Por José Luis Preciado
El redactor que enhebra el hilo escarlata que conecta el colosal rescate bancario de 2008, el Pacto Verde Europeo y el actual impulso hacia la guerra mundial es Mark Carney, el antiguo gobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra, actual primer ministro de Canadá y el agente más conspicuo de la aristocracia británica en esta deriva belicista. Desde su famoso discurso en el Foro de Davos, donde admitió sin ambages el fraude del «orden basado en reglas», Carney se ha erigido en el arquitecto de una nueva arquitectura financiera que, bajo el eufemístico nombre de «Banco para la Defensa, la Seguridad y la Resiliencia» (DSRB), no es sino el banco para financiar la Tercera Guerra Mundial. El artículo que Carney y el primer ministro de Luxemburgo, Luc Frieden, publicaron en el Financial Times el 24 de junio de 2026 debería haber abierto los ojos a todos: la propuesta de canalizar cantidades ingentes de capital financiero hacia la producción militar, apuntalada por garantías gubernamentales que se financian esquilmando el nivel de vida de las poblaciones, repite el siniestro patrón que el banquero nazi Hjalmar Schacht implementó en la Alemania de los años treinta. No es casualidad que la idea, originariamente rechazada por Alemania y Francia en diciembre de 2024, haya sido rescatada ahora por Carney: el sistema financiero, con su burbuja especulativa de 2,4 cuatrillones de dólares, está en bancarrota y solo un rearme masivo puede proporcionar el salvavidas que necesita.
La cumbre de la OTAN en Ankara, celebrada los días 6 y 7 de julio de 2026, ha confirmado los peores presagios. Nueve países, entre ellos Albania, Bélgica, Grecia, Letonia, Luxemburgo, Rumanía, Turquía y Ucrania, han prometido su apoyo al DSRB, un banco que aspira a obtener una calificación crediticia triple A para ofrecer préstamos a bajo interés destinados a proyectos de defensa, con el objetivo explícito de «desbloquear inversiones, fortalecer nuestra base industrial de defensa y garantizar que Canadá y nuestros Aliados tengan la capacidad para enfrentar los desafíos de un mundo más peligroso y dividido». La declaración final de la cumbre, que califica a Rusia como una «amenaza a largo plazo» para la seguridad euroatlántica, ha comprometido más de 50.000 millones de dólares en nuevas adquisiciones militares y ha prometido 70.000 millones de euros en equipamiento y asistencia para Ucrania durante 2026, consolidando así un giro hacia una economía de guerra que los analistas ya denominan la “OTAN 3.0″. Sin embargo, el DSRB no cuenta aún con el respaldo de las grandes potencias del G7, salvo Canadá, lo que revela una fractura interna y una desesperación por mantener la cohesión de la Alianza a través del único pegamento que parece funcionar: la guerra.
Mientras la OTAN blinda su industria bélica, los frentes calientes se multiplican y se agravan. Tal como advirtió Trita Parsi, vicepresidente del Instituto Quincy, la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán no ha sido un fracaso accidental de los acuerdos, sino el resultado de una interpretación fundamentalmente diferente del memorando de entendimiento firmado el 17 de junio. Para Washington, la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz es innegociable; para Teherán, el control nominal del estrecho constituye su principal palanca estratégica, y cualquier concesión equivaldría a un desmantelamiento de su poder de disuasión. La decisión de Estados Unidos de organizar una «Ruta Sur» a través de aguas omaníes, eludiendo el control iraní, ha sido respondida con ataques a buques y un incremento de las acciones militares que han llevado al Tesoro estadounidense a revocar la licencia para exportar petróleo iraní, mientras el Comando Central de las Fuerzas Armadas de EE.UU. ha lanzado ofensivas contra objetivos en Bushehr, Bandar Abbas y Chabahar. La advertencia de que cada petrolero en Ormuz se convertiría en una prueba de poder se ha cumplido: el tráfico marítimo prácticamente se ha detenido, y solo los buques que siguen la ruta autorizada por Irán se mueven, mientras el corredor omaní permanece desierto.
La escalada no se limita al estrecho. La cumbre de Ankara también ha supuesto un giro radical en la postura de Trump hacia Ucrania, pasando de la crítica abierta a Zelenski a una autorización para que Ucrania fabrique misiles interceptores Patriot, un movimiento que, según el Financial Times, ha generado un optimismo cauteloso entre los aliados europeos. Sin embargo, este optimismo se basa en una lectura errónea de la realidad del frente, donde la crisis en la defensa aérea rusa no implica una derrota, sino una escalada que exige una respuesta más contundente de Moscú. La declaración de la OTAN, lejos de ser una sorpresa, es la continuación lógica de una línea de confrontación que ya se había manifestado en las reuniones del G7 en Ontario y Évian, y que ahora se concreta en una preparación para una guerra ofensiva contra Rusia, en la que los tambores de guerra redoblan sin cesar. El entierro del líder espiritual iraní, Seyyed Ali Hussaini Khamenei, ha solidificado la resistencia de toda la sociedad iraní, y el grito de «Muerte a los compromisarios» resuena con fuerza, ahogando cualquier posibilidad de una salida negociada.
Pero el peligro más inmediato y devastador no es solo balístico. Como hemos advertido en MA, la economía mundial se precipita hacia un colapso de proporciones bíblicas, desencadenado por el disparo de los precios del petróleo y, más preocupante aún, por la aguda escasez de suministros físicos de petróleo, gas natural y fertilizantes, consecuencia directa de las guerras de agresión de la OTAN en Ucrania e Irán. Helga Zepp-LaRouche, del Instituto Schiller, ha sido tajante: el impacto en la economía mundial y en la producción de alimentos ya era severo antes de la reanudación de las hostilidades, y ahora, con la perspectiva de que el memorando de entendimiento con Irán haya expirado, nos enfrentamos a una guerra de desgaste que podría prolongarse indefinidamente, con el Estrecho de Ormuz en juego y un sistema financiero internacional que amenaza con estallar. La solución, como sostiene el geoestratega Dennis Small, pasa por la reestructuración concursal de todo el sistema financiero transatlántico, una política que Lyndon LaRouche ha defendido durante décadas y que implica sacar al elefante de la sala —esa burbuja de 2,4 cuatrillones de dólares— para restablecer políticas de crédito al estilo del Sistema Americano que fomenten el desarrollo industrial de alta tecnología. Esta metodología, que busca la paz mediante el desarrollo que beneficia a todas las partes, también se aplicaría al problema de la migración masiva, creando 1.000 millones de nuevos puestos de trabajo productivos en África en los próximos 25 años.
En este contexto, la propuesta del The Economist de restaurar el poder oligárquico en Rusia, presentando al multimillonario Andrei Melnichenko como un posible «salvador», revela la estrategia occidental de ampliar el círculo de toma de decisiones en Moscú para incorporar a actores del gran capital, un retorno al modelo oligárquico que los globalistas consideran un «futuro posible» para Rusia, mientras se evocan los espectros de 1905 y 1917. Pero esta maniobra, que busca desestabilizar el orden político ruso desde dentro, choca con la realidad de una sociedad que ha enterrado a su líder espiritual y que exige venganza, y con un presidente estadounidense que, tras la cumbre de Ankara, ha declarado que ha terminado de negociar con los iraníes porque son «escoria”. La paradoja es que, mientras el Banco para Financiar la Tercera Guerra Mundial se pone en marcha, el mundo se encamina hacia una tormenta perfecta: guerra, inflación, escasez de alimentos y un colapso financiero que, como el elefante en la sala, todos ven pero nadie quiere nombrar, y que solo podrá superarse mediante una reorganización radical y valiente del sistema económico global, o mediante la catástrofe definitiva.
Fuentes consultadas
Executive Intelligence Review (EIR). Strategic Alert, Volumen 40, No. 27, 2 de julio de 2026.
Reuters. «Nine countries commit to global defence bank, says Canadian PM Carney«, 7 de julio de 2026.
Infodefensa. «La OTAN acuerda en Ankara acelerar su rearme con más de 50.000 millones y promete 70.000 millones para Ucrania«, 8 de julio de 2026.
LISA News. «Claves de la Cumbre de la OTAN 2026 en Ankara: nace la «OTAN 3.0»«, 8 de julio de 2026.
Военное обозрение. «Tras la cumbre de la OTAN en Ankara, Rusia fue calificada como una ‘amenaza a largo plazo’ para la alianza«, 7 de julio de 2026.
Small, Dennis. «A Policy for Getting the Elephant Out of The Living Room”. EIR News. 8 de julio de 2026.
The Economist. “The man who would change Russia”. 9 de julio de 2026.
The Economist. “A top oligarch breaks his silence. An interview with Andrey Melnichenko on the future of Russia”. 9 de julio de 2026.