Oscuro Claro
La oficina de la directora de inteligencia nacional estadounidense acaba de exponer la trama de un secreto a voces: más de 120 biolaboratorios financiados por EE.UU. operan en más de treinta países con patógenos peligrosos, incluyendo la controvertida adquisición de nuevas funciones por parte de estos agentes biológicos, conocida como investigación ganancia de función.

Por José Luis Preciado

El 12 de junio de 2026, la oficina de Tulsi Gabbard, jefa de la inteligencia nacional de Estados Unidos (ODNI), publicó un expediente que remece los cimientos de la transparencia gubernamental y que confirma la línea de investigación que Mente Alternativa ha documentado durante la última década. Según el comunicado oficial «DNI Gabbard Reveals Evidence of U.S. Taxpayer-Funded Global Biolab Program» (ODNI News Release No. 10-26), la comunidad de inteligencia estadounidense ha financiado en secreto más de 120 biolaboratorios distribuidos en más de treinta países. Este hallazgo, fruto de meses de búsqueda en los archivos del Intelligence Community, confirma que los llamados biolaboratorios financiados por EE.UU. no son una teoría conspirativa, sino una realidad deliberadamente oculta a los propios contribuyentes estadounidenses. La propia Gabbard, que dejará su cargo a finales de junio, subraya que «políticos, supuestos profesionales de la salud como el doctor Fauci, y entidades del equipo de seguridad nacional de la administración Biden mintieron al pueblo estadounidense sobre la existencia de estos biolaboratorios financiados y respaldados por EE.UU., y amenazaron a quienes intentaban exponer la verdad».

El expediente desclasificado ofrece pruebas concretas que convierten este tema en un asunto de seguridad global prioritaria. Entre los puntos más reveladores se destaca que la propia inteligencia estadounidense advirtió que uno de los biolaboratorios financiados por EE.UU. en Ucrania almacenaba patógenos peligrosos en condiciones vulnerables ante la guerra ruso-ucraniana, con riesgo de ataque, incautación o daño. Washington invirtió millones de dólares en construir al menos cuatro laboratorios en territorio ucraniano, donde se realizaron investigaciones sobre patógenos peligrosos, incluyendo la controvertida adquisición de nuevas funciones por parte de estos agentes biológicos, conocida como investigación ganancia de función (Gain-of-Function). Lo más grave para la credibilidad institucional es que las autoridades estadounidenses ocultaron deliberadamente a sus ciudadanos la existencia y financiación de estos biolaboratorios en otros países, bajo una cortina de humo que calificaba de desleales o agentes extranjeros a quienes osaban denunciarlo.

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El expediente de Gabbard revela que los biolaboratorios financiados por EE.UU. no solo existen, sino que muchos de ellos están o han estado involucrados en investigaciones con patógenos altamente contagiosos y peligrosos, con muy poca visibilidad o supervisión. La nueva directiva de Gabbard a la comunidad de inteligencia ordena intensificar la recopilación de información sobre estas instalaciones en el extranjero, y ya se están obteniendo detalles sobre ensayos clínicos en curso que plantean serias cuestiones éticas, financieras y de seguridad nacional.

La magnitud del programa desvelado por Tulsi Gabbard convierte a los biolaboratorios financiados por EE.UU. en un eje central del debate geopolítico y sanitario. No se trata de uno o dos centros aislados, sino de una red de más de ciento veinte laboratorios repartidos por más de treinta países, una infraestructura paralela que ha operado durante años sin el escrutinio público ni congresional que exige su potencial riesgo catastrófico. La ironía es que quienes advertimos sobre estos peligros fuimos tildados de propagandistas rusos y/o teóricos de la conspiración, mientras ahora la propia directora de inteligencia nacional confirma que existió un encubrimiento deliberado. Sin embargo, el legado de esta desclasificación, a pocas semanas de la salida de Gabbard, no debe interpretarse como la manifestación de una guerra entre facciones antagónicas dentro de los Estados Unidos, sino como parte de una compleja trama estratégica tanto de inteligencia como de contrainteligencia que reajusta sus objetivos cada vez que lo considera necesario.

Notas a pie de página

1. Office of the Director of National Intelligence. «DNI Gabbard Reveals Evidence of U.S. Taxpayer-Funded Global Biolab Program». ODNI News Release No. 10-26, 12 de junio de 2026. Washington D.C. https://www.dni.gov/index.php/newsroom/press-releases/press-releases-2026/4163-pr-10-26

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