Por Mente Alternativa
Basado en análisis de Peter Koenig (1, 2), ex economista del Banco Mundial y colaborador de Global Research, los acontecimientos recientes no deben interpretarse como hechos aislados, sino como partes de una misma arquitectura de poder que combina economía, guerra y manipulación mediática.
China avanza en 2026 con objetivos macroeconómicos prudentes —crecimiento del 4.5% al 5%, déficit controlado y una inversión pública histórica de 30 billones de yuanes— en un contexto global marcado por la inestabilidad. Este desempeño no es casual: responde a una estrategia de largo plazo que prioriza la economía real —producción, infraestructura, comercio— frente a un Occidente cada vez más dependiente de la financiarización. Mientras Estados Unidos y Europa registran crecimientos débiles, sustentados en mercados especulativos, China consolida una base productiva tangible que le permite resistir choques externos, incluida la actual guerra en Oriente Medio.
Sin embargo, esta guerra —particularmente el conflicto contra Irán— no puede entenderse en términos convencionales. No se trata de petróleo, religión o seguridad nuclear, sino de la defensa de la hegemonía del dólar. Desde finales del siglo XX, el modelo neoliberal desplazó la producción industrial occidental hacia economías de bajos salarios, dejando como único sostén al sistema financiero. Hoy, ese esquema enfrenta límites estructurales: deuda insostenible, desigualdad creciente y mercados saturados. En ese contexto, la guerra funciona como mecanismo de reconfiguración, intentando forzar la continuidad del petrodólar mediante el control de recursos estratégicos.
El conflicto con Irán ilustra esta dinámica. Más allá de la narrativa oficial, existen indicios de que las acciones militares forman parte de un “teatro global” donde los ciudadanos son simultáneamente espectadores y participantes inconscientes. La escalada bélica, las negociaciones fallidas y los ataques “controlados” sugieren una coreografía destinada a justificar decisiones previamente tomadas. En paralelo, eventos mediáticos como la difusión selectiva de escándalos sirven para desviar la atención pública, generando ciclos de shock y olvido que normalizan la violencia.
En este tablero, actores financieros transnacionales desempeñan un papel central. Instituciones vinculadas a centros de poder como la City de Londres y organismos como el Banco de Pagos Internacionales influyen en la arquitectura monetaria global. El control del comercio energético —incluido el estrecho de Ormuz— no solo responde a riesgos militares, sino a decisiones financieras que buscan preservar la demanda global de dólares. La reducción del flujo energético afecta especialmente a Asia, pero también intenta presionar a economías emergentes como China, que depende parcialmente de esas rutas.
No obstante, China ha anticipado este escenario. Su estrategia incluye la diversificación energética, el fortalecimiento de la cooperación con Rusia y Asia, y la expansión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que canaliza inversiones en infraestructura hacia el Sur Global. Además, el impulso al yuan como moneda de comercio internacional representa un desafío directo al sistema dominado por el dólar. Aunque aún minoritario, su crecimiento refleja una tendencia estructural: la transición hacia un orden multipolar.
La guerra, en este sentido, cumple múltiples funciones: revitaliza la industria militar, refuerza la dominación energética y busca frenar el ascenso de alternativas monetarias. Pero también acelera las contradicciones del sistema. La interrupción de cadenas de suministro, el encarecimiento energético y la fragmentación geopolítica erosionan la estabilidad global, al tiempo que fortalecen la búsqueda de nuevas alianzas fuera del eje occidental.
En última instancia, lo que emerge es una confrontación entre dos paradigmas: uno basado en la especulación financiera y la coerción geopolítica, y otro centrado en la producción, la conectividad y la cooperación. China encarna, con todas sus complejidades, esta segunda vía. La guerra contra Irán, lejos de ser un episodio aislado, revela la profundidad de una crisis sistémica donde el orden unipolar intenta sostenerse mediante el conflicto, mientras el mundo transita —no sin tensiones— hacia una nueva configuración histórica.
Notas a pie de página
1. Koenig, Peter en Global Research: China Moves Forward with Solid Economy Backing – Against All External Odds; 5 de marzo de 2026.
2. Koenig, Peter en Global Research: The War with Iran: Part of a “World Stage” Theatre Where We Are Both Spectators and Actors; marzo de 2026.