Por José Luis Preciado
El alivio efímero que ha supuesto el anuncio del memorándum de entendimiento (MOU) entre Estados Unidos e Irán no debe confundirse con una paz duradera. Como señalan analistas como Dennis Small y Harley Schlanger, de La Organización LaRouche, la causalidad fundamental que subyace a los conflictos bélicos contemporáneos, desde Ucrania hasta el suroeste de Asia, no es la guerra en sí misma, sino la crisis económica sistémica que aqueja al mundo. Este análisis, que invierte la narrativa dominante, nos obliga a mirar más allá de los titulares y los acuerdos coyunturales para comprender que la paz solo será posible cuando se aborden las raíces profundas de la desintegración social y financiera.
El acuerdo, celebrado por Pakistán y formalizado mediante una firma electrónica que refleja la premura de las partes, es descrito por Small como el resultado de un callejón sin salida para Donald Trump. La incapacidad de derrotar militarmente a Irán, sumada a la presión de una economía que se desmorona y la necesidad de contener un conflicto que podría incendiarlo todo, forzaron a Washington a ceder. Aaron Maté, en su lúcido análisis para The Grayzone, lo califica como una «pausa, no una paz», un retorno al statu quo ante que deja los asuntos más espinosos, como el programa nuclear y las sanciones, para una negociación posterior que, sin un cambio de paradigma, está condenada al fracaso. La razón es sencilla: el establishment bipartidista en Washington y el poderoso lobby proisraelí siguen comprometidos con la hegemonía en la región, una meta incompatible con el respeto a la soberanía iraní y la autodeterminación palestina.
La fragilidad del pacto es inmediatamente evidente al observar el papel de Israel, el actor disidente por excelencia. Carl Osgood y Stewart Battle, de EIR, reportan la reacción unánimemente negativa de la cúpula política israelí. El ministro de Defensa, Israel Katz, y el primer ministro, Benjamín Netanyahu, han dejado claro que no se sienten vinculados por el acuerdo, que no lo cumplirán, y que sus tropas permanecerán en el sur de Líbano, desafiando abiertamente a su aliado estadounidense. Esta postura, que busca sabotear cualquier entendimiento, no es un mero capricho, sino una manifestación de la doctrina de seguridad israelí que, como bien apunta Maté, «aspira a resultados decisivos en lugar de compromisos y concesiones».
El exoficial de inteligencia israelí Ari Ben-Menashe afirmó en entrevistas para los programas Going Underground (emitido en RT) y CN Live! del sitio web Consortium News que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, está dispuesto a publicar material inédito de los archivos de Jeffrey Epstein para sabotear cualquier acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán que no se alinee con los intereses de Israel. Según Ben-Menashe, este material comprometedor involucraría al presidente Trump y a otros altos funcionarios del gobierno estadounidense, y su posible filtración se usaría como una herramienta de chantaje para presionar a Washington.
La estrategia de Netanyahu, como subrayan tanto Small como el análisis de Alexei Pilko, del Grupo de Comunicación EKC, se basa en la provocación para forzar una reacción iraní que descarrile el proceso, demostrando que su supervivencia política y la expansión del «Gran Israel» y sus metaoperadores, de la aristocracia británica, europea, y las familias de poder estadounidenses, están por encima de la estabilidad global. La guerra no es un accidente, sino una herramienta deliberada para perpetuar el statu quo de crisis y control.
Sin embargo, la verdadera razón de la debilidad de este acuerdo, y la clave para entender el mundo actual, reside en la crisis financiera que Dennis Small desglosa con precisión quirúrgica. El cáncer especulativo mundial, representado por un océano de derivados que podría superar los 2.500 billones de dólares, ha hecho metástasis al sector de los bonos del Tesoro de EE.UU., una evolución que está forzando a la Reserva Federal a comprar deuda y a acortar los plazos de vencimiento, una receta probada para el desastre financiero. Esta dinámica, alimentada por una inflación imparable y el aumento de las tasas de interés, está creando un escenario de insolvencia masiva. El presupuesto federal de EE.UU., donde el gasto militar y el pago de intereses devoran más de un tercio del total, es un ejemplo flagrante de una economía caníbal que se devora a sí misma. Esta no es una crisis coyuntural; es la crisis sistémica que, como advierte Small, provoca las guerras. La necesidad de recursos, la desesperación por mantener un sistema financiero insostenible, y la competencia por mercados y rutas energéticas son los verdaderos combustibles de los conflictos. La guerra no es la causa de la inflación y la escasez, sino su consecuencia más brutal.
La dimensión geoestratégica de esta crisis se manifiesta en el control del estrecho de Ormuz y el desafío al dominio financiero anglosajón. Thierry Meyssan, en su análisis del pensamiento estratégico iraní, detalla cómo los Guardianes de la Revolución han convertido el control del estrecho en una palanca de su revolución antiimperialista. No se trata solo de un peaje, sino de someter a los aliados de Estados Unidos a una disyuntiva: violar el embargo financiero impuesto por el Tesoro estadounidense o colapsar económicamente por la falta de energía. Esta maniobra, que busca desacoplar a los aliados de la hegemonía de Washington, ha provocado una ruptura entre Estados Unidos e Israel, cuyo gobierno se ha visto forzado a una posición de subordinación jerárquica, tal como concluye Meyssan. La capacidad de Irán para imponer esta dinámica no es un acto de agresión gratuito, sino una respuesta a décadas de asedio que ha llevado a la población iraní a una situación de penuria, demostrando que la resistencia no es solo militar, sino también económica.
Frente a este panorama de conflictos y crisis interconectados, emerge una alternativa lúcida y transformadora: el Plan Oasis Extendido. Propuesto por el Instituto Schiller y Helga Zepp-LaRouche, y retomado por La Organización LaRouche, este plan no es una simple tregua, sino la base económica para una paz duradera. Stewart Battle recoge el llamado de Zepp-LaRouche a «poner sobre la mesa la perspectiva del desarrollo económico para cambiar la dinámica de manera permanente». Este plan, que busca resolver la escasez de agua mediante proyectos de desalinización y canalización a gran escala, no es un proyecto aislado. Se inserta en la visión de un «puente terrestre mundial» y la Nueva Ruta de la Seda, una iniciativa que Helga Zepp-LaRouche ha promovido incansablemente como «la Dama de la Seda». La idea central, apoyada por figuras como el ex primer ministro turco, Ahmet Davutoğlu, y el ex viceministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Mohamed Hegazy, es que la seguridad no puede basarse en la muerte, sino en la vida. Hegazy lo expresa con claridad: «la seguridad está cada vez más vinculada a la seguridad alimentaria, hídrica, energética, las cadenas de suministro y la estabilidad económica». La propuesta es un salto cualitativo, un cambio de axiomas que pasa de la lógica de la confrontación y el control a la lógica de la cooperación y el beneficio mutuo.
Sin embargo, esta iniciativa está siendo atacada, advierte el historiador Harley Schlanger. El Instituto Schiller y Helga Zepp-LaRouche han sido identificados por un centro de pensamiento vinculado a la OTAN como una amenaza para el orden económico existente debido a sus propuestas de paz, como el «Plan Oasis extendido» y proyectos de desarrollo conjunto. Según la narrativa, estos son percibidos como peligrosos no porque lo sean, sino porque representan una alternativa al status quo financiado por quienes pagan a los analistas de dichos centros de pensamiento.
“Participé el domingo en una simulación de la confederación Israel-Palestina, donde presenté la propuesta de los grandes proyectos y el Plan Oasis. Fue respaldada por la mayoría de los aproximadamente veinticinco participantes que representaban a Israel y Palestina en el gobierno simulado de la confederación. Dondequiera que llevamos este plan, la gente coincide en que este es el enfoque que se necesita—no la matanza, no el asesinato de bebés… La pregunta entonces es por qué no se está poniendo este plan en un lugar más destacado de la agenda. Eso nos lleva a la cuestión fundamental de qué es Israel y qué es el sionismo. Esto se remonta al período posterior y, en particular, a mediados de la Primera Guerra Mundial, cuando se estaban trazando los planes para la era de posguerra. La cuestión clave era quién reemplazaría al Imperio Otomano en esta encrucijada entre África, Asia, Eurasia y Europa. El plan británico era mantenerlo bajo control británico. Con ese fin, establecieron el tratado Sykes-Picot en 1916, que creó las fronteras de los estados existentes en Oriente Medio. Luego, en 1917, se emitió la Declaración Balfour por parte del ministro de Asuntos Exteriores británico en una carta a Lord Walter Rothschild, que pedía el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina… Al unir estos dos hechos, uno se da cuenta de que desde 1920 hasta 1948 hubo un mandato británico en Palestina. En lugar de preparar el camino para la cooperación conjunta—ya sea una solución de dos estados o de un solo estado—los británicos enfrentaron constantemente a los sionistas contra una población palestina desesperada. Y así, desde 1948 con la creación del estado de Israel hasta el presente, ha habido una guerra continua.”
En conclusión, el memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, aunque bienvenido como un respiro, es un espejismo que oculta una realidad mucho más profunda y peligrosa. La verdadera guerra, la que libran los sistemas financieros en quiebra, las políticas de hegemonía fracasadas y las ideologías de odio, continúa su curso. Para evitar un futuro de conflictos perpetuos y desintegración social, debemos tener la claridad para reconocer que la crisis económica sistémica es el motor de las guerras. Solo entonces podremos abrazar soluciones a la altura del desafío, como el Plan Oasis Extendido, un proyecto que, al unir el desarrollo productivo, la soberanía nacional y la cooperación internacional, ofrece una senda viable para salir de la barbarie y construir un nuevo orden basado en la dignidad humana. El tiempo para el análisis superficial se ha agotado; la hora de la acción transformadora ha llegado.
Fuentes consultadas
1. Small, Dennis. «Las guerras no causaron la crisis económica; la crisis económica causa guerras«, EIR, 15 de junio de 2026.
2. Schlanger, Harley. «Spinning the Iran Deal«. The LaRouche Organization, 16 de junio de 2026.
3. Osgood, Carl. «Israel Sees Only Failure in US-Iran MOU«. Executive Intelligence Review (EIR), 16 de junio de 2026.
4. Maté, Aaron. «Trump’s Iran deal is a pause, not peace«. The Grayzone, 16 de junio de 2026.
5. Osgood, Carl. «US-Iran Agreement«. Executive Intelligence Review (EIR), 15 de junio de 2026.
6. Battle, Stewart. «US and Iran Announce End to War. but Are You Actually Serious About Real Peace?«. Executive Intelligence Review (EIR), 15 de junio de 2026.
7. Meyssan, Thierry. «El pensamiento estratégico iraní«. Red Voltaire, 16 de junio de 2026.
8. Alexei Pilko «Иран и США заключили сделку, Израиль против, Лукашенко критикует Ватикан и еврейское лобби«. Filippovskiy 13, 16 de junio de 2026.