Oscuro Claro
Mientras Donald Trump afirma que la guerra contra Irán está “prácticamente completa”, varios indicios apuntan a una realidad mucho más compleja: Estados Unidos no sólo no puede con Irán, sino que incluso de haber logrado una victoria militar rápida esta se habría convertido en una derrota estratégica para Washington, tal como advirtió en su momento el académico chino Zhang Weiwei al analizar el declive del orden unipolar.

Por José Luis Preciado

Cuando Donald Trump declaró que la guerra contra Irán estaba “prácticamente completa” tras llamar y mantener una conversación telefónica con Vladimir Putin el 9 de marzo (1), la propia llamada con Putin resulta reveladora en sí: el Kremlin indicó que el presidente ruso presentó varias propuestas para poner fin rápidamente al conflicto. Esto sugiere que, pese al tono triunfalista de Washington, el desenlace de la guerra está aún lejos de ser definitivo, pero Washington ya empieza a buscar la forma de salirse del conflicto.

En este contexto adquieren especial relevancia las advertencias formuladas durante años por el académico chino Zhang Weiwei, profesor de la Universidad de Fudan y uno de los analistas más influyentes del pensamiento geopolítico contemporáneo en China.

Mucho antes de que estallara el conflicto actual, Zhang sostenía que una guerra contra Irán no necesariamente restauraría la hegemonía estadounidense en Oriente Medio. Por el contrario, podría acelerar el desgaste estratégico de Washington y precipitar transformaciones más profundas en el sistema internacional.

El argumento central del politólogo chino parte de una observación histórica: los países sometidos a presiones externas prolongadas suelen desarrollar una resiliencia política mayor de la que anticipan sus adversarios.

Irán constituye un ejemplo paradigmático. Durante más de cuatro décadas ha enfrentado sanciones económicas, aislamiento diplomático, operaciones encubiertas y conflictos regionales indirectos. Este entorno hostil no destruyó su estructura estatal; por el contrario, contribuyó a consolidar mecanismos institucionales de resistencia (2).

En diversos foros internacionales, Zhang Weiwei ha advertido que una estrategia basada en la eliminación de líderes o en ataques militares limitados partía de una premisa equivocada: la idea de que el sistema político iraní dependía de un pequeño círculo de figuras cuya desaparición desencadenaría el desmoronamiento del Estado. Según Zhang, este tipo de cálculos reflejan una lectura simplista de las estructuras institucionales y sociales de países que han desarrollado mecanismos de resiliencia precisamente en respuesta a décadas de presión externa. (3)

Más importante aún, el académico chino ha planteado una tesis de mayor alcance geopolítico: incluso si Estados Unidos lograra victorias militares tácticas en el corto plazo, una guerra prolongada en Oriente Medio podría acelerar el deterioro de su posición global y dejar en evidencia su propia vulnerabilidad estratégica.

Esta idea forma parte de un argumento central en la obra de Zhang sobre la transformación del sistema internacional. En su libro La ola china, publicado en 2012, el politólogo sostuvo que el mundo se encontraba en una transición gradual desde el orden unipolar dominado por Estados Unidos hacia una estructura multipolar caracterizada por la emergencia de nuevas potencias económicas y estratégicas (4). Por lo que, incluso si Washington lograra victorias militares tácticas, una guerra prolongada en Oriente Medio podría convertirse en un factor de desgaste estructural para el poder estadounidense.

Los primeros efectos de la guerra parecen apuntar precisamente en esa dirección. Informes recientes indican que asesores cercanos a Donald Trump temen que la guerra contra Irán se convierta rápidamente en un problema político mayor para la Casa Blanca. De acuerdo con fuentes citadas por medios estadounidenses (5), dentro de la administración existe preocupación por la ausencia de una estrategia clara de salida, la confusión en la narrativa oficial sobre los objetivos de la guerra y el riesgo de que el conflicto se prolongue durante meses. Incluso dentro del propio movimiento político de Trump han surgido divisiones, ya que parte de su base electoral fue movilizada en 2016 con la promesa de abandonar las guerras de cambio de régimen en Oriente Medio.

A esto se suman factores económicos inmediatos —volatilidad bursátil, aumento de los precios del petróleo y riesgo de nuevas bajas militares— que podrían convertir el conflicto en un serio problema político para la Casa Blanca en el contexto de las próximas elecciones legislativas. Apenas una semana después del inicio del conflicto, los costos económicos y políticos comenzaron a multiplicarse.

Aunque el Pentágono intenta evitar una operación terrestre —considerada la opción menos deseable—, la dinámica militar está empujando a Estados Unidos hacia una escalada progresiva. Trump, que inicialmente apostó por una campaña aérea rápida, ya está concentrando un tercer grupo de portaaviones en la región junto a los dos existentes. Sin embargo, esta estrategia tiene límites evidentes: recursos militares finitos y, sobre todo, tiempo.

Incluso si Estados Unidos lograra derrotar a Irán en una guerra prolongada, el precio podría resultar políticamente devastador para Washington. La escalada militar corre el riesgo de convertir al propio Trump en rehén del conflicto, una situación que algunos analistas comparan con la trampa estratégica en la que quedó atrapado el liderazgo ucraniano durante la guerra con Rusia.

Las repercusiones económicas ya están comenzando a manifestarse. El conflicto ha alterado los mercados energéticos internacionales. Los riesgos militares han impulsado el precio del petróleo, lo que está presionando las economías de varios aliados occidentales. Paradójicamente, esta situación ha obligado a Washington a flexibilizar parcialmente el régimen de sanciones contra Rusia, ya que la estabilidad del mercado energético global depende en gran medida del suministro ruso.

En cuestión de días, las exportaciones energéticas de Rusia han vuelto a ser altamente rentables, recordando a Europa una realidad incómoda: sin la energía rusa, muchas de las estrategias económicas alternativas del bloque occidental resultan difíciles de sostener. Incluso dentro de la Unión Europea comienzan a surgir voces que plantean la necesidad de reanudar la compra de gas ruso, una posibilidad que hace apenas unos meses parecía políticamente impensable.

Mientras tanto, en Washington predominaba la idea de que la guerra sería breve. Algunos estrategas confían en derrotar a Irán en un plazo de seis semanas y regresar rápidamente a la situación geopolítica anterior. Pero la historia rara vez permite retroceder el tiempo.

A medida que el conflicto se prolonga, los plazos de finalización se desplazan y las presiones políticas internas aumentan. Los precios comienzan a subir en Estados Unidos en un momento particularmente delicado: la antesala de las elecciones legislativas de medio mandato.

Las sanciones contra Rusia, por su parte, empiezan a parecerse a una herramienta incómoda: difíciles de mantener, pero políticamente complicadas de abandonar.

Todo esto refuerza la tesis de Zhang Weiwei sobre la fragilidad estructural del poder estadounidense. El académico chino describió en varias ocasiones a Estados Unidos como un “gigante con pies de barro” (6), una metáfora que señala la brecha entre su enorme poder militar y su capacidad limitada para imponer resultados políticos duraderos.

En este contexto, la mayor paradoja del conflicto podría ser que una victoria militar demasiado costosa termine transformándose en una derrota estratégica.

Irán, aun sufriendo daños severos, podría sobrevivir políticamente al conflicto. Estados Unidos, en cambio, corre el riesgo de quedar atrapado en una dinámica de escalada militar que recuerde a episodios históricos como Vietnam, Irak o Afganistán.

Si este escenario se materializa, la guerra que Trump presenta hoy como una demostración de poder podría terminar acelerando precisamente el proceso que Zhang Weiwei ha descrito durante años: el declive gradual del orden unipolar surgido tras el final de la Guerra Fría. Un proceso histórico en el que la cuestión ya no es si Estados Unidos puede iniciar guerras, sino si todavía puede ganar el tipo de hegemonía que esas guerras solían garantizar.

Notas a pie de página

1. The Telegraph: Trump says Iran war ‘very complete’ after call with Putin. 9 de marzo de 2026.

2. Zhang Weiwei, intervenciones y análisis sobre Oriente Medio y política internacional, China Academy, 2025.

3. Zhang Weiwei, conferencias sobre resiliencia estatal y presión externa, Universidad de Fudan, 2024.

4. Zhang Weiwei, The China Wave: Rise of a Civilizational State, World Century Publishing, 2012.

5. Adam Cancryn, en CNN: Trump advisers work to mitigate a political nightmare on Iran as president fuels messaging chaos. 4 de marzo de 2026.

6. Zhang Weiwei, “U.S. Backing Israel Against Iran: A Giant with Feet of Clay”, China Academy, 2025.

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