, causarles graves daños físicos y mentales, e imponer deliberadamente condiciones de vida destinadas a acarrear su destrucción física, total o parcial— con intención específica de destruir al grupo palestino como tal. El apuntamiento deliberado sobre los niños ocupa un lugar central en la demostración de esa intención genocida, porque los niños no son simplemente parte de la población: son la continuidad biológica y social del grupo. Matar a los niños de un pueblo es matar al pueblo en su proyección hacia el futuro. Y así lo ha entendido, con exacta conciencia, quien lo hizo.
Ante este panorama, la Comisión eleva recomendaciones urgentes a Israel, a los Estados miembros, al Consejo de Seguridad, a la Asamblea General, al Secretario General y al Fiscal de la Corte Penal Internacional. Exige el cese inmediato de las operaciones militares en Gaza, el retiro de las fuerzas israelíes a las fronteras de 1967, la liberación de todos los niños detenidos arbitrariamente, el regreso de los cuerpos retenidos a sus familias, el acceso irrestricto de ayuda humanitaria, la rendición de cuentas individualizada de los perpetradores, el cese del uso de escuelas, hospitales y orfanatos como objetivos militares, y la cooperación plena con la Corte Penal Internacional. Pide también a los Estados miembros que cesen la transferencia de armas a Israel y que impongan sanciones específicas a funcionarios militares y civiles responsables. Todo ello en un contexto en que Israel ha ignorado sistemáticamente las medidas provisionales dictadas por la Corte Internacional de Justicia en enero, marzo y mayo de 2024.
La infancia palestina destruida es el nombre preciso de lo que ocurrió. No una tragedia. No un daño colateral. No un efecto secundario de una guerra legítima. Un proyecto. Un método. Una elección sostenida durante casi tres años, ejecutada con tecnología de precisión, documentada por los propios perpetradores en sus teléfonos móviles, avalada por sus líderes políticos desde las tribunas del parlamento, y registrada con paciencia y rigor por quienes todavía creen que el derecho internacional tiene algún futuro. El informe de la Comisión no cambia lo que ocurrió. Pero lo nombra. Y nombrar, en la era del impunismo estructural, es el primer acto de justicia que queda disponible.
Fuentes consultadas
Human Rights Council. “’The essence of childhood has been destroyed’: Israel’s deliberate targeting of Palestinian children in the Occupied Palestinian Territory since 7 October 2023”. Documento A/HRC/62/CRP.2, Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 62.º período de sesiones, 18 de junio de 2026. Distribución general. Original en inglés. Disponible en el sistema de documentación oficial de la ONU. https://www.ohchr.org/sites/default/files/documents/hrbodies/hrcouncil/sessions-regular/session62/a-hrc-62-crp-2.pdf