Oscuro Claro
La reunión de la OTAN en Ankara no solo ha exacerbado los conflictos en Ucrania e Irán, sino que ha declarado una tercera guerra, la más letal, contra la economía productiva mundial.

Por José Luis Preciado

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), reunida en Ankara los pasados 7 y 8 de julio, no se ha limitado a gestionar crisis, sino que ha reiterado la guerra en tres frentes simultáneos. Así lo advierte el geoestratega Dennis Small en la publicación *EIR*, al señalar que las decisiones adoptadas en la cumbre contenían, como las anteriores «soluciones» para Ucrania e Irán, las semillas de su propia destrucción, abocando al mundo a una escalada imparable. El primer teatro de operaciones, el europeo, ha visto cómo la OTAN aprobaba la construcción de misiles Patriot en territorio ucraniano, una concesión a la demanda constante de Zelenski y sus aliados británicos, al tiempo que Alemania, en un movimiento de una temeridad supina, acordaba la compra de 400 misiles Tomahawk a Estados Unidos por 1,2 billones de dólares. Estos misiles de alcance intermedio, capaces de portar ojivas nucleares, serán desplegados a escasos kilómetros de Rusia, materializando la escalada que Moscú llevaba años denunciando y que el Canciller Merz, al declarar que Alemania está en guerra con Rusia, ha confirmado como un hecho consumado. La analista Elena Panina añade una capa más de gravedad al describir la creación del sistema único de defensa antimisiles «Frejya», una arquitectura integrada que aglutina a diez países europeos y Ucrania, y que según el líder del régimen de Kiev, «creará una situación estratégicamente nueva». Esta integración, advierte Panina, borra la línea entre el «teatro de operaciones ucraniano» y el «europeo», haciendo que cualquier fecha para un conflicto directo con la OTAN sea irrelevante; la guerra, simplemente, se expande de manera gradual por todo el continente.

El segundo frente, el de Oriente Próximo, ha sido igualmente dinamitado por las decisiones de Ankara. El memorándum de entendimiento con Irán, que algunos ingenuos pudieron considerar un atisbo de paz, ha quedado reducido a letra muerta. Los ataques y contraataques entre Estados Unidos e Irán se han sucedido con una virulencia creciente, y la declaración de Trump de que el estrecho de Ormuz queda bajo control exclusivo de Estados Unidos, que cobrará un peaje del 20% por todos los productos que transiten, no es sino una provocación directa para el régimen de los ayatolás. Elena Panina se refiere a la restauración del bloqueo marítimo de Irán por parte de Estados Unidos, como un movimiento extremo que afecta al 50% de los ingresos del presupuesto iraní y que supone la quiebra de al menos cinco de los catorce puntos del acuerdo bilateral. La decisión de Trump de aniquilar Irán si se produce un atentado contra su persona, avivada por el supuesto «aviso» de la Mossad, no es sino el preludio de una espiral de violencia que ya ha visto cómo más de 40 millones de iraníes e iraquíes salían a las calles para el funeral del ayatolá Jamenei, y cómo la geografía del conflicto se extiende al estrecho de Bab el Mandeb, con ataques a Arabia Saudí por parte de los hutíes. Esta escalada tiene un impacto inmediato y brutal en la economía global: el precio del petróleo se ha disparado, y el barril de Brent se acerca ya a los 90 dólares, con amenazas de nuevas sanciones a Rusia que tensionan aún más el mercado.

Sin embargo, el tercer frente, el más olvidado y quizás el más letal, es el de la economía mundial. Dennis Small insiste en que la reunión de la OTAN ha atizado lo que denomina el «elefante en la sala»: el colapso económico, agravado por las decisiones de rearme y gasto militar especulativo. La propuesta de Mark Carney de crear un banco de la OTAN para la seguridad y la defensa, que emitiría un billón de dólares anuales no para actividades productivas, sino para compra de armas, es la quintaesencia de la economía «shactiana»: una política que mantiene la burbuja especulativa, hunde la economía productiva y fortalece únicamente al complejo militar-industrial-financiero. Este desvío masivo de recursos hacia la guerra está provocando una caída de la «densidad relativa potencial de población», una medida de la capacidad de una economía para mantener a su población con condiciones de vida en mejora. Las consecuencias son los cuatro jinetes del Apocalipsis: guerras, epidemias, despoblación y emigración masiva, como se está viendo en Ucrania, que ha perdido posiblemente 15 millones de personas, o en Albania, que ha visto reducida su población en un tercio. La lógica de destruir la demanda para ajustar la oferta, que el Instituto de Asuntos Energéticos celebra como un éxito al cerrar gasolineras en Asia y paralizar la agricultura, es la lógica fascista de una economía que, como señala Small, prefiere enviar a millones a campos de concentración antes que garantizar su subsistencia. La UNESCO confirma que en 113 países, el servicio de la deuda supera ya al gasto en educación, y la Reserva Federal, incapaz de bajar los tipos de interés, se enfrenta a la perspectiva de un crack financiero sea cual sea su decisión, mientras el mercado inmobiliario estadounidense se colapsa.

En este contexto de tormenta perfecta, surgen sin embargo fisuras en el poder estadounidense que podrían ofrecer una salida. La integración total de los servicios de inteligencia y militares de Estados Unidos con Israel, impulsada en la ley de defensa nacional (NDAA), ha encontrado una feroz oposición, liderada por figuras como el congresista Thomas Massie y la candidata presidencial larouchista Diane Sare, quien ha calificado la medida como una amenaza para la seguridad nacional al fusionarse con un estado que comete genocidio. Incluso congresistas tradicionalmente proisraelíes como Adam Smith han mostrado su rechazo a la deriva de Netanyahu, abriendo una brecha política que, junto a las elecciones en Perú y el papel crucial que podría jugar Brasil bajo el liderazgo de Lula, ofrece un atisbo de esperanza para una reorientación estratégica. Carlos III, un monarca que Richard Freeman describe en EIR como un fanático de la Casa de Windsor que odia a Rusia y que ha sostenido siete reuniones privadas con Zelenski para orquestar la escalada, emerge como un actor central en esta dinámica de guerra total. La advertencia del gobierno ruso, a través de voces como la de Lavrov o Patrushev, es clara: la reserva de buena voluntad para negociaciones con Occidente se ha agotado definitivamente. La solución, sugiere Small, no reside en obsesionarse con las fisuras, sino en recuperar la tradición de estadistas estadounidenses como John Quincy Adams, Franklin D. Roosevelt o el propio Lyndon LaRouche, para forjar una alternativa a la guerra. Como señaló Patrushev, los «euronazis» de Europa no quieren ningún acuerdo, y su influencia es la que está empujando al mundo hacia el abismo.

Fuentes consultadas

Dennis Small. La OTAN declara la guerra en tres frentes. EIR. 3 de julio de 2026.

Elena Panina. Europa y Ucrania planean crear un sistema único de defensa antimisiles. Russtrat. 14 de julio de 2026.

Elena Panina. Gran Bretaña, Francia y Polonia forman el eje militar de Europa. Russtrat. 14 de julio de 2026.

Elena Panina. Estados Unidos restablece el bloqueo marítimo de Irán. Russtrat. 14 de julio de 2026.

Richard Freeman. King Charles III Steers Zelensky in Dangerous Escalation to Destroy Russia, Create Nuclear Showdown. EIR. 10 de julio de 2026.



Donar a Mente Alternativa
Artículos Relacionados
Total
0
Share