Por Mente Alternativa
En la revista de prensa internacional Grandangolo, el analista Manlio Dinucci advierte que la reciente resolución del Consejo de Seguridad de la ONU confirma una profunda injusticia al otorgar un mandato legal al plan de Estados Unidos para Gaza, impulsado por la administración Trump. La resolución —aprobada con 13 votos a favor y sin votos en contra, con abstenciones de Rusia y China influenciadas por el apoyo de países árabes y musulmanes, incluidos cuatro miembros de los BRICS— autoriza el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización de 20 000 soldados para gobernar Gaza y la creación de un ambiguo “Consejo de la Paz”. Moscú y Pekín criticaron que el plan ignora la soberanía palestina y el principio de “dos Estados”.
Dinucci subraya que, mientras se coordina desde Israel un centro de operaciones dirigido por el Pentágono que excluye totalmente a Palestina —en medio del genocidio en curso—, el plan de Trump omite también la situación en Cisjordania, hoy casi totalmente controlada por Israel, cuyos colonos y fuerzas armadas intensifican la violencia con respaldo estadounidense. Paralelamente, Israel continúa bombardeando Gaza, Líbano, Yemen y otros países de la región sin repercusiones.
En Europa, relata Dinucci, Washington promueve simultáneamente un “plan de paz” para Ucrania que exige que Kiev ceda Crimea y Donbass a Rusia, renuncie a entrar en la OTAN y reduzca su ejército, mientras se pide que Moscú “garantice” no atacar a Ucrania ni a la OTAN. Para el autor, esto invierte la realidad histórica, pues fue la OTAN —bajo control de Estados Unidos— quien desencadenó la crisis con el golpe de 2014. El plan también propone un pacto de no agresión entre Rusia, Ucrania y la UE, pero excluye a la OTAN, borrando el compromiso occidental de 1991 de no expandirse “ni una pulgada” hacia el este, incumplido al duplicar sus miembros y desplegar bases y armas nucleares cerca de Rusia.
Dinucci destaca que, tras el pacto, cazas europeos con capacidad nuclear serían instalados permanentemente en Polonia bajo mando estadounidense, poniendo a países como Italia en primera línea contra Rusia y obligándolos a elevar su gasto militar. El esquema incluye además un “Fondo de Desarrollo para Ucrania”, que prevé usar 100 000 millones de dólares de fondos rusos congelados para infraestructuras gasíferas gestionadas conjuntamente, de cuyos beneficios Estados Unidos recibiría el 50%, mientras la UE aportaría otros 100 000 millones y el resto de fondos rusos se administraría en un acuerdo separado entre Washington y Moscú.