Oscuro Claro
La política hacia China se ha convertido en el campo de batalla donde Alemania y sus socios europeos dirimen una fractura geoeconómica de profundas consecuencias.

Por Mente Alternativa

El edificio de la política exterior común europea, levantado durante décadas con el artificio retórico de la unidad y la solidaridad entre socios, amenaza hoy con resquebrajarse por una de sus grietas más profundas: la que separa a Alemania del resto de la Unión Europea en torno a la política hacia China. Como ha documentado en detalle Claudio Celani en EIR a partir de un artículo de Financial Times, cuatro Estados miembros —Francia, España, Italia y los Países Bajos— han presentado un non-paper de cara a la reunión del Consejo Europeo del 5 de junio, un documento que constituye, según fuentes cercanas a las delegaciones, una auténtica declaración de guerra diplomática contra Berlín por su reticencia a endurecer su postura frente a Pekín. Este non-paper, emitido en vísperas de la misión comercial de alto nivel que la ministra de Economía alemana, Katharina Reiche, lidera hacia China, exige medidas drásticas contra el gigante asiático bajo el argumento de la “competencia desleal” y las denominadas capacidades excedentarias u overcapacity. La ironía geopolítica, sin embargo, es que Berlín se ha negado rotundamente a suscribir ese texto, evidenciando una divergencia que amenaza con paralizar la acción exterior común europea. Mientras Bruselas y las grandes capitales mediterráneas aprietan las tuercas del proteccionismo, Alemania recuerda a sus socios que Pekín es su primer socio comercial global, y que cualquier giro abrupto en la política hacia China podría desencadenar un terremoto en el corazón manufacturero del continente. Esta fractura, lejos de ser un episodio más de las habituales tensiones intracomunitarias, revela un desacoplamiento estratégico de primera magnitud: la locomotora económica europea navega en dirección opuesta al resto de la flota, y la pregunta que queda flotando en el ambiente de las cancillerías no es menor: ¿puede la Unión sobrevivir como actor geopolítico unitario si su miembro más poderoso sostiene una visión radicalmente distinta sobre el principal desafío comercial del siglo?

Para comprender esta encrucijada resulta indispensable remontarse a la fallida estrategia de de-risking del gobierno de Olaf Scholz. Aquel intento de reducir la dependencia alemana de China terminó siendo un sonoro fracaso: en lugar de disminuir, los lazos comerciales se fortalecieron, y el actual canciller Friedrich Merz, tras visitar Pekín a comienzos de año, ha operado un viraje pragmático hacia la “cooperación”. La misión de Katharina Reiche —en la que participan cuarenta consejeros delegados, directivos del Mittelstand y fundadores de startups— avanza con una agenda explícita de colaboración, aunque rindiendo tributo verbal a la narrativa del excedente de capacidad para apaciguar a las capitales del sur. Muy distinta es la posición de actores clave como Thyssenkrupp. Michael López, directivo de la multinacional germana, declaró en una entrevista emitida el 26 de mayo por el prestigioso programa político matinal MoMa de ZDF que “es muy importante que las relaciones económicas con China continúen de manera muy positiva”. López, hablando desde Pekín, subrayó que China es “un socio comercial muy, muy importante” y que el objetivo esencial pasa por garantizar un suministro fiable de materias primas críticas —como las tierras raras— así como regular la competencia. En una argumentación que merece ser citada extensamente por su lucidez estratégica, López afirmó: “Estoy firmemente convencido de que, así como la industria alemana llegó a China hace treinta años, estableció allí fabricación, formó a sus expertos y recibió un gran apoyo del gobierno chino, ahora hemos llegado al punto en que esto debería funcionar también en la otra dirección: deberíamos invitar a las empresas chinas a venir a Europa, a producir en Europa, para que cumplan su papel en la sociedad europea y alemana”. Tal planteamiento, que refleja el espíritu de toda la delegación —así lo esperan los organizadores—, se alinea con las conclusiones del reciente coloquio del Instituto Schiller celebrado en Berlín bajo el lema “Diálogo China-Europa sobre gobernanza global e intercambio civilizatorio y aprendizaje recíproco”. No obstante, ese mismo realismo convive con una defensa del intervencionismo industrial. López acogió con satisfacción los aranceles a la importación y la reducción de cuotas que entrarán en vigor en julio, pues considera imprescindible una política industrial europea que preserve producciones estratégicas como la siderurgia. Esta ambivalencia —mano tendida a la inversión china, mano firme en la protección de sectores sensibles— define la nueva política hacia China del gobierno alemán. En paralelo, la Cámara de Comercio Alemana en Pekín ha publicado los resultados de una encuesta relámpago entre sus empresas asociadas con motivo de la visita de Reiche. Dichas compañías solicitan al gobierno federal un respaldo activo para forjar alianzas con firmas chinas. Para algo más de la mitad de los encuestados, ese apoyo constituye el pilar más importante para el desarrollo de sus negocios en el país. Oliver Oehms, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Alemana en el norte de China, sintetiza la demanda: “Esperamos que la visita contribuya a llevar las percepciones obtenidas sobre el terreno al debate político en Berlín de manera focalizada, y a desarrollar aún más el intercambio bilateral”. Así, mientras Francia e Italia empujan hacia una confrontación abierta bajo el paraguas de la overcapacity, Alemania apuesta por una política hacia China de doble vía: cooperación pragmática y defensa industrial selectiva.

Pero esta fractura geoeconómica no puede entenderse plenamente sin examinar la narrativa que desde otras capitales europeas se ha construido para justificar el giro proteccionista. Como ha señalado Mente Alternativa a partir de las informaciones de Liu Yang y Tao Mingyang en el diario Global Times, ciertos miembros de la Unión Europea han intensificado recientemente su presión para adoptar medidas comerciales más severas contra Pekín, un movimiento que expone una visión distorsionada sobre China y una peligrosa tendencia a externalizar responsabilidades internas bajo una narrativa de victimismo. España, Francia, Italia, Países Bajos y Lituania circularon un documento conjunto antes de una reunión clave de la Comisión Europea para abordar cómo hacer frente a las supuestas prácticas comerciales desleales atribuidas a China. Dicho documento, sin mencionar explícitamente a Pekín, denunciaba que algunos de los principales socios comerciales del bloque están “imponiendo nuevas barreras comerciales o contribuyendo a la sobrecapacidad industrial estructural y sistémica”. Sin embargo, como señala la propia publicación británica Financial Times, los comisarios europeos acusan regularmente a China de exportar sobrecapacidad y presumen de que las medidas de defensa comercial se encuentran en su nivel más alto en casi dos décadas. Esta actitud, lejos de ser inocua, revela una estrategia narrativa destinada a desviar la atención de las profundas debilidades estructurales que aquejan a la industria europea. El profesor Jian Junbo, director del Centro de Estudios sobre las Relaciones China-Europa del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Fudan, explicó al Global Times que acusar a “ciertos socios comerciales principales” de generar sobrecapacidad o barreras comerciales es una clásica narrativa de victimismo que elude la propia responsabilidad europea en el declive industrial. Jian calificó esta postura como un enfoque equivocado que consiste en “hacer que otros tomen la medicina por la enfermedad propia”, y advirtió que culpar a actores externos solo oculta el hecho de que las reformas estructurales internas de la Unión llevan un retraso considerable. De hecho, un informe de la Confederación Europea de Sindicatos de 2024 reveló que la Unión perdió casi un millón de empleos manufactureros en solo cuatro años, y que estos recortes fueron “causados principalmente por la falta de apoyo específico para la industria europea”. Lejos de reconocer esta realidad, Bruselas ha convertido la acusación de “exportación de sobrecapacidad” en un relato fijo que ignora el propio entorno de altos costes y la menguante competitividad exportadora del bloque, reduciendo la compleja competencia del mercado a una simplista alegación de “injusticia china”. Lo más paradójico de esta visión distorsionada sobre China es que, al tiempo que se autodenominan víctimas de supuestas barreras comerciales, varios Estados miembros abogan por una postura de dureza sin precedentes. Según el documento filtrado por el Financial Times, las propuestas incluyen mecanismos para imponer aranceles más altos a las importaciones de manera más rápida y sencilla, así como el uso de poderosas herramientas de salvaguardia que puedan activarse ante un aumento repentino de las importaciones. Francia, bajo el liderazgo de Emmanuel Macron, ha ido más lejos al sugerir la creación de un instrumento tipo “sección 301” inspirado en el modelo estadounidense. Alemania, sin embargo, mantiene un debate interno sobre la revisión de sus vínculos con China y aún no ha firmado el documento, lo que evidencia las profundas divisiones internas en el seno de la Unión. Jian Junbo advirtió que forzar medidas comerciales tan radicales corre el riesgo de generar un callejón sin salida interno que terminaría dañando el crecimiento económico europeo en lugar de mejorar genuinamente su competitividad. El experto también subrayó que las recientes “pequeñas acciones” de la Unión contra China se han intensificado, deteriorando gravemente el ambiente positivo de cooperación bilateral.

Desde el Ministerio de Comercio chino, el portavoz He Yadong declaró el pasado 21 de mayo que si la Unión Europea fabrica un nuevo instrumento comercial contra China bajo el pretexto de la “sobrecapacidad”, en esencia estaría tratando de encubrir sus propias dificultades industriales y reprimir la competencia externa. Esta medida, advirtió, no solo dañará las relaciones económicas y comerciales entre China y la Unión, sino que también alterará la estabilidad de las cadenas globales de producción y suministro, y finalmente terminará volviéndose contra el propio desarrollo industrial europeo. En este contexto, la visita a China de la ministra de Economía y Energía alemana, Katherina Reiche, que se celebrará del 26 al 29 de mayo acompañada por una delegación de unos cuarenta representantes empresariales, adquiere una relevancia crucial. Según la Cámara de Comercio Alemana en China, el 51 por ciento de las empresas encuestadas considera que “crear un marco de apoyo para las asociaciones entre empresas alemanas y chinas” es la medida más importante que el gobierno alemán puede adoptar para respaldar su desarrollo comercial en el país asiático. El profesor Cui Hongjian, de la Academia de Gobernanza Regional y Global de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, ofreció un análisis esclarecedor al señalar que, dentro de la Unión Europea, los países con menores vínculos industriales con China y tendencias proteccionistas más fuertes son más propensos a generar fricciones comerciales, mientras que naciones como Alemania, que mantienen lazos industriales y comerciales más estrechos con Pekín, buscan una relación económica más equilibrada. Cui subrayó que las relaciones económicas y comerciales entre China y la Unión Europea son cada vez más complejas y diferenciadas, y no pueden ser dominadas por ningún factor único a corto plazo, manteniéndose en un estado de cooperación y competencia simultáneas. En medio de la turbulencia global actual, consolidar y expandir la base de cooperación bilateral, evitando que una competencia despiadada erosione las áreas de entendimiento mutuo, resulta fundamental para promover unas relaciones normales. Al mismo tiempo, Cui advirtió que China debe tomar respuestas precisas y las contramedidas necesarias contra el proteccionismo europeo, aplicando presión y corrección oportunas para que la Unión Europea reconozca claramente los beneficios de cooperar con Pekín y los costes de la confrontación, logrando así un equilibrio entre beneficio mutuo y contención. En abril pasado, fuentes cercanas al gobierno chino ya habían advertido al Global Times que “si la Unión Europea elige continuar por el camino del proteccionismo, China tomará contramedidas firmes para salvaguardar los intereses nacionales y los derechos legítimos de sus empresas”. El portavoz del Ministerio de Comercio, He Yadong, reiteró que la parte china siempre ha abogado por resolver las diferencias mediante consultas, pero que no permanecerá de brazos cruzados si sus intereses nacionales y los derechos legítimos de sus empresas resultan perjudicados. La visión distorsionada sobre China que hoy prevalece en ciertas capitales europeas no solo es intelectualmente frágil, sino profundamente contraproducente: hacer que otros tomen la medicina por la enfermedad propia nunca ha sido una receta viable en las relaciones internacionales, y en este caso, el único desenlace posible es un grave daño a la prosperidad compartida que durante décadas ha caracterizado el vínculo entre dos de las mayores economías del mundo. La Unión Europea debería, en lugar de persistir en esta peligrosa deriva, retornar al camino del diálogo y adoptar medidas que realmente beneficien el desarrollo de las relaciones comerciales sinoeuropeas, antes de que sea demasiado tarde. Porque lo que está en juego no es solo el futuro de la política hacia China, sino la propia capacidad de Europa para definir una estrategia autónoma en un mundo que ya no admite medias tintas entre la confrontación y la cooperación.

Fuentes consultadas

1. Claudio Celani, Germany and the EU Split on China, y Chinese Experts Tell the EU: Stop Complaining About Problems You Created; EIR, 27 de mayo de 2026.

2. Financial Times: “Germany and the EU Split on China”, 27 de mayo de 2026.

3. Entrevista a Michael López (Thyssenkrupp) en el programa Morgenmagazin (MoMa), ZDF, 26 de mayo de 2026.

4. Liu Yang y Tao Mingyang, “Certain EU members’ reported trade measures targeting China show ‘twisted view’”, Global Times, 26 de mayo de 2026.



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