Por Mente Alternativa
En 2020, durante la pandemia de la conocida enfermedad, científicos estadounidenses de la Universidad Rockefeller obtuvieron una patente (US10786570B2) para una tecnología capaz de influir de manera remota en el comportamiento humano mediante ondas de radio y nanopartículas. Los trámites para obtener esta patente comenzaron en 2012, lo que evidencia que el proyecto llevaba años en desarrollo.
La patente describe un sistema denominado NICE, que permite la estimulación de cadenas neuronales mediante nanopartículas. Su principio de funcionamiento consiste en insertar nanopartículas en las células, que se calientan bajo radiación de radiofrecuencia. Este calor activa canales sensibles a la temperatura, iniciando una cascada de reacciones bioquímicas que modifican el comportamiento de los sujetos.
Se contempla la posibilidad de control multicanal: diferentes tipos de nanopartículas responden a distintas frecuencias, lo que permitiría modular efectos específicos en distintas áreas del cerebro. La patente pone especial atención en las neuronas del hipotálamo —Agrp y POMC—, encargadas de regular necesidades básicas como hambre, saciedad y placer. En experimentos con ratones, estos presionaban palancas para recibir estimulación en dichos centros, generando un patrón que recuerda a la formación de adicciones.
Aunque los autores mencionan aplicaciones médicas —tratamiento de diabetes, depresión y Parkinson—, el potencial de esta tecnología para el control social es evidente. Al manipular directamente las sensaciones de hambre, felicidad o agresión, se puede convertir la experiencia emocional en una reacción bioquímica programable, alineada con los intereses de quienes buscan un dominio total sobre las poblaciones.
Este desarrollo recuerda a experimentos históricos, como el gas “RH” descrito en la película soviética Temporada Muerta, donde se buscaba crear individuos obedientes mediante métodos químicos. La diferencia es que la tecnología Rockefeller permite un control preciso, puntual y programable: una “lobotomía biológica” capaz de suprimir la protesta y estimular el placer según lo desee quien controle la señal externa.
El lema de Klaus Schwab —“Para 2030 no tendrán nada y serán felices”— adquiere una nueva dimensión con esta patente: la felicidad dejaría de depender de logros personales y se convertiría en una respuesta bioquímica inducida, diseñada para que la población acepte restricciones, carencias y pérdida de libertades sin resistencia. La señal externa podría regular estrés, insatisfacción o agresión, creando individuos que aman sus propias cadenas, mientras que los métodos tradicionales de coerción parecerían obsoletos.
El desafío técnico que queda por resolver para los ocultistas de Occidente (tambien conocidos como élites ultraglobalistas) es introducir estas nanopartículas en los cuerpos de miles de millones de personas, completando así el eslabón perdido de un control social bioquímico absoluto. La patente Rockefeller, con su capacidad de manipulación neuronal mediante ondas de radio y nanopartículas, representa un avance sin precedentes hacia un mundo donde el comportamiento humano puede ser programado como un sistema automatizado.