Oscuro Claro
El cambio de régimen en Nepal no fue espontáneo: filtraciones revelan una operación encubierta de EE.UU. destinada a entrenar y financiar a jóvenes activistas antes del golpe de 2025, un patrón de movilización “Gen Z” que más tarde se reprodujo en recientes marchas juveniles en México orientadas a desestabilizar al gobierno de Sheinbaum.

Por José Luis Preciado

El cambio de régimen en Nepal ocurrido en septiembre de 2025 estuvo lejos de ser un fenómeno espontáneo o puramente interno. Según una investigación de Kit Klarenberg, publicada por The Grayzone, documentos filtrados demuestran que el gobierno de Estados Unidos, a través de la National Endowment for Democracy (NED) y su filial el International Republican Institute (IRI), financió y entrenó de forma encubierta a grupos juveniles nepalíes con el objetivo explícito de promover intereses estratégicos estadounidenses en la región.

Los archivos revelan que, durante los años previos al golpe, la NED destinó cientos de miles de dólares a programas de formación política dirigidos a jóvenes, centrados en “estrategias y habilidades para organizar protestas y manifestaciones”. Estas iniciativas no eran neutrales ni académicas: estaban diseñadas para crear una red de activistas capaz de intervenir en la política nacional y presionar al gobierno de Katmandú en asuntos considerados sensibles para Washington. El IRI describía a esta red juvenil como una fuerza clave para “apoyar los intereses de EE. UU.” y garantizar que las “preocupaciones estadounidenses sobre la democracia en Nepal” fueran atendidas.

La violencia estalló tras el bloqueo gubernamental de plataformas como Facebook, YouTube y X, medida adoptada por incumplimientos regulatorios. Las protestas, presentadas por medios occidentales como pacíficas y democráticas, derivaron en enfrentamientos armados que dejaron al menos 76 muertos, entre ellos agentes de policía. El primer ministro K. P. Sharma Oli dimitió en menos de una semana y fue sustituido por un líder interino elegido mediante una votación anónima en Discord con menos de 10 000 participantes, un hecho sin precedentes que ilustra el vacío institucional generado por el golpe.

Las filtraciones muestran que Nepal ocupaba un lugar central en la estrategia del IRI debido a su posición geográfica entre China e India, considerada clave para la agenda indo-pacífica de Estados Unidos. El objetivo a largo plazo no se limitaba a la protesta callejera: los programas buscaban que los jóvenes formados crearan partidos, accedieran a cargos públicos y moldearan la toma de decisiones nacionales más allá de la duración formal de los proyectos financiados.

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Uno de los programas más relevantes fue Yuva Netritwa: Paradarshi Niti, con un presupuesto inicial de 350 000 dólares. Este proyecto pretendía capacitar a entre 60 y 70 jóvenes como líderes capaces de impulsar campañas de presión, denunciar corrupción y promover “reformas democráticas defendidas por EE. UU.”. Los documentos dejan claro que, una vez alineados con los valores estadounidenses, estos activistas podrían ser movilizados en campañas sobre asuntos de interés directo para Washington.

El IRI también desarrolló manuales de formación que incluían técnicas de comunicación estratégica, gestión de protestas, movilización de recursos y uso intensivo de redes sociales y herramientas digitales. Talleres y grupos focales permitieron identificar barreras a la participación juvenil y seleccionar perfiles con potencial de liderazgo, evaluados incluso mediante transcripciones completas en inglés para su análisis interno.

De forma irónica, algunos jóvenes entrevistados en esos estudios denunciaban que los partidos tradicionales utilizaban a la juventud como carne de cañón en manifestaciones, sin otorgarles voz real en la política. Sin embargo, pocos años después, ese mismo patrón se reprodujo a mayor escala durante las protestas “Gen Z” que derrocaron al gobierno electo.

El resultado del cambio de régimen en Nepal ha abierto un escenario de incertidumbre. El vacío político ha favorecido el resurgimiento de fuerzas monárquicas, con el antiguo rey expresando su apoyo a los manifestantes y el ejército manteniéndose al margen de la violencia. Si la formación impartida por el IRI contribuyó al golpe, Estados Unidos habría logrado instalar un entorno político más maleable a sus intereses, camuflado bajo una estética juvenil y digital de aparente rebeldía, pero funcional a una agenda geopolítica bien definida.

Este esquema de movilización juvenil guiada desde el exterior no es exclusivo de Nepal. El patrón recuerda lo ocurrido recientemente en México, donde marchas protagonizadas por sectores autodenominados de la Generación Z fueron amplificadas mediática y digitalmente en un contexto de alta polarización política tras el asesinato de Carlos Manzo, un político mexicano asesinado en Uruapan, en noviembre de 2025. Al igual que en Katmandú, estas protestas se presentaron como expresiones espontáneas de hartazgo democrático, pero estuvieron marcadas por narrativas, símbolos y dinámicas de redes sociales que coinciden con manuales de activismo político previamente promovidos por organizaciones vinculadas al ecosistema de “promoción de la democracia” de Washington. Sin afirmar identidades ni financiamientos idénticos, la reiteración del método —juventud movilizada, estética rebelde, presión callejera y deslegitimación institucional— sugiere una fórmula de desestabilización replicable, adaptable a contextos nacionales distintos, pero funcional a intereses geopolíticos convergentes.

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