Oscuro Claro
El Pentágono evalúa erróneamente la determinación de Irán, desatando una crisis energética global irreversible en el Estrecho de Ormuz.

Por Mente Alternativa

Un análisis publicado por Elena Panina en Russtrat, basado en las conclusiones de los analistas del Atlantic Council, David Goldwin y Andrea Clabo, plantea una tesis de una lucidez inquietante: la administración de Estados Unidos ha cometido un error de cálculo estratégico de dimensiones colosales al interpretar el conflicto con Irán como una disputa negociable, cuando en realidad Teherán lo percibe como una guerra existencial para la que se ha preparado durante décadas. Esta lectura errónea ha transformado el Estrecho de Ormuz en el epicentro de una crisis energética global cuyas consecuencias se extienden como ondas expansivas por toda la economía mundial, reconfigurando no solo los flujos del petróleo, sino también los cimientos mismos del orden internacional.

La percepción equivocada de Washington sobre la naturaleza del conflicto constituye el núcleo del problema. Mientras los estrategas estadounidenses conciben la contienda en términos de concesiones mutuas o recompensas geopolíticas, para la República Islámica esta confrontación representa una lucha por la supervivencia misma del régimen. Como acertadamente señalan Goldwin y Clabo, los objetivos de ambas partes no solo son diferentes, sino diametralmente opuestos, lo que hace que cualquier tregua sea un mero paréntesis en una hostilidad que se prolonga en el tiempo. Esta incomprensión fundamental ha llevado a Estados Unidos a subestimar la capacidad iraní para sostener el conflicto y asumir costos que otras naciones considerarían prohibitivos. Irán no negocia desde la posición de quien busca ventajas tácticas, sino desde la de quien defiende su razón de ser como actor regional, y esa diferencia ontológica convierte cualquier cálculo basado en la racionalidad occidental en un ejercicio de futilidad.

La imposición por parte de Estados Unidos de la llamada ruta omaní para los buques cisterna representa, en este contexto, no una solución pragmática, sino un desafío directo a lo que Irán considera su legítimo derecho y su proyecto histórico de protección regional. Para Teherán, el control del Estrecho de Ormuz no es una cuestión de oportunismo táctico, sino el pilar de su estrategia de largo plazo para emerger del conflicto como el guardián indiscutible de una de las arterias comerciales más vitales del planeta. Esta ambición, lejos de ser una bravuconada retórica, se ha traducido en un despliegue militar meticulosamente preparado que incluye el uso de misiles de crucero, lanchas rápidas y un sofisticado sistema de información que les permite monitorizar cada movimiento en el estrecho . La capacidad de Irán para imponer costos a través de estas tácticas asimétricas ha demostrado ser mucho mayor de lo que los analistas occidentales habían previsto, obligando a las aseguradoras marítimas a elevar las primas y a los armadores a buscar rutas alternativas que, como el Mar Rojo, presentan sus propios riesgos debido a la amenaza hutí .

La materialización de esta crisis energética global se refleja en datos que ya no admiten interpretaciones complacientes. El tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz se ha reducido a una fracción de los niveles previos al conflicto: de un promedio de 129 tránsitos diarios antes de las hostilidades, se ha pasado a apenas tres petroleros al día, según los monitores de envíos LSEG y Kpler . Esta contracción drástica ha tenido un impacto inmediato en los precios del crudo, que han superado los 112 dólares por barril en algunos momentos, y ha llevado a la agencia de calificación Fitch a elevar su pronóstico para el Brent a 87 dólares por barril para todo 2026, aunque esta cifra podría quedarse corta si la situación se prolonga . Pero lo más alarmante no es el precio actual, sino la perspectiva estructural que apunta a una escasez física de oferta que, como advierten los analistas del Atlantic Council, se volverá inevitable. Las previsiones de 150 dólares el barril no se cumplieron, pero lo peor podría estar aún por llegar, especialmente si se materializa la amenaza de cierre del Estrecho de Bab el-Mandeb, lo que crearía un escenario de doble bloqueo en las rutas energéticas globales.

El concepto de «guerra de costos» que introduce el análisis de Panina adquiere aquí toda su dimensión trágica. Irán paga un precio inmenso por su obstinación: su economía se contrae, su moneda se deprecia y sus exportaciones petroleras han caído drásticamente, pasando de 2,5 millones de barriles diarios a 1,3 millones, lo que representa una pérdida de divisas de aproximadamente 30.000 millones de dólares . Además, más de dos millones de iraníes requieren asistencia alimentaria, un aumento significativo respecto a los 1,4 millones previos al conflicto . Sin embargo, el régimen de los ayatolás parece dispuesto a asumir estos costos porque los considera inferiores al precio de renunciar a su proyecto regional. La paradoja es que la propia administración estadounidense, al imponer su bloqueo naval y amenazar con cobrar un peaje del 20% a todos los buques que transiten por el estrecho, está legitimando la lógica de la militarización de las rutas comerciales que precisamente dice combatir . Esta estrategia, que el analista de la Universidad de Shanghai Shu Meng ha calificado como un intento de «privatizar» la seguridad marítima global, no solo carece de base en el derecho internacional —como ha señalado la ministra delegada francesa para las Fuerzas Armadas, Alice Rufo, al afirmar que la OTAN no está diseñada para operaciones coercitivas en el estrecho—, sino que sienta un precedente peligroso que podría extenderse a otros puntos críticos como Malaca o el Canal de Panamá .

En este tablero de desesperación estratégica, Israel emerge como el principal beneficiario de una coyuntura que supera sus sueños más ambiciosos. Como agudamente observa Panina, Estados Unidos está librando su guerra contra Irán, asumiendo los costos militares y políticos, mientras Israel observa desde la barrera sin que se le exija una participación activa de sus Fuerzas de Defensa. Esta situación, que roza lo paradójico, permite a Tel Aviv cosechar los frutos de la confrontación sin exponerse a las represalias directas que inevitablemente conllevaría su implicación. Sin embargo, fuentes iraníes ya sugieren un cambio de objetivo, apuntando al «principal instigador» del conflicto, lo que obligaría a los iraníes a desarrollar misiles de mayor alcance, una carrera tecnológica que, aunque difícil, no puede descartarse. La amenaza de un ataque directo contra Israel añade un nivel adicional de complejidad a un escenario que ya es, de por sí, extraordinariamente volátil.

La comunidad internacional observa con creciente alarma cómo la crisis energética global se profundiza y adquiere características de permanencia. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial ya han emitido advertencias sobre los efectos inflacionarios que esta situación tendrá sobre las economías en desarrollo, las más vulnerables a los shocks energéticos. La interrupción de los flujos de petróleo no solo encarece el transporte y la producción industrial, sino que también exacerba las tensiones geopolíticas al crear una competencia feroz por los recursos disponibles. Países como China, que depende en gran medida del petróleo del Golfo, se ven forzados a renegociar sus acuerdos de suministro y a explorar rutas terrestres alternativas, mientras que India y Japón han comenzado a liberar reservas estratégicas para mitigar el impacto . Esta reconfiguración de las cadenas de suministro energético, lejos de ser temporal, apunta a una transformación duradera de los patrones comerciales globales.

La situación actual en el Estrecho de Ormuz se asemeja a una espiral que se alimenta de la incomprensión mutua y la rigidez de posiciones que no admiten matices. Irán insiste en que el estrecho no está completamente cerrado, sino que solo está vedado para los buques estadounidenses e israelíes y sus aliados, mientras que Washington exige la restauración plena de la libertad de navegación sin condiciones previas . Esta dialéctica de posiciones irreconciliables sugiere que, incluso si se alcanza una nueva tregua, esta será frágil y temporal, como demuestran los nueve días consecutivos de intensos combates que han seguido a la pausa anterior. El análisis del blog especializado Maxthon, citando fuentes de inteligencia de fuentes abiertas, indica que la efectividad de las defensas antimisiles estadounidenses ha disminuido del 88% al 73% a medida que Irán adopta trayectorias de vuelo más bajas, lo que sugiere que Teherán está aprendiendo y adaptando sus tácticas, un signo preocupante de que la guerra se prolongará .

La alternativa que algunos analistas sugieren, como la construcción de oleoductos que eviten el estrecho, es inviable en el corto plazo y requeriría inversiones multimillonarias y acuerdos políticos que, en el actual clima de hostilidad, parecen quiméricos. Por ello, la comunidad global debe prepararse para lo peor, como advierten Goldwin y Clabo. La «normalidad» en el Estrecho de Ormuz ha quedado definitivamente atrás, y el mundo se enfrenta a una nueva realidad en la que la seguridad energética ya no es un bien público garantizado, sino un objeto de disputa geopolítica. Esta transición, que Panina denomina acertadamente como una guerra de costos, no tiene ganadores claros, pero sí perdedores seguros: las economías más frágiles, los consumidores de a pie y la estabilidad de un orden internacional que ya no puede dar por sentado el libre flujo de los recursos que sustentan su prosperidad. El Estrecho de Ormuz se ha convertido así en el espejo de un mundo que se encamina hacia la fragmentación, donde la coerción y la fuerza bruta reemplazan al derecho y la cooperación, y donde la energía se transforma en el arma definitiva de un conflicto que, como las cenizas de un volcán, amenaza con cubrir todo el planeta.

Fuentes consultadas

Elena Panina. Atlantic Council: Ya no hay salida del Estrecho de Ormuz. Russtrat. 21 de julio de 2026.

David Goldwin y Andrea Clabo (Atlantic Council). Análisis sobre el Estrecho de Ormuz. Atlantic Council. (Organización no deseable en la Federación Rusa). Fecha no especificada.

Shu Meng. 对伊朗连环出招,美国搅动中东格局 (EE.UU. agita el panorama de Medio Oriente con medidas consecutivas contra Irán). China.com.cn. 16 de julio de 2026.

Alice Rufo. Declaraciones en el Foro Guerra y Paz. Xinhua Español. 1 de abril de 2026 .

Maxthon Blog. The United States-Israel-Iran Confrontation (March 2026): A Two-Week Assessment of Winners, Losers, and Prospects for Escalation. Maxthon. 14 de marzo de 2026 .

CGTN. The Strait of Hormuz closure: How it happened and what it led to?. CGTN. 7 de junio de 2026 .

KuCoin. Las tensiones en Medio Oriente afectan los flujos de petróleo, presionando los activos globales. KuCoin. 22 de julio de 2026 .

Chen Sijia. 伊朗早该收过路费了,每年多赚800亿美元 (“Irán debería haber cobrado peaje hace tiempo, podría ganar 80.000 millones de dólares al año”). Observador de la Red (163.com). 27 de marzo de 2026.



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