Oscuro Claro
El 19 de agosto de 2026, el Centro «Tercera Roma» presentó a Putin un plan de siete pilares para reformar la economía rusa. Detrás del informe técnico se oculta una red global que conecta la mística imperial de Dugin, la oligarquía financiera jabadista y un linaje metapolítico que arranca en la Venecia del siglo XVIII.

Por José Luis Preciado

I. Los siete pilares: la materialización de la séptima dispensación

El 19 de agosto de 2026, el Centro de Experiencia Intersectorial «Tercera Roma» (TRIM Center) no acudió al Consejo para el Desarrollo Estratégico presidido por Vladimir Putin como un simple think tank gubernamental, ni se limitó a desplegar un plan técnico de siete pilares para reformar la economía rusa hasta 2030 —elevando el crecimiento del 1,6% inercial al 3% anual mediante inversión privada en regiones, automatización, plataformización e infraestructura digital, según la filtración de Expert y medios como Realnoe Vremya—, sino que ejecutó una operación de poder de hondo calado metafísico: la de traducir en capital privado y centros de datos la doctrina mística de Moscú como Tercera Roma, actuando como brazo material de una facción del Kremlin. Lo que los análisis superficiales han pasado por alto, sin embargo, es que este centro es solo la punta visible de una trama mucho más vasta: una red que entrelaza al Estado ruso con la oligarquía financiera jabadista global, con las antiguas familias venecianas vinculadas al sionismo y con una tradición estratégica imperial ininterrumpida que arranca en el siglo XV.

Desde la óptica metapolítica, este informe es la punta del iceberg de una batalla entre facciones del poder oculto donde TRIM —aparentemente un mero centro de pensamiento gubernamental— se revela como el vehículo institucional de una facción de la élite que busca materializar, en el siglo XXI, la doctrina milenaria de Moscú como la Tercera Roma.

Su documento de 2026, «People, Technology, and Globalization: a New System of Coordinates», habla de una transición desde la antigua globalización hacia una «Globalization 2.0», caracterizada por plataformas nacionales soberanas de desarrollo, nuevos centros de crecimiento, países-conectores y actores no estatales. Eso encaja perfectamente con la visión rusa de un mundo post-unipolar y policéntrico.

La primera verdad que emerge al aplicar el análisis de metapoderes es que el Centro Tercera Roma no es un actor externo, sino un órgano interno del Kremlin diseñado para fusionar la administración del Estado con una ideología de raíces profundamente místicas y geopolíticas. Creado en diciembre de 2024 sobre la base de la Academia Presidencial Rusa (RANEPA), el centro tiene como supervisor académico a Maxim Oreshkin, subjefe de la Administración Presidencial, lo que lo sitúa en el corazón del poder ejecutivo y no en la periferia de los grupos de presión.

Sin embargo, el TRIM Center mantiene vínculos indirectos pero significativos con las redes económicas y tecnocráticas occidentales, principalmente a través de Oreshkin, quien fue Young Global Leader del Foro Económico Mundial (WEF), co-presidente del Global Future Council on Russia del WEF y participante habitual del Foro de Davos, además de haber desarrollado previamente su carrera en instituciones financieras como Crédit Agricole, Rosbank y VTB Capital; asimismo, instituciones rusas vinculadas al ecosistema de TRIM continúan utilizando como insumo los informes y marcos prospectivos del WEF. Esto no demuestra que el WEF controle al TRIM, pero sí revela una continuidad entre las redes tecnocráticas globales occidentales y la actual élite estratégica rusa: el TRIM no surge de un universo aislado de Occidente, sino que está dirigido por figuras que previamente estuvieron integradas en importantes circuitos internacionales de gobernanza económica.

Según el oficialismo, esta estructura vertical no responde a facciones internacionales, sino que es la concreción de un proyecto de poder endógeno que ha estado gestándose durante décadas, donde la tecnocracia económica se convierte en el brazo operativo de una visión civilizacional. El plan de reformas, con su énfasis en la automatización, la IA y la plataformización, no es una mera receta neoliberal; es la estrategia para construir la infraestructura material del «Katechon», la fuerza que retiene el advenimiento del caos y el Anticristo, tal como lo formula el filósofo e ideólogo del eurasianismo y la Cuarta Teoría Política, Alexander Dugin, en su libro Moscú – Tercera Roma: Siete dispensaciones de la idea rusa.

II. Dugin y la Tercera Roma: más allá del nacionalismo

Para comprender cabalmente la naturaleza del Proyecto de Moscú – «Tercera Roma», resulta indispensable despejar un equívoco recurrente: el de etiquetar a Dugin y a su proyecto como una forma de nacionalismo ruso. Alain de Benoist, en una entrevista concedida a Front Populaire, ha señalado con claridad meridiana que el eurasianismo de Dugin es incompatible con el nacionalismo, pues el primero defiende la idea del Imperio y rechaza la lógica de los nacionalismos étnicos y los Estados-nación, lo que explica los estrechos vínculos que Dugin mantiene con representantes de las comunidades judías y turco-musulmanes de Rusia.

Lejos de ser un ideólogo de la «Rusia para los rusos», Dugin concibe a Rusia no como una nación entre otras, sino como una civilización única que ha heredado tanto la tradición bizantina como las formas de poder y administración del Imperio tártaro-mongol, una superposición de elementos eslavos, finno-turanios, varegos y cristiano-bizantinos que forjaron un modo de ser imperial. Esta distinción es fundamental porque el Centro «Tercera Roma», al operar bajo el paraguas de la Administración Presidencial y presentar un plan de reformas que busca reconfigurar la economía rusa en su conjunto, no está sirviendo a los intereses de una etnia o una nación en el sentido westfaliano, sino a la consolidación de un Gran Espacio continental euroasiático que aspira a ser uno de los polos de un nuevo orden multipolar, tal como lo formula Dugin en su teoría del Cuarto Nomos de la Tierra.

El plan de siete pilares, con su énfasis en el desarrollo de regiones más allá de las grandes aglomeraciones, la integración de tecnologías y la formalización de la economía, no es un programa de homogeneización nacionalista, sino una estrategia para fortalecer la cohesión interna de un Imperio civilizacional que debe ser lo suficientemente flexible y diverso para albergar múltiples pueblos, culturas y confesiones bajo un mismo proyecto geopolítico, el cual se opone frontalmente a la unipolaridad estadounidense y a la lógica disolvente del capitalismo global.

III. La profundidad histórica: de Filoteo a la séptima dispensación

Aquí es donde el análisis se vuelve profundo. La doctrina de la Tercera Roma, acuñada por el monje Filoteo en el siglo XVI, sostiene que Moscú es la heredera de Roma y Constantinopla, y que no habrá una cuarta Roma. Alexander Dugin ha actualizado esta idea en sus siete dispensaciones, presentando la actual operación militar en Ucrania como la séptima y última dispensación, un choque apocalíptico contra el Anticristo occidental:

“[La idea de la Tercera Roma] es absolutamente contemporánea porque está relacionada con la Eternidad. La idea de Moscú Tercera Roma no es sólo una glorificación de Rusia, es también el futuro, pero un futuro muy trágico porque la idea de Moscú Tercera Roma anuncia una colisión con el Anticristo y el movimiento hacia el fin del mundo… El Imperio es eterno, siempre se mantiene, pero en algún momento llega a su fin…por un lado existe mientras haya algo y por otro lado fue creado a los ojos de Dios, lo que significa que no existía antes y no existirá después…lo que predetermina la tragedia de la visión Imperial del mundo. Siempre ha habido un Imperio pero en la era del fin del mundo se derrumbará porque el mundo mismo se derrumbará, no porque el Imperio se derrumbe y el mundo permanezca. Con el Imperio el mundo se derrumbará también. Habrá un corto periodo de gobierno del Anticristo —el Dajjal para los musulmanes—, y luego vendrá el fin. Así que para prolongar la existencia del universo es necesario proteger el Imperio. Ese es exactamente el Katechon y ese es el significado de la idea de Moscú como La Tercera Roma.”

El Centro Tercera Roma, al presentar su plan de siete pilares económicos, no está simplemente ofreciendo asesoría técnica; está ejecutando la fase práctica de esa visión. Los siete pilares —regiones, tecnología, plataformas, infraestructura, capital humano, formalización y capital privado— son los engranajes de una máquina de Estado que busca no solo crecer, sino reconfigurar la propia identidad rusa, desplazando el centro de gravedad del poder del Estado al capital privado, pero siempre bajo el estricto control de la élite que maneja los hilos del proyecto Gran Eurasia – Tercera Roma, con centro en Moscú.

La crítica del publicista ruso Valeri Badov al liberalismo de los noventa, que describe como un saqueo orquestado por el FMI y la escuela de Chicago, se convierte así en la justificación para un nuevo orden donde la soberanía económica es la base del poderío imperial, y el Centro Tercera Roma es el instrumento de esa ingeniería.

IV. La conexión histórica con Venecia y «The Trust»: las raíces financieras del proyecto

Para comprender la naturaleza del Proyecto Moscú – Tercera Roma, no basta con analizar los documentos programáticos del TRIM. Hay que rastrear su linaje financiero y estratégico hasta el siglo XVIII, cuando la ciudad de Odessa fue indirectamente fundada por los hermanos Orlov —educados en Venecia— siguiendo el consejo de los Luzzatto, la poderosa familia bancaria veneciana que durante siglos había tejido las redes financieras del Mediterráneo oriental.

El papel de los Orlov en Odesa no fue el de fundadores ni gobernantes, sino indirecto y de conexión. El conde Alexéi Orlov, jefe de la flota rusa, fue quien invitó al militar español José de Ribas a servir al Imperio Ruso en 1772. Años después, fue De Ribas quien, con el apoyo de Catalina la Grande, dirigió la construcción y fundación de la ciudad portuaria de Odesa en 1794, por lo que el oficialismo le reconoce como el verdadero fundador. Sin embargo, los Orlov se encargaron de traer a la persona clave que haría posible la ciudad, sin que ellos mismos participaran directamente en su gobierno o edificación, tal y como opera la criptocracia.

Este linaje continúa en el siglo XIX, cuando las élites que operaban detrás de las estructuras formales del Imperio ruso comenzaron a considerar las corrientes nacionalistas judías emergentes —incluido el sionismo— como posibles instrumentos de su estrategia geopolítica frente al Imperio Otomano. Figuras como el conde Nikolái Ignatiev y los aparatos de seguridad imperial aparecen así no necesariamente como los autores últimos de estas operaciones, sino como ejecutores y gestores de intereses estratégicos definidos en niveles superiores del poder.

El papel de Ignátiev en el sionismo no fue el de un pensador ni el de un aliado, sino el de un catalizador involuntario a través de la persecución. Sus políticas antisemitas provocaron una crisis tan profunda que obligaron a la comunidad judía a buscar soluciones radicales, lo que terminó impulsando el nacimiento del sionismo político que normalmente se asocia exclusivamente al Reino Unido y a los Estados Unidos. Para ello, utilizó a las mismas familias que habían financiado la fundación de Odessa: los Luzzatto de Venecia, los Recanati de Salónica y los Dweck de Alepo. Estas familias organizaron la primera Aliá (la emigración masiva de judíos rusos a Palestina) a través del llamado «Comité de Odessa», financiado y controlado por la Okhrana.

El documento de inteligencia de 1986, titulado «The Israeli card in Russian grand strategy«, publicado por Executive Intelligence Review (EIR), lo relata así:

«El conde Nikolái Ignátiev, quien fuera embajador ruso en Estambul, apoyó activa y visiblemente la promoción y financiación del sionismo. La administración otomana tenía muy presente, por su experiencia inmediatamente anterior, los objetivos estratégicos de Rusia en Oriente Medio. Esa experiencia reciente —justo antes del primer gran auge de la ‘Aliyá’ sionista de 1880-1900— era la Guerra de Crimea (1854-1856), que había surgido de la pretensión rusa de proteger a todos los cristianos ortodoxos que vivían en el Imperio otomano. Desde la perspectiva de Estambul, había sobradas razones para creer que el ‘sionismo’ no era más que otra estratagema imperial rusa para subvertir al Imperio otomano. Sin embargo, dado que la defensa y la seguridad nacional de ese imperio habían sido transferidas, mediante el Tratado de Berlín de 1878, a Gran Bretaña —y en concreto al primer ministro británico de ascendencia veneciana Benjamin Disraeli (lord Beaconsfield), influido por Luzzatto—, Estambul no tuvo más remedio que aceptar el asentamiento en Palestina de los judíos rusos de la primera ‘Aliyá. Casualmente, el fundador del sionismo ruso, Leo Pinsker, pasó toda su vida en Odesa. Más tarde, muchos otros líderes sionistas, entre ellos Vladímir Jabotinski, fundador del Irgún, nacieron y se criaron en Odesa.»

El informe de EIR tambien desvela que esta red, conocida como «The Trust», ha operado ininterrumpidamente desde el siglo XIX hasta la actualidad, gestionando una parte significativa de las finanzas internacionales y actuando como bisagra entre el imperialismo ruso y el sionismo. EIR no se limita a mencionar el Trust como concepto, sino que documenta su capacidad operativa en tiempo real. En 1986, mientras la administración Reagan libraba una guerra económica contra Libia, el informe revelaba que la economía de ese país estaba, cito textualmente:

«en gran medida, en manos de las ‘familias fundadoras del sionismo’, Luzzatto, Recanati, Dweck, y los socios menores que cooptaron a principios de siglo en Odessa. El paraguas ‘comité de gestión’ para las finanzas de Libia es una agrupación sombría, cuasi-formal, que ha existido durante la mayor parte de este siglo, bajo el apodo de ‘The Trust’.»

Esta cita es clave porque confirma tres cosas: primero, que las familias Luzzatto, Recanati y Dweck eran reconocidas en documentos de inteligencia como vinculadas a la fundación del sionismo; segundo, que «The Trust» era una entidad operativa real con un comité de gestión que controlaba finanzas nacionales (en este caso, Libia); y tercero, que Odessa era el nodo de origen de esta red. El informe añade que tres hombres nacidos en Odessa moldearon el Trust en su forma moderna. Entre sus miembros más destacados en el siglo XX se encontraban:

– Julius Hammer (padre de Armand Hammer), nacido en Odessa, quien jugó un papel clave en la Revolución Rusa y en la reorganización económica de la URSS bajo Lenin y Stalin.
– Alexander Helphand (Parvus), también nacido en Odessa, quien financió a Lenin y fue el artífice del regreso de este a Rusia en el tren sellado.
– Sidney Reilly, el famoso espía británico-ruso, nacido en Odessa, quien operó como agente doble entre Rusia y Occidente.

Estos tres hombres, todos nacidos en Odessa, fueron los arquitectos de la relación entre el Kremlin y «The Trust» durante el siglo XX. Sus herederos modernos son los oligarcas que hoy controlan la economía rusa y sus ramificaciones internacionales.

V. La conexión Putin-Jabad: la alianza estratégica con la oligarquía jasídica

En 1999, recién llegado al poder, Vladimir Putin reclutó a dos oligarcas para crear una estructura paralela de poder judío en Rusia:

– Lev Leviev (oligarca jabadista, nacido en Uzbekistán, magnate de diamantes y bienes raíces, propietario de África Israel Investments).
– Roman Abramovich (oligarca, dueño del Chelsea FC, vinculado a Oleg Deripaska, patrón de Paul Manafort).

Objetivo: suplantar al Congreso Judío Ruso (liderado por Vladimir Gusinsky, considerado una amenaza) y crear la Federación de Comunidades Judías de Rusia, poniendo al frente al rabino Berel Lazar, conocido desde entonces como «el rabino de Putin».

Esta operación no fue un gesto simbólico, sino un movimiento estratégico de poder. Putin comprendió que el movimiento Jabad-Lubavitch —cuyo último Rebe, Menachem Mendel Schneerson, es considerado por muchos de sus seguidores como el Mesías— era el aliado perfecto para su proyecto: una red global, con enorme capacidad financiera, profundamente anticomunista y con una teología milenarista que encajaba a la perfección con la doctrina de la Tercera Roma.

Como señala el autor Daniel Estulin:

«Como garante de la paz en Oriente Próximo, Rusia no está en condiciones de convencer a Irán-Israel de bajar las armas porque Rusia no tiene un modelo de futuro que pueda interesar a las dos partes. El logro de meter a Rusia en el conflicto de Oriente Medio es de los cabalistas jásidas.»

Esta aparente paradoja —una alianza estratégica con el Jabad mientras Rusia mantiene una postura política antisionista— se resuelve cuando se entiende la naturaleza de la relación. Putin puede enfrentarse políticamente a Israel, condenar sus acciones y favorecer a sus adversarios, pero evita deliberadamente convertir esa rivalidad en una confrontación militar directa con Israel. La razón es estructural: la red jabadista que opera dentro de Rusia y en el extranjero es un activo demasiado valioso para el Kremlin como para sacrificarlo en el altar de la retórica antisionista. La alianza con el Jabad no es un gesto simbólico, sino un pilar de la estrategia de poder de Putin, que le permite mantener canales abiertos con el mundo judío ortodoxo mientras utiliza el conflicto en Oriente Próximo como herramienta geopolítica sin romper el tablero.

La alianza Putin-Jabad no es coyuntural; es estructural. Responde a una lógica que viene de la Okhrana, que entendió que el sionismo (y especialmente su facción más mística, el jasidismo) era un instrumento perfecto para los fines geopolíticos de Rusia.

VI. La conexión Trump-Leviev: la red jabadista en el corazón de la política estadounidense

El vínculo directo y documentado entre Donald Trump y Lev Leviev es el eslabón que conecta el proyecto de la Tercera Roma con el sistema político estadounidense. Los hitos de esta conexión son:

1. Boda en Mar-a-Lago (diciembre de 2007): Trump organizó la boda de Rotem Rosen (mano derecha de Leviev) con Zina Sapir (hija de Tamir Sapir) en su club de Mar-a-Lago, con actuaciones de Lionel Ritchie y las Pussycat Dolls.

2. Tamir Sapir: multimillonario georgiano-soviético, nacido en la URSS y vinculado a la KGB, socio de Trump en el proyecto Trump Soho (junto a Felix Sater, informante del FBI y convicto, y Tevfik Arif, con contactos de inteligencia rusa y acusado de dirigir una red de prostitución de menores). Trump llamó a Sapir «un gran amigo».

3. Rotem Rosen: referido como «la mano derecha» de Leviev y CEO de la filial estadounidense de África Israel Investments (empresa de Leviev). En junio de 2008, Leviev organizó personalmente el Brit Milá (circuncisión) del hijo de Rosen en la tumba del rabino Schneerson, el lugar más sagrado del Jabad.

4. Alex Sapir: hijo de Tamir, hermano de Zina, cuñado de Rosen. Junto con la Familia Agalarov, fue anfitrión de la reunión de Trump con desarrolladores rusos en Moscú en 2013 (concurso Miss Universo).

5. Compra del edificio del New York Times (mayo de 2015): un mes antes de que Trump anunciara su candidatura, Jared Kushner compró a Leviev una participación mayoritaria en el antiguo edificio del New York Times en la Calle 43 Oeste por 295 millones. Para ello, Kushner pidió un préstamo de 285 millones al Deutsche Bank, un banco que sucedió indirectamente al negocio de los Rothschild en Fráncfort tras una serie de fusiones, y que ha sido investigado por lavado de dinero junto con África Israel Investments y Prevezon (empresa vinculada a Leviev).

6. Visita a la tumba de Schneerson (noviembre de 2016): tres días antes de las elecciones, Jared Kushner e Ivanka Trump visitaron la tumba del rabino Schneerson en Queens y, según The Times of Israel, oraron por la victoria de Donald Trump.

7. Reunión de la Torre Trump (junio de 2016): organizada por la Familia Agalarov, vinculada a Alex Sapir y Rotem Rosen, con la participación de Kushner, Manafort, Donald Trump Jr. y una delegación rusa que ofreció información sobre Hillary Clinton a cambio de alivio de sanciones.

VII. La conexión Kushner-Schneerson-Jabad

La familia Kushner es el puente familiar entre Trump y la red jabadista global. Jared Kushner estuvo afiliado a la casa de Jabad en Harvard durante sus estudios. Ivanka Trump se convirtió al judaísmo antes de su matrimonio y asiste a una sinagoga Jabad en Washington. Su peregrinación a la tumba de Schneerson no fue un acto aislado, sino la expresión de una lealtad profunda a la red jabadista, que a su vez está vinculada a Putin.

Esta red no es solo religiosa, sino económica y política, y actúa como un metapoder autónomo que trasciende fronteras y se alinea con el proyecto de la Tercera Roma. La conexión Kushner-Schneerson-Jabad indica que el proyecto de la Tercera Roma no es ajeno a la política estadounidense, sino que ha penetrado en las altas esferas del poder republicano a través de alianzas con la oligarquía jabadista.

VIII. La conexión con Venecia y las familias ‘fundadoras’ del sionismo

El documento de EIR de 1986 menciona a las familias Luzzatto (Venecia), Recanati (Salónica) y Dweck (Alepo) como actores metapolíticos vinculados con la fundación del sionismo y gestores de el sombrío grupo «The Trust». Según esa línea de investigación, los nombres de estas dinastías no serían meramente anécdóticas sino que se trataría de miembros del linaje financiero que conecta el proyecto de la Tercera Roma con la actual red jabadista:

– Los Luzzatto, banqueros venecianos, fueron según EIR quienes aconsejaron a la emperatriz Catalina la Grande sobre la fundación de Odessa. También fueron los intermediarios financieros entre la Okhrana y los primeros sionistas.
– Los Recanati, de Salónica, fundaron el Banco Israel Discount y fueron los principales financieros de la primera Aliá. Leon Recanati emigró a Palestina en 1935 desde Salónica.
– Los Dweck, de Alepo (Siria), fueron los banqueros del Imperio Otomano y financiaron la red de «The Trust».

Estas familias, que ayer y hoy operan desde las sombras, tienen como herederos modernos a Lev Leviev, Roman Abramovich y Tamir Sapir, quienes continúan la misma lógica de financiar el poder imperial ruso a través de redes financieras transnacionales.

IX. La conexión con el mesianismo jabadista y el milenarismo

El rabino Menachem Mendel Schneerson es considerado por muchos jabadistas como el Mesías. Su tumba en Queens es un lugar de peregrinación para los líderes políticos que buscan su bendición (incluidos Kushner e Ivanka). El movimiento Jabad tiene una fuerte carga milenarista, similar a la doctrina de la Tercera Roma.

El plan de siete pilares del Centro Tercera Roma y la doctrina de la séptima dispensación de Dugin encajan con el mesianismo jabadista: ambos proyectan un orden mundial nuevo bajo una autoridad única (Moscú como Tercera Roma y el Rebe como figura mesiánica), ya sea bajo una disposición multipolar macroregional. Esta coincidencia no es casual, sino que responde a una matriz simbólica común que une a ambas tradiciones.

X. La dimensión operativa: inteligencia, terrorismo y eliminación de oponentes

El documento de EIR revela que el proyecto de la Tercera Roma no tolera la oposición y utiliza el terrorismo de Estado como herramienta. En aquel entonces, la KGB y la facción Irgunista del Mossad (liderada por Ariel Sharon, Rafi Eytan y David Kimche) tenían en su lista de objetivos a Caspar Weinberger (secretario de Defensa de EE.UU.) y a Lyndon LaRouche, por haber descubierto la alianza entre Moscú y la facción sionista.

Esta dimensión operativa es clave para entender que el Centro Tercera Roma no es un think tank, sino un órgano de poder que ejecuta una estrategia que incluye inteligencia, finanzas, guerra y economía. Su plan de siete pilares no es solo técnico, sino que sirve a una estrategia de poder que incluye la neutralización de adversarios externos e internos.

XI. Conclusión: el Centro Tercera Roma como nodo de una red global

El Centro de Experiencia Intersectorial Tercera Roma opera como el laboratorio de la nueva ideología de Estado rusa, donde la tecnocracia administrativa de Oreshkin se fusiona con la mística imperial de Dugin, y donde el plan de reformas económicas es el vehículo para construir la base material del «Katechon».

Pero esta visión sería incompleta si no se integran las conexiones financieras, históricas y metapolíticas ya revisadas que lo sostienen. En definitiva, el plan de siete pilares del Centro Tercera Roma no es un plan económico; es la puesta en práctica de la séptima dispensación de la idea rusa, donde la economía se convierte en un arma geopolítica y la Tercera Roma se materializa en centros de datos, redes 5G, y un capital privado controlado por una facción de la élite que ha anidado en el corazón del Kremlin durante siglos, y que ahora se presenta con el rostro tecnocrático de un plan de crecimiento para 2030, pero con el alma milenaria de una mística imperial que se autoconcibe como el último baluarte contra el fin de los tiempos.

Fuentes consultadas

TRIM Center of Expertise, Presidential Academy of National Economy and Public Administration. Семь столпов новой экономической стратегии России – доклад «Третьего Рима». trimcenter.ru, 18 de agosto de 2026.

TRIM Center of Expertise, Presidential Academy of National Economy and Public Administration. People, Technology, and Globalization: a New System of Coordinates. 24 de junio de 2026.

Alexander Dugin. Moscú – Tercera Roma: Siete dispensaciones de la idea rusa. Editorial «Vladimir Dal», 2024.

Реальное время. «Vladimir Putin recibirá un plan de reformas económicas con apoyo en el capital privado». realnoevremya.ru, 19 de agosto de 2026.

Filoteo, monje del Monasterio de Pskov. Epístola a los astrólogos. 1523-1524.

Alain de Benoist. «El eurasianismo de Dugin es incompatible con el nacionalismo». Entrevista de Maxime Le Nagard para Front Populaire. 30 de agosto de 2022. Traducción al español de Juan Gabriel Caro Rivera.

Valeri Badov. Мальтийский стервятник – предвестник злосчастной Парижской декларации (1990) Буш-старший-Горбачев, погубившей Ялтинский миропорядок – вновь кружит над Европой. Libro. 15 de julio de 2026. Nota: «Мальтийский стервятник» se traduce literalmente como «buitre maltés», pero en este contexto hace referencia a la cumbre de Malta (1989) entre Bush y Gorbachov, que precedió a la Declaración de París de 1990. El término «стервятник» (buitre/carroñero) tiene una connotación negativa en el texto original.

Criton Zoakos y Mark Burdman. «The Israeli card in Russian grand strategy«. Executive Intelligence Review, 24 de enero de 1986.

Washington Monthly. «The Odd Chabad Connection Between Putin and Trump«. 27 de noviembre de 2027.

Daniel Estulin. Declaraciones sobre el conflicto en Oriente Próximo (2024).

Pepe Escobar. «A Matryoshka of Psyops: And Why General Armageddon Is Not Going Anywhere«. Strategic Culture Foundation, 2023.

Moscú como la Tercera Roma: Siete dispensaciones del ideal ruso, por Aleksandr Duguin



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