Oscuro Claro
El oro ya no es una cobertura sino el ancla de un nuevo sistema monetario que emerge de las cenizas del dólar, y su precio debe multiplicarse por diez para equilibrar el comercio global.

Por Mente Alternativa

El analista Luke Gromen, en un brillante artículo publicado en FFTT y citado por Andre Jick en su canal de análisis financiero, ha conectado los puntos que explican por qué el oro podría estar dirigiéndose a los 38.000 dólares la onza. No se trata de una predicción alcista más, sino de la constatación matemática de que el sistema monetario actual, edificado sobre la arquitectura del dólar como reserva global, ha llegado al límite de su sostenibilidad. Frente a una deuda estadounidense que acaba de cruzar el umbral de los 40 billones de dólares—y que crece a un ritmo de 126 millones de dólares diarios—, los bancos centrales del mundo, liderados por el Banco Popular de China, han iniciado un proceso de acumulación de oro sin precedentes que no responde a una lógica especulativa, sino a una necesidad estructural: preparar el terreno para una revalorización del metal que reequilibre el comercio internacional.

El argumento de Gromen, que Jick desglosa en su análisis, parte de una constatación inquietante: el carry trade del oro, esa arquitectura financiera construida deliberadamente desde 1980 para contener el precio del metal mediante la expansión masiva de oro papel, se está rompiendo. Durante décadas, frente a cada onza física real existía un múltiplo elevado de onzas de crédito, lo que permitió mantener la percepción de que el oro era un activo abundante y fácil de obtener, impidiendo que su precio se disparara y amenazara la narrativa desinflacionaria. Esa contención no era un objetivo aislado: era el soporte indispensable de los otros dos carry trades, el del yen y el del dólar. Si el precio del oro hubiera subido con fuerza, habría puesto en entredicho la idea de que la inflación estaba bajo control permanente, y sin esa narrativa, los tipos de interés no podían mantenerse bajos. La globalización industrial suministró la desinflación real, pero el carry del oro suministró la desinflación percibida. Sin embargo, cuando la inflación reapareció con fuerza, primero por la pandemia y después por el choque energético asociado a la guerra en Ucrania, los dos carry principales empezaron a fracturarse al mismo tiempo. Y el oro, que había sido el ancla silenciosa del sistema, dejó de poder cumplir su función de contención sin generar tensiones crecientes.

Lo que ocurre ahora es la constatación de que el sistema necesita una reserva neutral, un activo que no sea la deuda de ningún país, y el único candidato con miles de años de experiencia en ese papel es el oro. El Banco Popular de China lleva 20 meses consecutivos comprando oro, con una adquisición de 15 toneladas en junio de 2026 que supone su mayor compra mensual desde octubre de 2023, elevando sus reservas totales a 2.346 toneladas. En julio, la compra se aceleró hasta las 20 toneladas, prolongando la racha a 21 meses. Pero no es solo China: los bancos centrales del mundo adquirieron una cifra récord de 244 toneladas netas en el primer trimestre de 2026, y países que nunca antes habían comprado oro —Guatemala, Indonesia, Malasia, Camboya, Uganda y Kenia— lo están haciendo por primera vez en la historia. Incluso Tether, la empresa de stablecoins, se ha convertido en el mayor comprador individual de oro en 2025, superando las 100 toneladas anuales. El dato más revelador, sin embargo, lo proporciona el Banco Central Europeo: el oro ha superado a los bonos del Tesoro estadounidense como principal activo de reserva global, representando el 27% de todas las reservas de los bancos centrales frente al 22% de los bonos estadounidenses. Como escribió la presidenta del BCE, Christine Lagarde: «Las tensiones geopolíticas siguen impulsando una fuerte demanda de oro por parte de los bancos centrales».

Pero la clave del razonamiento de Gromen, que Jick expone con claridad, es la conexión entre la estrategia china y la nueva orientación de la política económica estadounidense. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, publicó en el Wall Street Journal un artículo titulado «Hamilton inspira la estrategia económica de Trump», en el que delineaba cinco principios para una nueva estadística estadounidense: la seguridad económica comienza con la capacidad nacional —reconstruir fábricas—, la apertura debe ser correspondida con reciprocidad, Estados Unidos reescribirá las reglas de la próxima economía, el liderazgo financiero es un instrumento central de la estadística, y la estadística económica debe servir al pueblo estadounidense. Lo que Bessent no dice explícitamente, pero que Gromen desvela, es que esas tres ambiciones —reindustrializar, proteger a Main Street y mantener el dólar fuerte— son mutuamente incompatibles. Solo se pueden elegir dos, y la que inevitablemente debe sacrificarse es el dólar.

El mecanismo para esa devaluación controlada ya está en marcha. La Ley GENIUS, aprobada el año pasado, exige que las stablecoins emitidas en Estados Unidos mantengan reservas en activos de alta calidad, incluidos bonos del Tesoro con vencimiento a menos de 93 días. Bessent ha proyectado que el mercado de stablecoins podría crecer de los 300.000 millones actuales a casi 4 billones de dólares, lo que generaría una demanda sintética masiva de deuda estadounidense a corto plazo, neutralizando de facto el mandato de la Reserva Federal sobre los tipos de interés a corto plazo. Al mismo tiempo, Tether, que ahora tiene a Bo Hines —confidente de Trump y su antiguo criptozar— como consejero delegado, ha acumulado más de 20.000 millones de dólares en oro. La tesis de Andy Schectman, expresada en el podcast WTFinance, es que este oro acaba siendo vendido discretamente al Tesoro estadounidense, permitiendo una devaluación silenciosa del dólar que facilita la reindustrialización sin generar un colapso abrupto.

El cálculo que lleva a los 38.000 dólares por onza es sencillo: se toma el superávit comercial de China, que ronda los 1,2 billones de dólares anuales, y se divide por las importaciones chinas de oro, que el año pasado fueron de 940 toneladas. El resultado es el precio al que el superávit chino podría liquidarse en oro, equilibrando el comercio bilateral sin necesidad de dólares. Ese precio es, aproximadamente, 38.000 dólares por onza. No es una predicción, sino una identidad contable: si el oro va a ser la reserva neutral que liquide el comercio global, su precio debe ser mucho más alto. VanEck, la gestora de fondos, ha calculado que si el dólar pierde su estatus de reserva, el oro podría alcanzar los 139.000 dólares. Incrementum AG, en su informe «In Gold We Trust», ya ha elevado su objetivo a 8.900 dólares para 2030, señalando que el mercado está en su «fase de participación pública», la más larga y fuerte de un mercado alcista.

Mientras tanto, el escenario que se dibuja es el de una capitalización que rota desde la América financiarizada hacia la América real: infraestructuras y materias primas. Desde que comenzó la guerra comercial con China en 2018, el S&P 500 ha subido un 161% en dólares, pero medido en oro ha caído un 15%. Los bonos del Tesoro a largo plazo han caído un 31% en dólares y un 78% medidos en oro. Los mineros de oro, en cambio, han subido más de un 200%. Los precios en dólares, como señala Jick, son una ilusión: cuando se miden en dinero que no puede ser inflado —el oro—, los activos más seguros del mundo han sido el peor lugar para estar. Y el mejor, la piedra brillante que todo el mundo decía que no había que comprar.

La pregunta no es si el oro subirá, sino cómo de rápido y doloroso será el proceso. Como concluye Schectman: el oro no es una inversión, es riqueza. Ha sido riqueza durante 6.000 años, a través de pandemias, guerras mundiales, hiperinflaciones y depresiones. Y ahora, los inversores más informados del planeta están mostrando, en silencio, que la historia no siempre se repite, pero ciertamente rima. Estamos volviendo a un entorno en el que el oro vale más que las monedas que lo fijan en precio. El antiguo sistema está roto, y el nuevo se está tejiendo con hilos de oro. Quien no lo vea, está mirando en la dirección equivocada.

Fuentes consultadas

Luke Gromen. The Mother of All Supply Distributions & Why Gold Will Go ‘Much Higher’. FFTT / Palisades Gold Radio. 2026.

Andre Jick. China Is Preparing For $38,000 Gold. YouTube / Andre Jick Finance. 2026.

Andy Schectman. Gold Revaluation to $139,000 to Prevent Debt Collapse?. WTFinance Podcast. 4 de agosto de 2026.

Scott Bessent. Hamilton Inspires Trump’s Economic Statecraft. The Wall Street Journal. 23 de junio de 2026.

Ronald-Peter Stöferle y Mark Valek. In Gold We Trust Report 2026: Back to the Monetary Future. Incrementum AG. 2026.

Bernstein Research. Gold Price Target Update. Investing.com. 9 de julio de 2026.

European Central Bank. Gold Replaces US Treasuries as World’s Top Reserve Asset. Financial Times / ECB Report. 11 de junio de 2026.

People’s Bank of China. Official Gold Reserves Data. National Administration of Foreign Exchange. Julio de 2026.



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