Por Mente Alternativa
La intensificación del conflicto en el sudoeste asiático está generando una convergencia de factores geopolíticos, económicos y militares que elevan el riesgo de una catástrofe global. Según advirtió la presidenta del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, en una videoconferencia del 11 de marzo (1), la situación actual representa uno de los momentos más peligrosos de la historia reciente, en el que la posibilidad de una guerra mundial —e incluso nuclear— ya no puede descartarse.
A pesar de las repetidas declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump afirmando que la guerra contra Irán está “casi terminada” y que la República Islámica se encuentra al borde del colapso, los acontecimientos sobre el terreno sugieren lo contrario. Irán no ha mostrado señales de rendición y, por el contrario, ha demostrado que posee los recursos militares y estratégicos necesarios para sostener el conflicto durante un período prolongado. Lo que sí parece haberse derrumbado es la expectativa predominante dentro del gobierno estadounidense de que la operación militar sería rápida, relativamente indolora y decisiva.
Uno de los factores que ha agravado dramáticamente la situación es el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán, una arteria vital para el comercio energético mundial. Este bloqueo ha provocado un efecto dominó en la economía global y amenaza con agravar la fragilidad del sistema financiero occidental. Amin Nasser, director ejecutivo de la petrolera saudí Saudi Aramco, advirtió que el cierre podría tener “consecuencias catastróficas para los mercados petroleros”, calificándolo como la crisis más grave que ha enfrentado la industria energética de la región.
Las repercusiones ya se sienten en múltiples sectores. Los precios del combustible y de los fertilizantes se han disparado, generando una creciente preocupación en los mercados internacionales. En un intento por estabilizar la situación, la Agencia Internacional de la Energía y sus 32 países miembros anunciaron el 11 de marzo la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas. Se trata de la mayor liberación de crudo en los 50 años de historia de la organización, más del doble del volumen liberado en crisis anteriores.
Al mismo tiempo, la dimensión militar del conflicto continúa ampliándose. Varios países han anunciado el despliegue de fuerzas en la región, entre ellos Francia, el Reino Unido, Grecia, Italia, Australia y Pakistán, lo que incrementa el riesgo de una internacionalización del conflicto.
En este contexto, cabría esperar que prevaleciera la búsqueda de una salida diplomática que evitara una escalada mayor. Sin embargo, diversas señales indican que dentro de ciertos círculos del poder en Washington predomina una lógica ideológica y fanática que dificulta la desescalada. Trump, por ejemplo, difundió recientemente videos de predicadores que aseguran que su presidencia responde a una misión divina para salvar al mundo.
A esta dimensión pseudorreligiosa se suma el discurso beligerante de figuras clave del gobierno estadounidense. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, llegó a justificar la destrucción aérea sobre ciudades iraníes en términos religiosos, argumentando que su fe respalda la “muerte y destrucción desde el cielo”. El ex embajador británico Craig Murray ha planteado la inquietante posibilidad de que Washington y sus aliados busquen aplicar contra Irán una estrategia similar a la devastación que Israel ha infligido en Gaza.
Murray ha denunciado lo que describe como una “sed de matar” y una sensación de impunidad entre funcionarios occidentales, comparando su retórica con la de dirigentes israelíes que celebran la violencia contra los palestinos.
Zepp-LaRouche subrayó que estos acontecimientos reflejan un cambio profundo en el orden internacional. Según explicó, el mundo ha entrado en una fase en la que se declara abiertamente que el derecho internacional ha dejado de ser un marco vinculante. La situación es aún más peligrosa porque las hostilidades han comenzado mientras se mantenían negociaciones diplomáticas en curso, lo que socava la credibilidad de la diplomacia internacional. “¿Quién puede confiar en alguien?”, planteó.
A este clima de desconfianza se suma la creciente presión dentro de ciertos círculos estratégicos estadounidenses para lograr una victoria militar decisiva a cualquier costo. Un ejemplo de esta mentalidad apareció en un artículo del asesor del Consejo Atlantico, Harlan Ullman, publicado en The Hill, en el que argumenta que los bombardeos estratégicos solo han forzado una rendición una vez en la historia: cuando Estados Unidos lanzó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945. Ullman sugiere que si Washington desea obligar a Irán a capitular, tendría que recurrir a una “conmoción y pavor” de magnitud similar, insinuando que solo las armas nucleares podrían lograr ese efecto.
Para Zepp-LaRouche, este tipo de planteamientos demuestra hasta qué punto la situación puede escalar rápidamente hacia un escenario catastrófico. Durante décadas, los analistas han advertido que un ataque contra Irán podría desencadenar una guerra mundial. Hoy, esa posibilidad parece más real que nunca. “El peligro de que esto desemboque en una guerra nuclear que destruya toda la civilización nunca ha sido tan grande”, advirtió.
Ante este panorama, Zepp-LaRouche sostiene que la intervención de la sociedad civil internacional es imprescindible para detener una escalada que podría resultar irreversible. En ese marco, destacó la iniciativa de la Coalición Internacional por la Paz, que ha dirigido una carta abierta al Papa León XIV solicitando que las iglesias de Oriente y Occidente se unan en una campaña global por la paz. El objetivo de esta iniciativa es movilizar a las comunidades religiosas y a la opinión pública mundial para evitar lo que describen como la posible “tragedia final” de la humanidad.
Notas a pie de página
1. Stewart Battle, en EIRNS: Zepp-LaRouche: The Danger of Humanity’s Extinction Has Never Been Greater; 11 de marzo de 2026. Ver también: Schiller Institute: Zepp-LaRouche: To Achieve Peace, Think Like Cusa; 11 de marzo de 2026.