Oscuro Claro
La guerra de información orquestada por la OTAN colisiona con la realidad tangible del avance ruso sobre el terreno, desnudando una victoria estratégica que redefine el tablero geopolítico.

Por Mente Alternativa

La narrativa dominante en los medios de comunicación occidentales ha sido sometida a un escrutinio demoledor por Scott Ritter, exoficial de inteligencia del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos e inspector de armas de la ONU, en una entrevista concedida a Glenn Diesen. Ritter, con una trayectoria que incluye la redacción de análisis presentados a presidentes estadounidenses, sostiene que lo que presenciamos no es un conflicto equilibrado, sino el desarrollo de una victoria estratégica de Rusia, un proceso que la maquinaria propagandística de la OTAN se esfuerza por ocultar tras un velo de desinformación y análisis superficiales. Su afirmación es rotunda y provocadora: la guerra está siendo ganada por Rusia, y lo está siendo de manera decisiva, no solo en el terreno físico, sino también en la capacidad de adaptación tecnológica y en la resiliencia interna del Kremlin.

La guerra de información, según Ritter, se ha convertido en un campo de batalla paralelo donde se fabrica una realidad ficticia. Figuras como el economista Gilbert Doctorow son señaladas como ejemplos de un análisis que se nutre de fuentes tan endebles como entrevistas a agentes inmobiliarios o la observación de la televisión rusa, confundiendo el entretenimiento mediático con el pulso real de la sociedad. Este análisis, que Ritter califica de «absurdo», pretende vender la idea de que Ucrania ha arrebatado la iniciativa estratégica a Rusia gracias a ataques con drones, creando una burbuja de vulnerabilidad política que supuestamente pone en riesgo a Vladimir Putin. La realidad que el exinspector de la ONU describe, basada en sus recientes viajes a la zona del conflicto y en entrevistas con mandos militares rusos, es diametralmente opuesta.

El frente de los drones, a menudo presentado como el «arma mágica» de Ucrania, no es la excepción. Ritter desglosa la ineficacia de los drones FPV ucranianos, señalando que el 95% de ellos son derribados por las defensas aéreas rusas antes de alcanzar sus objetivos en infraestructuras energéticas. La capacidad de Ucrania para sostener esta guerra de desgaste tecnológico se topa con un problema insalvable: la pérdida diaria de entre 80 y 100 de sus mejores operadores de drones, un capital humano que requiere seis meses de entrenamiento y que no puede ser reemplazado al mismo ritmo. En contraste, Rusia no solo ha resuelto el problema técnico de las nuevas amenazas, como el dron Hornet, mediante la ingeniería inversa, sino que ha implementado una ventaja ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento) sobre el total del campo de batalla. Esta superioridad permite una integración de la inteligencia artificial en los sistemas de mando y control que, según Ritter, Occidente aún no comprende en su totalidad, lo que les permite localizar y destruir los centros de mando de drones ucranianos con una eficacia devastadora y sistemática.

Más allá de la dinámica en el frente, el análisis de Ritter se adentra en la fragilidad de la fachada de la OTAN y en la solidez del proyecto político ruso. La Cumbre de Ankara, según el exmarine, fue un ejercicio de fachada política. Los 70.000 millones de euros prometidos a Ucrania se destinan en gran medida a la industria de defensa europea, con plazos de producción que se extienden de dos a cuatro años, un horizonte temporal que no alterará el curso de una guerra que, en su opinión, se decidirá en los próximos meses. La promesa de licencias para fabricar sistemas Patriot en Ucrania es descartada con crudeza por Ritter: la superioridad aérea e ISR de Rusia hace imposible que una fábrica de tal envergadura pueda ser construida sin ser destruida. Ante esta realidad, la determinación de Putin se mantiene inquebrantable, y lo hace no por una estrategia de confrontación ciega, sino por una visión de estabilidad a largo plazo que prioriza el crecimiento económico y la cohesión social.

La clave para entender la estrategia del Kremlin, advierte Ritter, no se encuentra en los análisis de la televisión rusa ni en los pronósticos de corto plazo. Reside en la voz de Vladimir Putin, quien ha dejado claro que el conflicto no definirá a Rusia, sino que el verdadero motor del futuro es la estabilidad económica. La reciente implementación de restricciones a la exportación de gasolina, lejos de ser un signo de debilidad, es una medida de gestión ante los «hipos» energéticos causados por los drones. La apuesta de Putin es por la previsibilidad global y la atracción de inversiones, un objetivo que le impide caer en provocaciones como la de atacar a los países bálticos, a pesar de tener argumentos legales bajo el artículo 51 de la Carta de la ONU. En este contexto, la guerra se convierte en un proceso que no tiene un calendario fijo, sino que se extenderá hasta que se cumplan los objetivos de desmilitarización y desnazificación, lo que implica, en la práctica, la desaparición del actual gobierno ucraniano, con figuras como Zelenski o Budanov convertidas en «hombres muertos que caminan».

El verdadero conflicto, por tanto, no se libra únicamente en el terreno, sino en la percepción que Occidente tiene de su propia capacidad y en la fe que deposita en una narrativa de victoria que la realidad sobre el terreno desmiente. La aparente calma de Putin, su enfoque en la economía y su negativa a escalar el conflicto con la OTAN no deben interpretarse como debilidad, sino como la confianza de quien sabe que la inercia del conflicto le es favorable. La victoria estratégica de Rusia no es un hecho consumado en términos de propaganda occidental, pero sí un proceso geopolítico y militar en curso que erosiona los cimientos del orden de seguridad europeo, dejando a la OTAN y a sus socios atrapados en una telaraña de sus propias contradicciones y en una dependencia de un análisis que, como el de Gilbert Doctorow, prefiere mirar a los taxistas de Moscú que al pulso real de un Estado que se prepara para un largo camino.

Fuentes consultadas

Scott Ritter. Russia Is Winning the War – and Winning Decisively. Entrevista de Glenn Diesen a Scott Ritter, 14 de julio de 2026.

Chatham House. «The ‘Fortress Russia’ economy has adapted well to pressure«, 2025.

The New York Times. «Trump Lashes Out at NATO Summit but Offers New Help to Ukraine«, 8 de julio de 2026.

Sputnik Africa. «Decisive Russian win in Ukraine ‘game changer’ for global stability – ex-US intel officer«, 16 de noviembre de 2025.

Vietnam.vn. «Ukraine says Russia changed its attack tactics after suffering heavy losses«, 2 de julio de 2026.

IISS. «The Coming Crisis in Russia’s Political Economy«, 17 de mayo de 2026.



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