Oscuro Claro
En los últimos años, ha emergido un renovado interés por la simbología templaria y por modelos sociales inspirados en estructuras feudales, promovidos tanto en movimientos de derecha como en proyectos tecnocráticos contemporáneos. Este fenómeno, que combina nostalgias medievales con la influencia de tecnocracias y capitalistas de alto perfil, plantea riesgos de consolidación de sistemas de control social y gobernanza oligárquica en contextos de crisis existencial, subrayando la necesidad de un análisis crítico de estas tendencias antes de que se traduzcan en nuevas formas de dominación y exclusión social.

Por Mente Alternativa

En su artículo “Cómo no abrazar el templarismo tecnofeudal en tiempos de crisis existencial”, el historiador Matthew Ehret (1) analiza la creciente fascinación por símbolos templarios, la caballería medieval y la narrativa de un “retorno a los tiempos de gloria” en Inglaterra y Estados Unidos, especialmente en movimientos de derecha y protestas masivas contra la inmigración. Ehret señala que estas manifestaciones, como los recientes eventos de “Unite the Kingdom” en Inglaterra, muestran a grandes multitudes portando la cruz de San Jorge y promoviendo la idea de un inevitable conflicto contra supuestos invasores musulmanes o chinos. Influencers como Tommy Robinson, con conexiones al Mossad y veteranos de fuerzas especiales estadounidenses, han amplificado este mensaje en medios alternativos, generando una narrativa de guerra cultural y miedo a la decadencia liberal.

El autor advierte que esta nostalgia por el feudalismo y por un ideal romántico de caballeros y príncipes no es una solución genuina a la “tiranía de la izquierda”, sino que constituye una trampa que puede llevar a la población a convertirse en “ganado humano” y ser instrumentalizada para depopulación y control social. Según Ehret, el resurgimiento de ideologías medievales en la esfera política contemporánea es paralelo a un proyecto más amplio de reorganización social y económica, donde los Estados-nación tradicionales podrían ser reemplazados por microestados privados gobernados por multimillonarios y tecnócratas.

Estos nuevos modelos de gobernanza, explica, combinan capital de riesgo, transhumanismo y tecnologías de vigilancia, y son promovidos por figuras como Peter Thiel (Prospera, Freedom Cities, Sea Steading) y Balaji Srinivasan (Network States). Aunque se presentan como alternativas libertarias o anarcocapitalistas al control estatal, estas iniciativas replican estructuras feudales modernas, con leyes privadas, IA y blockchain controladas por élites, y con la mayoría de la población sometida a sistemas que apenas podrían comprender. Ehret subraya además la posible utilización de drogas psicodélicas y videojuegos como herramientas de control social, señalando que la administración de Robert F. Kennedy prioriza la legalización y expansión de estas sustancias, recordando la visión distópica de Aldous Huxley en Brave New World.

Ehret identifica patrones históricos en la manera en que las elites han manipulado sociedades a través de conflictos ideológicos y guerras, argumentando que la estrategia de estos nuevos “microestados feudalizados” es acelerar las contradicciones del sistema mediante la polarización controlada entre izquierda y derecha. Esto se asemeja al aceleracionismo y a los conceptos del Dark Enlightenment de Curtis Yarvin o del “Dark Freedom” de algunos gnósticos rusos, cuya meta final es un “reinicio duro” que purgue a la población y consolide el control oligárquico mediante violencia, shock masivo y manipulación psicológica. Ehret relaciona estas estrategias con tradiciones ocultistas y esotéricas, citando a Aleister Crowley, Michael Aquino y Madame Blavatsky, quienes hablaron de eras de transformación violenta y purificadora, como la Era de Horus, de Set o Kali Yuga.

El artículo también analiza cómo figuras asociadas a Game B, como Eric y Bret Weinstein, promueven visiones hobbesianas y darwinistas de la sociedad, defendiendo un modelo de “cada uno contra todos” que, según Ehret, es una forma moderna de trabajo alquímico templario-rosacruz, replicando patrones de las antiguas Cruzadas. Esta visión ha sido históricamente eficaz para convertir hombres en “carne de cañón” y consolidar estructuras feudales, causando guerras masivas y genocidios, desde las Cruzadas medievales, la Guerra de los Cien Años, la Guerra de los Treinta Años, la Revolución Francesa, hasta la creación de los “caballeros del Grial” en la Alemania nazi y las operaciones de exterminio en Vietnam y América Latina, como Operation Condor.

Ehret enfatiza que estas prácticas no son meras teorías conspirativas, sino estrategias documentadas por especialistas como Colonel Fletcher Prouty, quien demostró cómo las fuerzas paramilitares y de inteligencia de EE.UU. ya aplicaban programas de “pacificación” y control social en el territorio nacional antes de extenderlos a otros países. El autor concluye que, para evitar caer en este tecno-feudalismo y en nuevas Cruzadas modernas, es imperativo revalorizar las tradiciones humanistas y renacentistas, fortalecer el Estado-nación, rescatar la creatividad y la autonomía política que han frenado históricamente la consolidación de un orden mundial oligárquico, y desarrollar un pensamiento crítico anti-Game Theory que priorice el bienestar humano sobre la maximización de poder por parte de élites tecnocráticas.

En resumen, el artículo de Ehret ofrece una advertencia profunda: la fascinación por el romanticismo medieval, la caballería templaria y los “valores feudales” en tiempos de crisis existencial no es inocua, sino que puede servir como catalizador para la creación de un mundo postnacional dominado por oligarquías tecnológicas, control social extremo y manipulación masiva, y solo un enfoque crítico y humanista puede prevenir este desenlace.

Notas a pie de página

1. Matthew Ehret: How Not to Embrace Techno-Feudal Templarism in times of Existential Crisis. 17 de febrero de 2026.

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