Oscuro Claro
El acuerdo que otorga a Estados Unidos el control mayoritario de 65.000 millones de barriles de petróleo venezolano no es un negocio: es la consumación de un protectorado. Así lo advierte Zósimo Camacho, quien sostiene que el planeta ingresa a uno de los periodos más «asiagos» de la historia, con Trump como instrumento de un desastre humanitario que ya ni siquiera se oculta tras la careta de la democracia.

Por Mente Alternativa

El 28 de agosto de 2026, Donald Trump anunció desde su plataforma Truth Social lo que calificó como «el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial». Bajo su indicación, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth, trabajando «estrechamente» con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, aseguraron a Estados Unidos una participación mayoritaria sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo venezolano, sin costo alguno para los contribuyentes estadounidenses. Pero la magnitud de la cifra —equivalente al 141 % de las reservas probadas de crudo con que cuenta actualmente Estados Unidos— no debe ocultar lo esencial: no se trata de un acuerdo comercial, sino de la consumación de un protectorado.

Para comprender la profundidad de este despojo, es necesario retroceder al 3 de enero de 2026, cuando fuerzas militares estadounidenses agredieron en la madrugada la ciudad de Caracas y los estados de Miranda, La Guaira y Aragua, capturando al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. El operativo, que dejó más de un centenar de víctimas mortales entre soldados y civiles, no fue una intervención encubierta: fue un secuestro ejecutado con la impunidad que hoy caracteriza a la administración Trump. Dos días después, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela designó a la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez como presidenta interina, allanando el camino para que la misma funcionaria, apenas siete meses después, firmara la entrega de los activos petroleros más valiosos del país.

Zósimo Camacho no titubea al calificar estos hechos: «el planeta en su conjunto ingresa a uno de los periodos más asiagos en la historia de la humanidad», dice, y añade que estamos «ingresando a un periodo de oscurantismo, violencia, hambre o un periodo incluso de mayor autoritarismo y de mayor impunidad para quienes reparten todo este desastre contra la humanidad en su conjunto». La tesis del periodista es contundente: el gobierno estadounidense se ha quitado la careta. Ya no se preocupa por barnizar sus acciones con la supuesta defensa de la democracia o la libertad. «De manera clara, abierta, desprecia el derecho internacional, no respeta la multilateralidad y de manera totalmente impune realiza crímenes como los que se están cometiendo en Palestina», sostiene Camacho, trazando un paralelismo con el genocidio en Gaza, que cuenta con el respaldo irrestricto de Washington.

El acuerdo petrolero, sin embargo, es quizá el acto más revelador de esta nueva etapa del imperialismo estadounidense. Los 65.000 millones de barriles provendrán de 17 campos petroleros estratégicos, la mayoría ubicados en la vasta Faja del Orinoco. Representan aproximadamente el 21,5 % del total de las reservas de petróleo de Venezuela, reconocidas como las mayores del mundo. Pero la letra pequeña del acuerdo revela su verdadera naturaleza: Estados Unidos aseguró derechos de exploración por 100 años sobre esos campos, se quedará con el 55 % de la producción efectiva de la empresa conjunta, y el Pentágono —el Departamento de Guerra de Estados Unidos— asumirá una participación accionaria del 35 % en la operación. El Departamento de Estado, además, recibirá una garantía para comprar el 20 % de la producción a precio de costo. En otras palabras: el aparato militar estadounidense se convierte en socio y beneficiario directo del saqueo.

Marco Rubio, designado por la administración Trump como «supervisor» de Venezuela, describió el acuerdo como «una gran victoria tanto para el pueblo estadounidense como para el venezolano», y aseguró que garantizará reservas estables y precios bajos del petróleo en el hemisferio occidental, así como una reducción de los precios de la gasolina en Estados Unidos. Para el pueblo venezolano, dijo Rubio, el acuerdo significa casi 100.000 millones de dólares en inversión privada, la creación de miles de empleos y la recuperación de la economía. Pero los ejemplos históricos de Irak y Libia sugieren lo contrario: la promesa de inversión y prosperidad ha sido, una y otra vez, el prefacio de la ocupación y el expolio.

La realidad es que Venezuela, antes de este acuerdo, ya había sido privada por Estados Unidos de la posibilidad de disponer libremente del petróleo extraído, es decir, de elegir al comprador y de utilizar los derechos exclusivos sobre los ingresos obtenidos de su venta. Ahora, Washington transfiere bajo su control, a largo plazo, las reservas petroleras que posee la república, aunque el país aún conserve un derecho de propiedad formal sobre ellas. Como señala Camacho, «todo esto se hace cuando el propio Donald Trump y sus secuaces mantienen un perfil criminal totalmente abierto». Y menciona los vínculos del mandatario con Jeffrey Epstein, el personaje pederasta, como prueba de que la impunidad de Trump no conoce límites.

El cerco no se limita a Venezuela. Camacho enumera una lista sombría: un genocidio en Palestina, un cerco total a Cuba —donde no llegan medicamentos ni alimentos y se prohíbe a la isla comerciar con el mundo—, un cerco total a Irán, amenazas de anexión e invasión contra México y Canadá, imposición de aranceles a diestra y siniestra, asesinatos en el mar de migrantes, redadas injustificadas, separación de familias y violaciones sistemáticas a los derechos humanos de los migrantes en territorio estadounidense. «Una suerte de limpieza étnica», dice Camacho, «que quisiera realizar el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, porque no trata igual a todos los migrantes».

En este contexto, la imposición de gobiernos delegados en América Latina adquiere una dimensión aún más siniestra. Camacho denuncia el apoyo ilegal y la intervención electoral de Estados Unidos para apuntalar el regreso de las derechas en el continente, y menciona a personajes «totalmente demenciales, impresentables, pero afines totalmente a Trump, como quienes hoy gobiernan Argentina, Colombia, Chile, Bolivia, Ecuador». La estrategia es clara: gobernar por interpósita persona, mediante gobernantes que llegaron al poder de la mano de Washington.

Mientras tanto, Washington impulsa la salida de Venezuela de la OPEP, organización que el país ayudó a fundar en 1960. La idea ha sido discutida en conversaciones con funcionarios estadounidenses, aunque aún no se ha tomado una decisión final. Trump, consultado al respecto, afirmó que «depende» de Venezuela decidir si continúa en la organización, pero la presión es evidente: una Venezuela fuera de la OPEP debilitaría al cártel petrolero y otorgaría a Estados Unidos un control aún mayor sobre los precios del crudo.

El análisis de Camacho no deja espacio para el optimismo. «Estamos entrando a uno de los periodos más asiagos de la humanidad», repite, «porque qué es lo que entonces nos espera en los próximos años, en los próximos lustros, en las próximas décadas, de no frenarse precisamente a este personaje y al grupo que le está apoyando». Pero advierte que Trump no es el origen del problema, sino su síntoma: «No se trata de que Donald Trump hubiera llegado porque es muy inteligente […] en realidad ha llegado ahí colocado por los poderes fácticos estadounidenses, el gran poder económico, y esto es resultado de la fase del capitalismo, del sistema capitalista en que nos encontramos». La disputa por los recursos planetarios, con China y Rusia como contendientes emergentes, ha llevado a Estados Unidos a apresurarse a saquear todo lo posible antes de tener que compartir.

El acuerdo con Venezuela es, en ese sentido, una operación de guerra económica y comercial que trasciende el mero negocio petrolero. Es la consumación de un protectorado: manteniendo las apariencias de soberanía, Venezuela pasa a estar bajo el control político, militar y económico de Estados Unidos. Camacho lo resume con una pregunta escalofriante: «Si a Venezuela le cobró eso —refiriéndose a los 65.000 millones de barriles—, ¿cuánto cobraría a los mexicanos por enfrentar a los cárteles?». La pregunta no es retórica. Es la advertencia de que el saqueo de los recursos planetarios no tiene fronteras, y que la impunidad de Trump es solo el espejo de una dictadura mundial que se gesta ante la mirada cómplice de una comunidad internacional paralizada.

La industria petrolera venezolana se encuentra en crisis y ha estado subfinanciada durante años, por lo que Estados Unidos no obtendrá resultados inmediatos. Se requerirán inversiones multimillonarias y años de trabajo. Pero a nivel estratégico, todo se vuelve claro: el Pentágono ha arrancado el corazón petrolero de Venezuela, y el protectorado del siglo ya tiene dueño. Como sentencia Camacho, el mundo está ingresando a un periodo de oscurantismo del que quizá no haya retorno, a menos que se ponga freno a lo que está ocurriendo en Estados Unidos, «que está prácticamente generando para todo el planeta, para toda la humanidad» un desastre de proporciones bíblicas.

Fuentes consultadas

Zósimo Camacho. El Robo del Siglo: Cómo Trump se apodera del petróleo de Venezuela. Zona Cero (Jesús Escobar Tovar). 30 de agosto de 2026.

BBC News Mundo. En qué consiste el «mayor acuerdo petrolero de la historia» anunciado por EE.UU. y Venezuela y por qué es tan polémico. BBC News Mundo. 31 de agosto de 2026.

CNN en Español. Por qué es posible que Venezuela no resuelva el problema de petróleo más inmediato de EE.UU. CNN en Español. 1 de septiembre de 2026.

BBC News Mundo. Donald Trump y Delcy Rodríguez anuncian un acuerdo que otorga a EE.UU. el control de más del 20% de las reservas de petróleo de Venezuela. BBC News Mundo. 28 de agosto de 2026.

Semana. Así son las claves del polémico acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos. Semana. 1 de septiembre de 2026.

RPP. Petróleo venezolano «a bajo costo»: ¿qué hay detrás del acuerdo que otorga a EE.UU. dominio energético para el «próximo siglo»? RPP. 1 de septiembre de 2026.

Xinhua. Canciller de Cuba reclama a EEUU liberación del presidente venezolano Nicolás Maduro. Xinhua. 12 de enero de 2026.

La Jornada. Expertos cuestionan acuerdo petrolero que otorga a EU acceso a reservas de crudo de Venezuela. La Jornada. 31 de agosto de 2026.

Diario de Los Andes. Pacto petrolero: EEUU obtiene derechos de compra y control sobre producción venezolana. Diario de Los Andes. 1 de septiembre de 2026.

Radio Nacional Argentina. Estados Unidos duplicará sus reservas con un acuerdo petrolero de 100 años con Venezuela. Radio Nacional Argentina. 31 de agosto de 2026.

El Espectador. Venezuela evalúa abandonar la OPEP en medio de su acercamiento a EE.UU. El Espectador. 28 de agosto de 2026.

Actualidad RT. Trump responde si Venezuela debería salirse de la OPEP. Actualidad RT. 31 de agosto de 2026.

BBC News Mundo. Quién es Delcy Rodríguez, la poderosa colaboradora de Maduro que asumió la presidencia interina de Venezuela. BBC News Mundo. 3 de enero de 2026.

Radio Nacional Argentina. Delcy Rodríguez juró como nueva presidenta de Venezuela. Radio Nacional Argentina. 1 de mayo de 2026.

O Globo. Trump pretende fazer Pentágono participar de mercado petrolífero da Venezuela com ajuda de magnata acusado de fraude. O Globo. 1 de septiembre de 2026.

Agência Brasil. Empresa ligada ao Pentágono controlará 21% do petróleo da Venezuela. Agência Brasil. 1 de septiembre de 2026.

Perfil. Petróleo venezolano: en RDC explicaron el acuerdo que involucra al Pentágono y al Departamento de Estado. Perfil. 1 de septiembre de 2026.



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