Por José Luis Preciado
En el volumen 12, número 2 de la revista Economía de la Ciencia, publicada por la Academia Presidencial Rusa de Economía Nacional y Administración Pública (RANEPA), se despliega un diagnóstico tan lúcido como inquietante sobre el estado actual de la producción del saber. Lejos de ser un espacio neutro de intercambio intelectual, la ciencia global se revela como un campo de batalla geopolítico donde se dirimen las soberanías y se forjan las nuevas dependencias. Este conjunto de estudios, que articula desde la economía de la innovación hasta la psicología del comportamiento, no solo describe un fenómeno, sino que desnuda la profunda crisis de la soberanía epistémica que padecen las naciones que no logran erigirse como arquitectas de su propio conocimiento. La obra colectiva sostiene una tesis provocadora y necesaria: en el siglo XXI, el control de los datos y los métodos no es un mero asunto técnico, sino el nuevo rostro del poder, que amenaza con convertir a la periferia en un mero proveedor de materia prima intelectual para los centros hegemónicos del saber.
La noción de soberanía científica, conceptualizada con rigor por A.A. Azarov, N.M. Mezhevich y T.V. Tulupyeva, se erige como el eje vertebrador de este número. Los autores desmontan la ilusión de una ciencia universal y desinteresada, demostrando que la actual arquitectura académica global, dominada por corporaciones privadas como Elsevier y sus índices de impacto, reproduce las relaciones centro-periferia del viejo orden colonial. Este «imperialismo cognitivo», como se denomina en el texto, impone estándares, temas y metodologías que condenan a las tradiciones científicas alternativas a un rol subalterno. La propuesta de los autores no es la autarquía, sino la construcción de una soberanía robusta que se sostiene sobre cinco pilares: la capacidad epistemológica de generar paradigmas propios, el control tecnológico sobre los instrumentos y equipos críticos, la autonomía institucional para evaluar la calidad, el desarrollo de capital humano que impida la fuga de talentos y, fundamentalmente, la soberanía informacional sobre los datos y las plataformas de comunicación. Esta arquitectura conceptual transforma el debate de una mera retórica política a un proyecto estratégico de nación.
En el ámbito sectorial, el estudio de M.S. Petukhova sobre la digitalización de la agricultura rusa ilustra con claridad el riesgo de un desarrollo tecnológico fragmentario. La autora demuestra que el mero subsidio de maquinaria y software sin un ecosistema que integre a todos los actores conduce a la creación de «islas digitales» aisladas, incapaces de generar valor sistémico. Su propuesta, audaz y pragmática, redefine el rol del Estado como el «arquitecto» de un entorno digital común, donde la estandarización de los datos, la creación de entornos de confianza y el desarrollo de infraestructura de conectividad son tan cruciales como la tecnología misma. La mirada se amplía con el trabajo de E.V. Zenkina y P.A. Kostromin, quienes, mediante un análisis econométrico, establecen una verdad incómoda: los recursos financieros para investigación y desarrollo (I+D) tienen un impacto decreciente en el desarrollo sostenible si no van acompañados de un fuerte crecimiento de los recursos intelectuales y humanos, medido a través de la actividad patentes. La inversión sin talento y sin cultura científica es, en el fondo, una inversión estéril.
Esta preocupación por la persona como núcleo del proceso científico y educativo impregna los demás ensayos. Desde la historia de la economía, A.N. Degtyarev traza una línea evolutiva que va del «hombre económico» racional, un fantasma de la teoría clásica, a un actor complejo, moldeado por la psicología, las instituciones y la cultura. La crítica a la «racionalidad perfecta» no es un lujo académico; es la base para entender los fracasos del mercado y diseñar políticas públicas que realmente tengan en cuenta el comportamiento humano. Esta perspectiva se entrelaza con la urgencia planteada por K.V. Vodenko y O.S. Ivanchenko, quienes vinculan la soberanía tecnológica con la seguridad cultural. Su argumento es contundente: no hay desarrollo tecnológico que valga si las mentes que lo impulsan han sido «alienadas» de su identidad cultural. La educación superior, en este sentido, es el crisol donde se forja la lealtad patriótica y la motivación para servir a los intereses nacionales.
Finalmente, el análisis de Ya.S. Matkovskaya sobre el aprendizaje basado en proyectos (ABP) ofrece un contrapunto práctico y una esperanza metodológica. A través de una encuesta a estudiantes y profesores, la autora constata un apoyo mayoritario a esta metodología, pero también identifica los escollos que impiden su florecimiento: problemas metodológicos, barreras comunicativas y la dificultad de vincular la academia con el sector empresarial. Sin embargo, el hallazgo más revelador es la conexión entre la valoración positiva del ABP y el «autodesarrollo» como objetivo vital de los educandos. Esto sugiere que el futuro de la educación superior no reside en la transmisión pasiva de datos, sino en la creación de experiencias significativas que integren el conocimiento teórico con la práctica y la identidad, en un movimiento que devuelva al sujeto el centro del proceso formativo. La crisis de la soberanía epistémica, en definitiva, solo podrá resolverse si se reconoce que el conocimiento no es un producto que se compra, sino un proceso que se co-construye en un diálogo libre y crítico entre culturas y saberes.
Fuentes consultadas
Azarov, A. A., Mezhevich, N. M., & Tulupyeva, T. V. (2026). Conceptualization of scientific sovereignty in the context of global transformations. Título original en ruso: Концептуализация научного суверенитета в условиях глобальных трансформаций. Economics of Science, 12(2), 11–28.
Degtyarev, A. N. (2026). The history of economics “with a human face”: the evolution of behavioral doctrine. Economics of Science, 12(2), 71–83.
Matkovskaya, Ya.S. (2026). Project-Based Learning in Higher Education: Systematizing Problems and Identifying Prospects (Analysis of Survey Results from Faculty and Students). Economics of Science, 12(2), 98–112.
Petukhova, M. S. (2026). Conceptual model of state support for the digital transformation of agriculture in Russia: ecosystem for creating end-to-end value chains. Economics of Science, 12(2), 29–39.
Vodenko, K. V., & Ivanchenko, O. S. (2026). Technological sovereignty and cultural security: the specifics of personnel reproduction in the system of higher education and science. Economics of Science, 12(2), 84–97.
Zenkina, E. V., & Kostromin, P. A. (2026). Science and innovation as factors of countries’ sustainable development management. Economics of Science, 12(2), 40–58.