Por Mente Alternativa
En una entrevista reciente, el periodista Manuel Hernández Borbolla ha desgranado una de las paradojas más inquietantes del presente sexenio mexicano: la Cuarta Transformación, que llegó al poder prometiendo una revolución en todos los órdenes de la vida nacional, mantiene intacta —y generosamente financiada— a la estructura mediática que la combate y la desgasta a diario. No se trata de una omisión menor, sino de una contradicción estratégica que es capaz de llevar al éxito o al fracaso todo el proyecto. Mientras la derecha mexicana y el imperialismo estadounidense despliegan una maquinaria narrativa de guerra cognitiva de enormes proporciones, el gobierno de Claudia Sheinbaum y el movimiento morenista alimentan con recursos públicos a sus principales verdugos y confundiendo la resistencia con la victoria.
El hecho que los dos proyectos antagónicos que chocan en México alimenten a los mismos medios controlados por el establishment occidental dice mucho si se lo mira desde la óptica metapolítica. Sin embargo, en su análisis, Borbolla se limita a señalar la falta de comprensión de la 4T que según él no ha comprendido la centralidad de los medios de comunicación en la batalla política contemporánea.
El caso de Luisa Alcalde, consejera jurídica de la Presidencia, resulta paradigmático. El miércoles, en una conferencia de derecho de réplica, presentó una lista de comunicadores y medios que, según ella, fabrican narrativas para el golpeteo político, mismas que luego son replicadas por políticos y ejércitos de bots diseñados para desestabilizar. Horas después, la misma Alcalde apareció como entrevistada en el programa de Joaquín López-Dóriga en Radio Fórmula, uno de los medios señalados, legitimando al contradictor y validando el ecosistema que minutos antes había denunciado. Esta no es una inconsistencia menor: es el síntoma de una política errática que no se atreve a romper con la estructura oligárquica de la prensa corporativa, señala Borbolla.
Los datos respaldan esta crítica. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el gasto en publicidad oficial se mantuvo como un mecanismo discrecional y concentrado. Entre 2019 y 2023, la administración federal ejerció un presupuesto que, si bien se redujo en términos nominales, siguió favoreciendo a los mismos conglomerados de siempre: Televisa, TV Azteca, La Jornada, Radio Fórmula, Milenio y Grupo Imagen. Diez medios concentraron el 48.57% de los recursos, y solo Televisa, La Jornada y TV Azteca acumularon 4,079 millones de pesos, el 28.13% del total. Este patrón se ha mantenido en 2025, con la agencia SAFER GRUPO PUBLICITARIO acaparando el 22% del gasto federal y dependencias como PEMEX concentrando los mayores desembolsos. La paradoja es insostenible: la 4T financia a quienes la desgastan, alimenta la maquinaria de su propia destrucción y, como afirma Hernández Borbolla, se ufana de haber eliminado la publicidad a TV Azteca cuando en los hechos sigue inyectando miles de millones al mismo ecosistema corporativo.
La ceguera estratégica se extiende a la batalla cultural. Hernández Borbolla recuerda que en ocho años no ha habido un solo proyecto de televisión, radio o entretenimiento público que haya logrado un éxito relativo en audiencias. No existe un documental, una telenovela o un libro financiado por el Estado mexicano que haya logrado contrarrestar la «narcofarsa», la narrativa principal del imperialismo estadounidense para desacreditar a los gobiernos progresistas. Se han perdido oportunidades históricas, como la que representaba la abultada deuda de Ricardo Salinas Pliego y TV Azteca, que podría haber sido utilizada para presionar por una reforma profunda en el espectro radioeléctrico, o incluso para la expropiación de la concesión. En lugar de ello, la 4T ha optado por la comodidad de la crítica retórica y la reacción inmediata, sin construir un ecosistema mediático propio, sin crear anticuerpos culturales y sin entender que la política, como recordó Pablo Iglesias en su reciente visita a México, es conflicto y que la batalla cultural no es un añadido, sino la condición de posibilidad de cualquier transformación. Toda gran revolución es, antes que nada, una gran conversación; y si no se gana la conversación, la revolución se diluye.
El retiro de la visa a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente, es el ejemplo más reciente de cómo opera esta guerra narrativa. La Embajada de Estados Unidos, a través de un mensaje en redes sociales, dejó claro que las visas son un privilegio y no un derecho, y que se cancelarán «cuando existan razones para hacerlo, sin importar quién sea el titular». El movimiento, calificado por la propia presidenta Sheinbaum como una injerencia en la política mexicana, activó de inmediato la maquinaria mediática de la prensa oligárquica en México. La intención era clara: instalar el tema en la agenda, desgastar al oficialismo y recordar quién tiene el poder de definir la realidad. Y el gobierno mexicano, una vez más, reaccionó sin una estrategia comunicativa sólida, sin un relato propio que pudiera competir con la narrativa impuesta desde Washington.
Hernández Borbolla advierte que la 4T se encuentra en una encrucijada. Por un lado, carece de un sistema de medios propio, de una alternativa al modelo de financiamiento de la prensa corporativa que no reproduzca los vicios o la dependencia del gran capital. Por otro, se ha vuelto cómoda en la lógica de la reacción, financiando a sus enemigos y respondiendo a las narrativas que le imponen desde fuera. Se podrían hacer muchas cosas con los 5,000 millones de pesos anuales que se entregan a los grandes medios: construir plataformas digitales soberanas, financiar proyectos independientes, crear un sistema de monetización transparente con métricas claras, como ha hecho China con su ecosistema digital. Pero para eso se necesita visión y decisión. En su lugar, se ha optado por una política de improvisación, con figuras sin experiencia en medios dirigiendo canales públicos, y una inversión raquítica en comparación con los recursos destinados a la publicidad oficial. La consecuencia es una situación de indefensión frente a una maquinaria de dominación que opera las 24 horas del día, los 365 días del año.
El trasfondo de todo esto es la guerra cognitiva, entendida como la batalla por el control de las percepciones y las subjetividades. Es una guerra que no se libra solo en los titulares de los periódicos o en los noticieros, sino en las series de televisión, en el entretenimiento, en las redes sociales, en el cine y en la educación. Es la guerra por definir qué es realidad, qué es verdad y qué es sentido común. Y en esa guerra, la 4T está perdiendo, no porque no tenga razón, sino porque se ha negado a entender que la razón, sin una máquina de narrativas que la difunda, se convierte en un eco sin fuerza. La batalla cultural no es un lujo intelectual, sino el terreno mismo donde se libra la hegemonía. Y mientras el imperialismo construye relato tras relato, el gobierno mexicano sigue entregando el dinero y el tiempo a sus adversarios.
Fuentes consultadas
Manuel Hernández Borbolla. México es escenario de una cruenta guerra narrativa. Jesus Escobar Tovar Canal de Entrevistas. 18 de agosto de 2026.
ARTICLE 19 Oficina para México y Centroamérica. Gasto en publicidad oficial durante el sexenio de AMLO. 9 de septiembre de 2024.
Martha A. Tudón M y Luis Javier Moreno. Publicidad oficial 2025: deficiencias en la asignación y distribución del gasto no deben repetirse. Animal Político. 29 de noviembre de 2025.
Enrique Vera. Políticas públicas y batalla cultural en la 4T. Lectámbulos.
La Embajada de Estados Unidos manda un mensaje tras el caso de Andy López Beltrán. El País. 16 de agosto de 2026.