Por José Luis Preciado
El periodista Jonathan Whittall, en una investigación exclusiva (1), reveló el contenido de una resolución confidencial que expone el plan de gobernanza de Gaza promovido por Estados Unidos tras la devastación del enclave palestino. El documento, fechado el 22 de enero de 2026 y titulado “Resolución N.º 2026/1”, describe la creación de una autoridad supranacional con control absoluto sobre Gaza, al margen de cualquier supervisión real de Naciones Unidas y sin representación política palestina efectiva.
Según el borrador obtenido por Drop Site a través de tres fuentes con contacto directo con autoridades estadounidenses e israelíes, el llamado Consejo de la Paz (Board of Peace), presentado oficialmente por Donald Trump durante el Foro Económico Mundial de Davos, asumiría plenos poderes legislativos, ejecutivos y judiciales sobre Gaza, incluyendo facultades de emergencia. El objetivo declarado es transformar el territorio en una zona “desradicalizada, desmilitarizada y libre de terrorismo”, una formulación que, en la práctica, condiciona todos los derechos civiles y políticos a criterios definidos unilateralmente por Washington.
El documento establece una estructura jerárquica encabezada por Trump como presidente del Board of Peace, con una junta ejecutiva facultada para crear, modificar o derogar leyes civiles y penales en Gaza. Entre sus miembros figuran altos cargos estadounidenses y aliados estratégicos, como el secretario de Estado Marco Rubio, el ex primer ministro británico Tony Blair, Jared Kushner, el presidente del Banco Mundial Ajay Banga y asesores vinculados al sector financiero e inmobiliario internacional. Ningún palestino forma parte del órgano decisorio central, aunque sí se concede un asiento al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, pese a su situación judicial internacional.
El plan de gobernanza de Gaza también contempla la creación de un Comité Nacional para la Administración de Gaza, presentado como un ente “tecnocrático y apolítico” integrado por palestinos cuidadosamente seleccionados, pero subordinado a un Alto Representante designado desde el exterior. Este esquema reduce la participación palestina a funciones técnicas, sin capacidad real de decisión, reforzando una lógica de administración colonial bajo nuevos ropajes institucionales.
Uno de los aspectos más controvertidos del plan es la imposición de criterios de “elegibilidad” para acceder a la gobernanza, la reconstrucción, la ayuda humanitaria o el desarrollo económico. Cualquier individuo u organización que, a juicio del Board of Peace, haya tenido vínculos con Hamás u otros grupos considerados terroristas quedaría automáticamente excluido, sin mecanismos claros de apelación ni estándares probatorios transparentes. Esta ambigüedad otorga a la autoridad estadounidense un poder discrecional absoluto sobre la vida política y social de Gaza.
El documento también prevé la creación de “zonas humanitarias” y corredores civiles controlados por una Fuerza Internacional de Estabilización, liderada por un general estadounidense y sometida exclusivamente a la aprobación del presidente del Board. El acceso a estas zonas, así como a recursos básicos y ayuda internacional, quedaría condicionado al cumplimiento estricto del plan y a la aceptación de la nueva arquitectura de poder.
Martin Griffiths, ex subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, advirtió que la resolución consolida un sistema en el que los palestinos quedan reducidos a ejecutores de decisiones ajenas, privados una vez más de cualquier control sobre su propio destino. Mientras Israel ocupa un lugar central en la estructura, los habitantes de Gaza desaparecen del nivel político y estratégico del diseño institucional.
Lejos de representar un proceso de paz, la resolución filtrada sugiere la formalización de un protectorado de facto, donde la reconstrucción se subordina a intereses geopolíticos, financieros y de seguridad definidos desde fuera. El plan de gobernanza de Gaza, tal como está concebido, no apunta a la autodeterminación ni a una solución duradera, sino a la gestión permanente de un territorio sometido, bajo la retórica de la estabilización y la reconstrucción.
En este marco, la referencia a 1 Tesalonicenses 5:3 no opera como profecía ni como invocación teológica, sino como una agenda vigente. El enunciado “paz y seguridad” describe con precisión el lenguaje político que legitima arquitecturas de poder extraordinarias, presentadas como inevitables y moralmente incuestionables. El plan de Trump para Gaza reproduce ese esquema: una paz falsa definida desde arriba, administrada por élites externas y sostenida por mecanismos de exclusión, control y fuerza. Más que resolver el conflicto, institucionaliza su gestión permanente, convirtiendo la promesa de paz en el instrumento mismo de la dominación.
Notas a pie de página
- Jonathan Whittall, en Drop Site News: Exclusive: Leaked “Board of Peace” Resolution Outlines U.S.-Led Plan to Rule Over Gaza. 26 de enero de 2026.