Por Mente Alternativa
Un análisis publicado por Santiago Martínez en DMP Geopolítica (1) examina con detalle las dimensiones políticas, militares y geoestratégicas de la gran purga militar de Xi Jinping, un evento que ha sacudido los cimientos del poder en el gigante asiático y que redefine el equilibrio interno y externo del país en un contexto de tensiones crecientes con Occidente.
Durante las últimas semanas, el presidente Xi Jinping ha ejecutado una de las limpiezas más profundas en la cúpula del Ejército Popular de Liberación (EPL) desde la era de Mao Zedong. Nueve generales de alto rango, incluidos algunos de los cargos más sensibles del aparato militar, fueron expulsados del Partido Comunista Chino y enfrentan procesos penales. Este movimiento ha sido presentado oficialmente como parte de la incesante campaña anticorrupción del gobierno, pero su magnitud revela un trasfondo más complejo: el control absoluto del poder y la eliminación de cualquier sombra de deslealtad dentro del ejército.
Entre los destituidos se encuentra Li Yuchao, vicepresidente de la Comisión Militar Central, el máximo órgano de mando militar en China, lo que evidencia el alcance profundo de la purga. También fueron removidos el comandante de las Fuerzas de Misiles, responsables del arsenal nuclear y balístico del país, y el comisario político de las fuerzas terrestres, además de varios altos funcionarios encargados de la lealtad ideológica dentro del EPL. Este golpe simultáneo a la estructura de mando y al aparato político-militar constituye la purga más significativa en décadas y envía un mensaje inequívoco: la lealtad personal a Xi Jinping es una condición de supervivencia.
El contexto interno de esta purga es el de un sistema político cada vez más centralizado. Desde que Xi asumió el poder en 2012, ha desmantelado redes de corrupción y poder paralelo, pero también ha concentrado el mando en su figura. Con la eliminación de los límites de mandato presidencial y la consolidación de su autoridad sobre el Partido y el Ejército, China ha entrado en una fase de hipercentralización. Esta concentración de poder le otorga estabilidad a corto plazo, pero plantea riesgos sistémicos: la pérdida de mecanismos de retroalimentación, el temor de los subordinados a reportar errores o cuestionar decisiones, y una creciente cultura del conformismo que podría comprometer la eficacia del ejército.
El Ejército Popular de Liberación, además de su función militar, es una institución política. Su objetivo no es solo defender la soberanía nacional, sino garantizar la hegemonía del Partido Comunista Chino. Esa naturaleza dual —ejército del Estado y brazo armado del Partido— ha generado tensiones históricas entre la competencia profesional y la lealtad ideológica. Xi Jinping busca resolver esa contradicción asegurando una obediencia total al liderazgo central, pero al hacerlo podría estar erosionando la confianza institucional que permite a una fuerza armada operar con flexibilidad y eficacia.
Desde el punto de vista geopolítico, la purga tiene consecuencias inmediatas y de largo alcance. A corto plazo, la destitución de altos mandos implica un periodo de vulnerabilidad operativa, especialmente en áreas estratégicas como el Teatro Oriental, responsable de cualquier operación militar contra Taiwán. Mientras los nuevos comandantes consolidan sus posiciones, los tiempos y estrategias del EPL podrían verse temporalmente afectados. Sin embargo, en el largo plazo, un ejército cohesionado, purgado de disidentes y completamente alineado con Xi, podría convertirse en una herramienta más eficaz y peligrosa para proyectar el poder chino en el Mar de China Meridional, el estrecho de Taiwán o las fronteras con la India.
El paralelismo histórico con las purgas de Mao Zedong durante la Revolución Cultural es inevitable. En aquel entonces, la destrucción del cuerpo profesional del ejército tuvo consecuencias desastrosas, debilitando su capacidad operativa durante décadas. Xi Jinping parece consciente de ese precedente y busca mantener un equilibrio entre el control político y la modernización militar. Sin embargo, la línea que separa la disciplina del miedo institucional es tenue. Cada purga aumenta la concentración del poder, pero también incrementa la fragilidad del sistema, que depende cada vez más del juicio y la estabilidad emocional de un solo líder.
El mensaje que envía China al mundo es doble. Por un lado, muestra su determinación de fortalecer un ejército moderno, profesional y libre de corrupción. Por otro, deja claro que cualquier desafío interno será aplastado en nombre de la unidad. En la narrativa del Partido, estas purgas son un paso hacia la “rejuvenecimiento nacional” y la “seguridad integral”, pero para los analistas internacionales representan una advertencia: China está dispuesta a pagar el precio de la disrupción interna para garantizar la lealtad absoluta de su aparato militar.
Mientras tanto, el tablero internacional observa con cautela. Un ejército totalmente subordinado a la voluntad de Xi Jinping puede actuar con rapidez y cohesión, pero también con una rigidez peligrosa en escenarios de crisis. La estabilidad global dependerá en gran medida de cómo el líder chino utilice ese poder recién consolidado. En definitiva, la gran purga militar de Xi Jinping no solo redefine el mando interno del Ejército Popular de Liberación, sino que marca un antes y un después en la relación entre el poder político, militar y estratégico del gigante asiático frente al nuevo orden mundial que se perfila en el siglo XXI.
Notas a pie de página
1. Santiago Martínez, en DMP Geopolítica: Purga en El EPL chino, Trump, Putin y Zelenski. 19 de octubre de 2025.