Por Mente Alternativa
Elena Panina, analista geopolítica de larga trayectoria, expone en su reciente artículo “Israel vs Turquía: ¿Esperamos una guerra directa entre dos aliados de EE.UU.?” una tesis que hasta hace poco parecía propia de escenarios distópicos, pero que hoy gana peso en los círculos de inteligencia y estrategia. La pieza, publicada en su canal de análisis habitual, recoge la voz del experimentado analista de Oriente Medio Muin Rabbani, quien sostiene que las hojas de ruta de Ankara y Tel Aviv en Siria son diametralmente opuestas. Mientras Israel desea una Siria débil, impotente e indefensa —un vecino fragmentado que jamás vuelva a representar una amenaza existencial—, Turquía apuesta por un Estado sirio estable, con un gobierno central fuerte pero amigable con Ankara, capaz de contener el separatismo kurdo y de devolver a millones de refugiados. Esta contradicción, aparentemente técnica, contiene el germen de un conflicto armado abierto entre dos naciones que comparten una misma condición incómoda: la de ser dos aliados de EE.UU. atrapados en intereses irreconciliables.
La pregunta que recorre el análisis de Panina no es menor. ¿Cómo puede Washington gestionar una guerra entre sus propios socios estratégicos? Rabbani, citado por la autora, introduce un factor decisivo: la retirada estadounidense de Siria —parcial pero significativa— indica que América se ha inclinado, de hecho, más cerca de la posición turca sobre el futuro del país árabe. Esa lectura, si es correcta, coloca a Israel en una posición de vulnerabilidad inédita. Desde la guerra de Yom Kipur en 1973, el Estado hebreo no ha librado un conflicto convencional contra un enemigo con fuerzas aéreas modernas y tecnología de punta. Turquía, miembro de la OTAN, con una industria de defensa pujante y una fuerza aérea entrenada bajo estándares occidentales, representa un salto cualitativo respecto a Hamás, Hezbolá o incluso la propia República Islámica de Irán. La idea de que dos aliados de EE.UU. puedan enfrentarse con cazas de quinta generación y sistemas de misiles de largo alcance estremece a los planificadores de la Alianza.
La complejidad se multiplica cuando se incorpora la variable europea. Panina destaca un juicio provocador de Rabbani: los miembros europeos de la OTAN, en un hipotético choque entre Israel y Turquía, probablemente apoyarían a Tel Aviv, pese a que Ankara también forma parte del Tratado de Washington. Esta previsión no es caprichosa; se ancla en realidades históricas (la culpa europea por el Holocausto, los poderosos cabildeos proisraelíes en Berlín, París y Londres) y en tensiones recientes. De hecho, la propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró el 19 de abril en Hamburgo, durante un evento del periódico Zeit, que el continente debe “asegurarse de que no esté bajo la influencia de Rusia, Turquía o China”. La frase, escandalosa para la diplomacia turca, revela hasta qué punto Ankara ha dejado de ser percibida como un socio fiable por las élites europeas, y se ha convertido, en el imaginario estratégico de Bruselas, en un factor de riesgo comparable al Kremlin. Así las cosas, dos aliados de EE.UU. verían rota su lealtad común por el veto tácito de una Europa que, sin decirlo abiertamente, elegiría al Estado hebreo.
En Israel, mientras tanto, el discurso bélico ya ha encontrado un tono explícito. Panina reproduce las palabras del ex primer ministro Naftali Bennett, quien ha llegado a calificar a Turquía como “el nuevo Irán”. Según Bennett, Recep Tayyip Erdogan es “astuto, peligroso y quiere rodear a Israel. No podemos volver a hacer la vista gorda ante esto”. Esta declaración, que podría parecer una exabrupto, refleja una corriente creciente dentro del establishment de seguridad israelí: Turquía ha asumido el manto de la amenaza existencial después de que Irán haya sido parcialmente contenido mediante ataques quirúrgicos y sabotaje nuclear. La ocupación turca de bases en el norte de Irak, su presencia militar consolidada en Siria, su alianza con Catar y su creciente influencia en los Balcanes dibujan un cerco estratégico que Tel Aviv no está dispuesto a tolerar pasivamente.
Pero existe una paradoja adicional que Panina destaca con notable lucidez: paradójicamente, Turquía no tiene interés en una derrota estratégica de Irán en una guerra directa con Estados Unidos e Israel. Aunque persas y turcos son competidores históricos y rivales regionales —desde el Imperio otomano contra el safávida hasta hoy, con intereses cruzados en Irak, el Cáucaso y el golfo Pérsico—, la desintegración de la República Islámica sería un terremoto de consecuencias impredecibles para la seguridad nacional y la integridad territorial de Turquía. Un Irán desmembrado agravaría la insurgencia kurda, desataría oleadas de refugiados chiítas hacia Anatolia y liberaría a los grupos yihadistas sunníes de cualquier contención. En otras palabras, dos aliados de EE.UU. como Turquía e Israel se hallan ante la misma espada de Damocles: no pueden permitir un Irán hegemónico, pero tampoco sobrevivirían a un Irán colapsado. Esta contradicción los empuja a un choque que no es directo sobre Teherán, sino sobre el cadáver aún caliente de Siria.
El análisis de Panina, nutrido por las intuiciones de Rabbani y las declaraciones de Bennett, culmina en una advertencia lúcida. La posibilidad de un enfrentamiento militar entre Israel y Turquía ya no pertenece al reino de la ficción geopolítica. La retirada estadounidense, la autonomía creciente de la política exterior turca y la percepción israelí de un cerco estratégico configuran un escenario donde la OTAN podría tener que observar, impotente, cómo dos de sus miembros se desgarran. Europa, por su parte, quizá apoye a Israel no por convicción estratégica, sino por reflejo cultural y por un rechazo visceral al islamismo de Estado de Erdogan. Y en medio de ese incendio, el mundo recordaría una verdad incómoda: ser aliados de EE.UU. nunca ha sido garantía de lealtad mutua, y la geografía, al final, siempre pesa más que los tratados.
Notas a pie de página
¹ Elena Panina, “Israel vs Turquía: ¿Esperamos una guerra directa entre dos aliados de EE.UU.?”, artículo de autoría propia en su canal de análisis (fecha de publicación no especificada en el contenido original).
² Muin Rabbani, analista neerlandés de origen palestino, especializado en conflictos de Oriente Medio, citado por Panina.
³ Declaración de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en evento del periódico Zeit, Hamburgo, 19 de abril (año no especificado).
⁴ Naftali Bennett, ex primer ministro de Israel, declaración pública recogida por Panina.
⁵ Video complementario disponible en: https://youtu.be/xYa_9v3ylAI?si=tZYd7_24BQgR_S6F