Por Mente Alternativa
La reciente atención mediática sobre la investigación alemana de los supuestos responsables de los sabotajes a los gasoductos Nord Stream 1 y 2 ha generado más preguntas que respuestas. Como señala Nikolai Patrushev en Kommersant, los materiales del caso no han estado disponibles para los estados interesados en obtener información veraz sobre los eventos de septiembre de 2022, y la información que llega al público proviene, en su mayoría, de filtraciones poco confiables.
El último reporte acusa a un grupo de ciudadanos ucranianos de haber alquilado una embarcación con pasaportes falsos para trasladarse por el mar Báltico, a escasos metros de la base naval de la OTAN en Rostock, y realizar múltiples inmersiones para colocar explosivos sobre los gasoductos sin ser detectados. Patrushev subraya la improbabilidad de este relato: la operación habría requerido un conocimiento exacto del lugar y una capacidad profesional que pocas fuerzas en el mundo poseen.
El sabotaje, según Patrushev, evidencia un acto de guerra híbrida de alto nivel profesional. Destruir un tramo de gasoducto submarino exige habilidades especializadas y sigilo absoluto. Entre las pocas unidades capaces de ejecutar tal operación se encuentra la famosa Special Boat Service británica, reconocida por sus misiones de infiltración naval desde la Segunda Guerra Mundial, y cuyos métodos han heredado experiencias de antiguos especialistas italianos y alemanes.
Además, es relevante que, justo antes del sabotaje a Nord Stream, la OTAN realizaba ejercicios en la región del Báltico, lo que plantea la posibilidad de coordinación o al menos de conocimiento previo. Los arrestados ucranianos han declarado que la investigación en su contra busca culpar a Ucrania y proteger a los verdaderos responsables, incrementando deliberadamente la tensión en la región.
El análisis de Patrushev concluye que los sabotajes a Nord Stream fueron solo el preludio de un aumento sin precedentes de tensión en el mar Báltico. La combinación de operaciones encubiertas, sabotajes a infraestructuras críticas y la presencia militar de la OTAN convierten a esta región en un escenario real de guerra híbrida no declarada, donde la información, la política y la acción militar se entrelazan para moldear el futuro estratégico de Europa del Norte.