Oscuro Claro
El cruce del yate Nord por el estrecho de Ormuz bajo protección iraní no es una anécdota, sino la síntesis de la red metapolítica a la que pertenece el oligarca multidimensional Alexei Mordashov: formado en una universidad de la élite británica, conectado con el establishment neoliberal ruso de los años noventa y con paraísos fiscales en Chipre, hoy burla —aliándose con Irán— las sanciones occidentales que le fueron impuestas por sus vínculos con Putin. Queda así claro que el poder de la oligarquía internacional no conoce lealtades geopolíticas.

Por José Luis Preciado

El exitoso viaje del superyate Nord, de 500 millones de dólares, perteneciente al oligarca ruso sancionado Alexei Mordashov¹, a través del estratégico estrecho de Ormuz —utilizando una ruta «segura» controlada por la Guardia Revolucionaria de Irán— conecta perfectamente con los hallazgos más reveladores de sus conexiones metapolíticas: desde sus orígenes como pieza clave del establishment neoliberal ruso de los años noventa y dos mil —participando en foros con asesores como Andrei Illarionov y firmas occidentales como PwC² ³—, hasta sus vínculos financieros opacos documentados por los Pandora Papers y su capacitación para evadir sanciones mediante estructuras offshore en Chipre.

Mordashov estudió en la Northumbria University, una institución de élite funcional al sistema británico. Aunque sus orígenes se remontan a 1877 (Rutherford College) y su estatus universitario data de 1992, se ha consolidado como una reconocida «fábrica de talentos» para las altas esferas del poder británico y global. La universidad no solo aparece vinculada a la Corona desde su apertura formal por el Duque de York (futuro rey Jorge V), sino que su nómina de egresados incluye a figuras centrales del establishment como Sir Chris Whitty (máximo asesor médico del gobierno británico), Amanda Berry (directora ejecutiva de BAFTA), Vera Baird (comisionada de víctimas de Inglaterra y Gales), el diseñador jefe de Apple Sir Jonathan Ive, el músico Sting, así como políticos conservadores como el barón Lord Brownlow y múltiples miembros del Parlamento.

La inclusión del oligarca ruso Alexei Mordashov en su lista de «notable alumni» —junto a todas esas personalidades del establishment— revela que la universidad funciona como un corredor de legitimación y entrenamiento para las élites globalistas, donde un oligarca ruso puede adquirir credenciales occidentales (un MBA) y conectar con las redes de poder británicas, facilitando así la integración de fortunas provenientes de la privatización postsoviética en el corazón del sistema financiero y aristocrático del Reino Unido.

En 2011, Mordashov fue el único participante ruso en una reunión del Club Bilderberg en St. Moritz, Suiza⁴. En 2017, se convirtió en Comendador de la Orden del Mérito del Gran Ducado de Luxemburgo. La familia que controla el ducado es la Casa de Nassau-Weilburg, aunque por línea sanguínea directa pertenecen a la Casa de Borbón-Parma: esto se debe a que la Gran Duquesa Carlota (de la Casa de Nassau-Weilburg) se casó con el Príncipe Félix de Borbón-Parma, y todos los actuales miembros de la familia gran ducal descienden de esa unión. En la práctica, el Gran Duque Enrique —actual jefe de Estado— y toda su dinastía reinante son, por tanto, una rama de los Borbón-Parma, emparentados directamente con la realeza española y francesa, aunque mantengan el nombre histórico de Nassau-Weilburg.

orden del mérito

Lo que el cruce del yate Nord por el estrecho de Ormuz demuestra es que Mordashov no solo ha sabido moverse dentro de las redes metapolíticas de la globalización occidental —desde la Sociedad Mont Pelerin hasta la City de Londres—, sino que actualmente aplica esa misma versatilidad para burlar el bloqueo occidental, ahora aliado con regímenes como el iraní.

Mordashov ha logrado que su superyate Nord pueda atracar en países que no se consideran obligados a acatar las sanciones occidentales. Sudáfrica, a través de un portavoz del presidente Cyril Ramaphosa, declaró que no tiene «ninguna obligación legal» de cumplir sanciones que no sean las aprobadas por Naciones Unidas, permitiendo así el amarre del yate en Ciudad del Cabo. Anteriormente, Hong Kong —bajo el liderazgo de John Lee, quien también está sancionado por Estados Unidos— permitió el atraque argumentando que no actuaría sobre sanciones unilaterales.

Así, el paso del yate no es una simple anécdota de lujo: es el símbolo de cómo un oligarca entrenado en los circuitos financieros y diplomáticos occidentales ha reciclado sus conexiones para sobrevivir a las sanciones que le fueron impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea debido a sus vínculos con Vladimir Putin, probando que el poder de estas élites trasciende cualquier supuesta alineación y lealtad geopolítica.

En ese marco, la figura de Alexéi Mordashov resulta particularmente elocuente. A diferencia de los miembros orgánicos del llamado “grupo de San Petersburgo” —ese núcleo duro tejido a partir de lealtades personales forjadas en los años noventa en torno a la administración municipal y los servicios de seguridad—, Mordashov no es un producto de ese círculo íntimo. Su ascenso no se explica por la biografía compartida con el poder político, sino por su capacidad para insertarse con eficacia en la economía global, construir un imperio industrial y, desde ahí, negociar su cercanía con el Kremlin.

Y, sin embargo, esa distinción no lo sitúa en la periferia del sistema, sino en una zona intermedia de enorme relevancia: la de los grandes empresarios que, sin ser confidentes cotidianos —como podrían serlo figuras como la Familia Rotenberg—, son considerados parte del “círculo interno” en un sentido funcional. Es decir, forman parte de ese conjunto de magnates cuya continuidad empresarial depende de su alineación con los objetivos estratégicos del Estado ruso y que, a su vez, son convocados por el poder para respaldar proyectos clave. Mordashov ha participado en reuniones de alto nivel con Putin para discutir grandes contratos de infraestructura, encarnando esa relación simbiótica en la que el capital privado se pliega, sin disolverse, a la lógica del poder político.

Lo que emerge, entonces, no es una contradicción, sino una arquitectura más sofisticada del poder: una en la que la proximidad no requiere intimidad histórica, y donde la lealtad no se mide en términos afectivos sino en la capacidad de adaptación. Mordashov no pertenece al clan originario, pero ha demostrado algo quizá más valioso en el ecosistema contemporáneo del Kremlin: la habilidad de ser útil, resiliente y, sobre todo, sustituible sin dejar de ser necesario.

Vladimir Putin y Alexey Mordashov en 2015. Fuente: Sky News.
Vladimir Putin y Alexey Mordashov en 2015. Fuente: Sky News.
Notas a pie de página

1. Según Reuters, Mordashov, de quien se sabe que es cercano a Putin, no figura oficialmente como propietario del Nord. Pero los datos de navegación y los registros corporativos rusos de 2025 muestran que la embarcación fue registrada en 2022 a nombre de una empresa rusa propiedad de su esposa. Esta empresa está registrada en la localidad rusa de Cherepovets, donde también tiene su sede la acería de Mordashov, Severstal. Ver: Reuters: Russian superyacht crosses blockaded Strait of Hormuz. April 27, 2026.

2. Rachel Douglas, en EIR: Mont Pelerinite Walpurgisnacht In Moscow; Volume 31, Number 19, May 14, 2004.

3. Scilla Alecci, en The International Consortium of Investigative Journalists: The oligarch’s accountants: How PwC helped a Russian steel baron grow his offshore empire; 11 de abril de 2022.

4. «Lista de participantes de la reunión del Club Bilderberg en 2011». Archivado desde el original el 28 de agosto de 2011. Consultado el 24 de marzo de 2012.

La bizarra conexión de Vladimir Putin y Donald Trump con la oligarquía jabadista internacional



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