Por José Luis Preciado
La reciente confirmación de Reuters (1) sobre la adopción formal del sistema Maven de Palantir Technologies como columna vertebral operativa de la inteligencia artificial militar estadounidense no constituye un giro inesperado, sino la cristalización de una tendencia que ya se perfilaba con nitidez desde al menos mayo de 2025, cuando advertí (2) que el nombramiento de Stephen Winchell al frente de DARPA revelaba una orientación estratégica inequívoca: la subordinación progresiva de la decisión bélica a arquitecturas algorítmicas capaces de procesar, seleccionar y priorizar objetivos en escalas y velocidades inaccesibles al juicio humano.
En aquel momento, el ascenso de Winchell —figura clave del Project Maven— no solo implicaba la continuidad de un programa controvertido por su vínculo con la automatización del análisis de vigilancia mediante drones, sino que anticipaba una mutación más profunda en la doctrina militar estadounidense. No se trataba simplemente de modernizar herramientas, sino de redefinir el propio concepto de decisión estratégica en el campo de batalla. La inteligencia artificial dejaba de ser un instrumento auxiliar para convertirse en el eje estructurante de la guerra contemporánea.
Hoy, con la institucionalización del sistema Maven como “programa de registro” del Pentágono, esa intuición se confirma con una contundencia difícil de soslayar. Bajo la directriz del subsecretario de Defensa Steve Feinberg, el aparato militar estadounidense no solo garantiza financiación estable y adopción transversal de esta tecnología, sino que consagra un principio doctrinal: la superioridad militar del futuro dependerá de la capacidad de integrar sistemas de decisión automatizados en todos los dominios operativos. La guerra, en este sentido, se convierte en un problema de optimización algorítmica.
El propio lenguaje utilizado en la comunicación interna del Pentágono —“detectar, disuadir y dominar en todos los dominios”— delata una visión totalizante en la que la inteligencia artificial no es un complemento, sino la infraestructura cognitiva del poder militar. La transferencia de la supervisión de Maven hacia la Oficina Principal de Inteligencia Artificial y Digital del Departamento de Defensa refuerza esta centralidad, consolidando una burocracia tecnocrática cuya legitimidad ya no emana de principios éticos tradicionales, sino de su eficacia operativa.
Este desplazamiento tiene implicaciones que trascienden lo estrictamente militar. La priorización de la autonomía algorítmica frente a los dilemas éticos humanos —advertida por expertos— revela la emergencia de un paradigma en el que la responsabilidad se difumina en redes de decisión opacas, entrenadas sobre datos sesgados y diseñadas para maximizar resultados estratégicos. Aunque Palantir insiste en que la decisión final permanece en manos humanas, la realidad operativa sugiere una dependencia creciente de sistemas que ya no solo asisten, sino que condicionan de manera decisiva el proceso de selección de objetivos.
En este contexto, la figura de Donald Trump confirma la dimensión multidimensinal que adverti en enero de 2025 [https://mentealternativa.com/el-papel-multidimensional-del-trumpismo-en-la-transicion-hacia-un-mundo-multipolar/](https://mentealternativa.com/el-papel-multidimensional-del-trumpismo-en-la-transicion-hacia-un-mundo-multipolar/), cuando muchos analistas dicotómicos aún lo percibían como un antiglobalista auténtico. Lejos de la narrativa simplista que lo presenta como un actor antiestablishment, la continuidad entre el impulso dado a la inteligencia artificial militar durante su administración y su consolidación actual sugiere una integración funcional dentro de un proyecto más amplio. Trump no aparece aquí como una anomalía, sino como una variable adaptativa de las mismas meta élites occidentales dentro de una estructura de poder que busca reconfigurarse ante el declive del orden unipolar.
La incorporación plena de Maven en la arquitectura militar estadounidense puede leerse, así, como parte de una estrategia de síntesis: un intento de preservar los vectores fundamentales del ultraglobalismo —tecnocracia, centralización de datos, automatización de la decisión— en un entorno internacional cada vez más fragmentado y multipolar. En lugar de un repliegue aislacionista, lo que se observa es una rearticulación del poder a través de tecnologías que permiten proyectar influencia sin necesidad de presencia física directa, mediante redes de vigilancia, análisis y ejecución distribuidas.
El papel de empresas como Palantir en este proceso no es accesorio, sino estructural. Su ascenso dentro del complejo militar-industrial —reflejado en contratos multimillonarios y en la duplicación de su valor de mercado— evidencia la fusión progresiva entre Silicon Valley y el aparato de defensa. Esta convergencia no solo redefine las cadenas de suministro tecnológico, sino que configura una nueva élite híbrida, en la que el capital de riesgo, la ingeniería de datos y la estrategia militar convergen en una misma lógica de poder.
En última instancia, lo que está en juego no es únicamente la eficacia de los sistemas de armas, sino la transformación ontológica de la guerra misma. La transición hacia un modelo en el que la inteligencia artificial actúa como mediadora principal entre la percepción y la acción redefine los límites de la responsabilidad, la ética y la soberanía. La guerra deja de ser un enfrentamiento entre voluntades humanas para convertirse en una interacción entre sistemas, donde la velocidad y la capacidad de procesamiento sustituyen al juicio y la deliberación.
La confirmación de Reuters no hace sino poner en evidencia que el futuro ya ha comenzado. Un futuro en el que la autonomía algorítmica no es una posibilidad lejana, sino una realidad operativa, y en el que las decisiones más trascendentales —incluida la de quitar la vida— se desplazan progresivamente desde la conciencia humana hacia arquitecturas de código cuya lógica interna permanece, en gran medida, inaccesible. En ese desplazamiento silencioso se juega, quizás, la verdadera naturaleza del poder en el siglo XXI.
Notas a pie de página
1. David Jeans: Exclusive: Pentagon to adopt Palantir AI as core US military system, memo says; March 20, 20265.
2. José Luis Preciado, en MA: Trump refuerza la inteligencia artificial militar con Stephen Winchell en DARPA; 19 de mayo de 2025.