Por Mente Alternativa
En un mundo saturado de ruido mediático y cortinas de humo políticas, es menester apartar la mirada del circo cotidiano para discernir la verdadera arquitectura del conflicto global. La reciente difusión de un documento de la RAND Corporation, fechado en 2023 y titulado «Competencia entre Grandes Potencias y Conflicto en el Siglo XXI fuera del Indo-Pacífico y Europa», no es una mera pieza académica; es una hoja de ruta, un mapa estratégico que expone, con la crudeza del lenguaje de la inteligencia militar, los engranajes de una maquinaria geopolítica que pocos se atreven a nombrar: la guerra de Estados Unidos contra el emergente orden multipolar. Este documento, firmado por Raphael S. Cohen, Elina Treyger, Irina A. Chindea y un equipo de analistas de la RAND, publicada por la propia corporación, nos obliga a una reflexión profunda sobre la naturaleza de la política exterior estadounidense y su impacto en la estabilidad mundial.
La estrategia delineada por la RAND trasciende los titulares sensacionalistas y se adentra en los mecanismos tácitos de la confrontación global. Lejos de ser un estudio neutral, el documento sienta las bases para una estrategia de confrontación total, donde los conflictos regionales no son incidentes aislados, sino piezas de un tablero global diseñado para contener y fracturar el ascenso de China y, en menor medida, el resurgimiento de Rusia. La paradoja es evidente: mientras la narrativa oficial de Washington se centra en la defensa de un orden basado en reglas, sus planificadores estratégicos esbozan las líneas de una guerra que no conoce fronteras, una guerra que se libra en los campos de batalla de Ucrania, en las calles de los socios de la Franja y Ruta, y en las sombras de Oriente Medio.
La primera gran revelación de un análisis de Brian Berletic, basado en el documento de RAND, es el reconocimiento explícito de que una guerra de Estados Unidos con Irán no sería, en esencia, un conflicto por la cuestión nuclear o la hegemonía regional, sino un arma dirigida al corazón de la economía china: su seguridad energética. Este planteamiento convierte el Golfo Pérsico en un potencial campo de batalla donde el precio del petróleo y la estabilidad de las rutas marítimas se convierten en variables de control para asfixiar a Pekín. No es una hipótesis descabellada; es una estrategia calculada que, de materializarse, tendría consecuencias catastróficas para la economía mundial, demostrando que Washington está dispuesto a sacrificar la estabilidad global en el altar de su primacía. A su vez, el documento admite la participación directa de Estados Unidos en la «cadena de asesinato» de Ucrania. Esta confesión, que trasciende el mero apoyo logístico, posiciona a la administración estadounidense no como un aliado, sino como un beligerante activo en el conflicto, orquestando un desgaste estratégico contra Rusia que, si bien busca debilitar a Moscú, alimenta una espiral de violencia con riesgos impredecibles de escalada.
Más allá de la guerra convencional, el documento de RAND desvela las líneas de una guerra híbrida de vastas proporciones. Se menciona explícitamente el respaldo a «revoluciones de color» y campañas de guerra informativa diseñadas para desestabilizar a los socios y potenciales socios de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. Esta estrategia de desestabilización no es nueva, pero el hecho de que sea articulada en un documento de una institución tan influyente como RAND valida su estatus como política de Estado. El objetivo es claro: sembrar caos en las naciones que gravitan hacia la órbita china, cortar los lazos económicos y diplomáticos que Pekín ha tejido con tanto esfuerzo, y presentar a China como un socio poco fiable en un mundo convulso. La mención más perturbadora del documento, quizás, es la que alude al uso de terroristas uigures en Siria como parte del arsenal de grupos respaldados por Estados Unidos para ser utilizados contra China. Esta afirmación, de una gravedad extrema, sugiere que la lucha contra el terrorismo, que Washington ha esgrimido como bandera moral durante décadas, se instrumentaliza como una herramienta más de guerra geopolítica.
El informe de la RAND, en su esencia, no es un llamado a la paz ni un ejercicio de análisis desinteresado. Es un plano de batalla. Recomienda mantener una «visión estratégica» y fortalecer los lazos con aliados clave para economizar recursos en teatros secundarios. La lógica subyacente es la de un imperio que, consciente de su declive relativo, busca externalizar los costos de su dominación, utilizando a sus aliados como peones en una partida de ajedrez global. La conexión entre la guerra en Ucrania, la amenaza a Irán, la desestabilización de la Franja y la Ruta y el uso de terroristas en Siria no es casual; es la manifestación de una misma y única estrategia: la defensa de la primacía estadounidense a cualquier precio, incluso si ese precio es la paz y la estabilidad del mundo. El análisis de estos documentos, unidos al trabajo de investigación de analistas como Berletic, nos revela una verdad incómoda: no estamos ante una serie de crisis inconexas, sino ante una guerra global orquestada. La claridad con que estos documentos exponen la estrategia de Washington es, a la vez, alarmante y esperanzadora, porque una vez que se comprende el juego, se está en mejor posición para exigir cuentas y, quizás, para construir un futuro alternativo, uno donde la razón y la diplomacia prevalezcan sobre la lógica de la confrontación perpetua.
Fuentes consultadas
Brian Berletic. 2023 RAND Corporation Paper Lays Out Current US War on Multipolarism. X (antes Twitter). 10 de agosto de 2026.
Raphael S. Cohen, Elina Treyger, Irina A. Chindea, et al. Great-Power Competition and Conflict in the 21st Century Outside the Indo-Pacific and Europe. RAND Corporation. 2023.