Por Mente Alternativa
El periodista Mark Curtis, codirector de Declassified UK, ha destapado una realidad que durante décadas permaneció oculta en los archivos secretos del gobierno británico: el uso de la base soberana de Akrotiri, en Chipre, como un nodo logístico fundamental para el traslado de equipamiento sensible y el intercambio de inteligencia con Estados Unidos e Israel, sin que mediara fiscalización alguna por parte del Parlamento o de la opinión pública. Los documentos desclasificados correspondientes a 1993, firmados por el secretario del Comité de Jefes de Estado Mayor, revelan que el Ministerio de Defensa (MoD) consideraba entonces que RAF Akrotiri desempeñaba un «papel clave en apoyo del esfuerzo de inteligencia y comunicaciones de Prioridad 1, Categoría A» en la isla, añadiendo que «esta cabeza de playa aérea segura permite al MoD y a otros departamentos gubernamentales mover equipamiento sensible hacia y desde Chipre en secreto y sin escrutinio». Este hallazgo, que ahora se publica en el contexto de la expansión militar británica en la isla y su creciente implicación en la guerra contra Gaza, desnuda la naturaleza opaca de una alianza estratégica que convierte el Mediterráneo oriental en un tablero de operaciones encubiertas, donde la soberanía chipriota y el derecho internacional son relegados a un segundo plano por los intereses geopolíticos de la potencia colonial.
La ubicación geográfica de las bases británicas en Chipre, a escasos 120 kilómetros de la costa libanesa y 220 de la Franja de Gaza, confiere a Akrotiri un valor estratégico incalculable para las operaciones de vigilancia y apoyo logístico en Oriente Próximo. Un funcionario del MoD señaló en otro archivo de 1993 que Chipre es «una de las pocas zonas donde el Reino Unido puede hacer una contribución sustancial y única al intercambio de inteligencia entre el Reino Unido y Estados Unidos», ya que «su ubicación da acceso a ciertos objetivos de inteligencia que de otro modo no serían accesibles». Esta declaración, aunque deliberadamente vaga en cuanto a la naturaleza de dichos objetivos, adquiere una gravedad mayúscula a la luz de los acontecimientos recientes, pues durante el genocidio en Gaza, Akrotiri fue utilizado por el Reino Unido para realizar cientos de vuelos de vigilancia en ayuda de la inteligencia israelí. El gobierno británico ha justificado estas misiones arguyendo que se limitaban a localizar a los rehenes retenidos por Hamás, pero la evidencia documental sugiere que la base desempeñó un papel mucho más amplio, sirviendo como plataforma para el traslado de equipamiento, armas y fuerzas, como corroboró el periódico Haaretz en octubre de 2023 al documentar la llegada de más de cuarenta aeronaves de transporte estadounidenses, veinte británicas y siete helicópteros pesados a RAF Akrotiri con cargamento militar.
La connivencia entre Londres y Nicosia para ocultar estas actividades constituye otro de los pilares de esta trama de opacidad. Una nota clasificada de un funcionario del MoD a la oficina del entonces secretario de Defensa, Malcolm Rifkind, fechada en mayo de 1993, advertía: «Sigue siendo importante para nuestra relación con el gobierno chipriota que no los avergoncemos revelando públicamente la extensión de la actividad de inteligencia en las áreas de base soberana». Esta confesión institucional revela un pacto tácito de silencio que, tres décadas después, sigue vigente y que ha permitido a Gran Bretaña expandir su infraestructura militar en la isla sin apenas resistencia. La reciente decisión de construir 136 nuevas antenas militares en Akrotiri, mediante la expropiación de 450.000 metros cuadrados de marisma que utilizaban los chipriotas, ha desatado una ola de protestas, como la encabezada por el alcalde de Kourion, Pantelis Georgiou, quien denunció que las autoridades británicas ocultaron la verdadera magnitud del proyecto, que pasó de 20 a 136 mástiles. Este incremento exponencial de la infraestructura de comunicaciones no es sino la manifestación física de un papel de inteligencia que, como admitía otro documento secreto, permite al Reino Unido «pagar a Estados Unidos por la enorme cantidad de inteligencia recibida gratuitamente de otros sistemas de recopilación en todo el mundo». La relación transatlántica, pues, se cimenta en una división del trabajo de espionaje donde Chipre actúa como moneda de cambio.
El concepto de «interés nacional prioritario» que Dominic Chilcott, secretario privado de Rifkind, esgrimió en febrero de 1996 para justificar el mantenimiento de las bases —argumentando que «nuestra posesión de ellas contribuye significativamente a la relación transatlántica»— se revela ahora como un eufemismo para encubrir una política exterior belicista y secretista. Mientras más de la mitad de los votantes chipriotas exigen el cierre de estas instalaciones militares, que ocupan el 3% de la superficie de la isla, el gobierno británico no solo mantiene sino que amplía su presencia colonial, convertida en un engranaje esencial de la maquinaria de guerra israelí. Los archivos desclasificados de 1993 no son una reliquia del pasado, sino la hoja de ruta de un presente donde la «cabeza de playa aérea segura» sigue operando al margen de la ley y de la ética, transportando silenciosamente el equipamiento de la muerte y consolidando un modelo de relaciones internacionales basado en el secreto, la complicidad y la impunidad, cuya factura final la pagan las poblaciones civiles atrapadas en los conflictos que esta infraestructura alimenta.
Fuentes consultadas
Mark Curtis. UK used Cyprus base to ‘secretly’ move ‘sensitive equipment’. Declassified UK. 10 de agosto de 2026.