Oscuro Claro
Los riesgos macroeconómicos globales según el FMI revelan un mundo donde la inteligencia artificial y la crisis energética convergen en un escenario de fragmentación inédita.

Por Mente Alternativa

El análisis de los organismos multilaterales suele navegar entre la prudencia institucional y la agudeza diagnóstica, pero pocas veces se enfrenta a un reto tan poliédrico como el que describe el Fondo Monetario Internacional en su edición de abril de 2026 del World Economic Outlook. Tal como se desprende del informe titulado “La economía mundial bajo la sombra de la guerra”, publicado en el sitio oficial del FMI, los riesgos macroeconómicos globales según el FMI se han intensificado tras el estallido del conflicto bélico en Oriente Medio a finales de febrero de 2026, sumándose a una reestructuración ya en marcha del sistema global provocada por el cambio en la política comercial de Estados Unidos, el aumento de la fragmentación geopolítica y la transformación tecnológica impulsada por la inteligencia artificial. Al analizar las revisiones del FMI, debe tenerse en cuenta que los riesgos a largo plazo, por lo general, se proyectan de manera bastante adecuada, pero el FMI nunca ha acertado en el momento de los cambios de fase a corto plazo. Por ello, cuando el organismo considera que todo está estable, ello no dice nada sobre la probabilidad de que se produzca una crisis en un plazo de seis meses o un año, y sus declaraciones tranquilizadoras deben interpretarse desde una perspectiva conservadora, pues las declaraciones alarmistas podrían influir en el sistema de toma de decisiones de los agentes económicos y desencadenar procesos de crisis auto cumplidos.

El FMI basa todo su análisis en la idea de que el crecimiento económico mundial no se ha derrumbado, pero se está poniendo a prueba de nuevo. Nuevos riesgos, como la crisis energética en Oriente Medio, se suman a la reestructuración ya en curso del sistema global tras el cambio de la política comercial de Estados Unidos, el aumento de los riesgos geopolíticos, la fragmentación y la transformación tecnológica simbolizada por el factor IA. La idea básica que intenta transmitir el Fondo es que se están creando focos fragmentados de equilibrio dentro de una frágil construcción macroeconómica. Por ejemplo, en China, las exportaciones son mucho más fuertes que la demanda interna y, especialmente, el sector de la vivienda; mientras que en Estados Unidos, la fuerte actividad económica impulsada por el auge de la IA se combina con un débil crecimiento del empleo, un presagio clásico de recesión. La tendencia desinflacionaria global formada en 2023 sigue vigente, pero tiene un carácter desigual y se ha puesto en pausa debido a la guerra en Oriente Medio. El FMI no espera una tormenta inflacionaria comparable a la de 2021-2022, a pesar de un impacto energético más amplio en las cadenas de suministro, y su apuesta principal es que la crisis termine a mediados de 2026. La duda que flota en el aire, no obstante, es qué sucederá si el conflicto no termina.

La crisis energética afecta con especial virulencia a Asia, principales socios comerciales de los países de Oriente Medio, y a los países importadores de materias primas. Pero los países pobres sufren mucho más que los ricos, especialmente si el shock se ve agravado por la devaluación monetaria, el empeoramiento de las importaciones de alimentos y el aumento del costo de la financiación externa en un contexto de salida de riesgo y cierre de márgenes de beneficio o déficits de tesorería en los principales mercados. Frente a este panorama, la globalización no se ha derrumbado, sino que se ha vuelto fragmentada y elusiva. La guerra comercial ha tenido un impacto mínimo en las cadenas de suministro y en el volumen del comercio mundial debido al efecto de redistribución de los flujos comerciales. Así, los suministros a Estados Unidos se desplazan de China a Taiwán, Vietnam y, en parte, México; mientras que China reorienta sus exportaciones hacia otros mercados asiáticos y Europa. Las exportaciones tecnológicas, significativamente, siguen siendo fuertes. La tasa arancelaria efectiva de Estados Unidos en el pronóstico básico es del 13,5%, frente al 18,7% del pronóstico de octubre de 2025, reducción que se debe a decisiones judiciales y acuerdos bilaterales. El sistema comercial mundial no se derrumba de inmediato, pero se vuelve menos eficiente debido al aumento de los costos logísticos, la prolongación del tramo de transporte y el incremento de la incertidumbre comercial dependiente de decisiones políticas a corto plazo, en clara referencia a la política de Trump.

Uno de los elementos más fascinantes y a la vez inquietantes del informe es el tratamiento de la inteligencia artificial. El FMI no discute la IA como tema central, sino como uno de los factores clave de incertidumbre: al mismo tiempo, el riesgo alcista más potente para el crecimiento a medio plazo y un riesgo bajista potencial en caso de decepción. El FMI vuelve a no poder evaluar ni el efecto directo ni el indirecto de la IA, basándose únicamente en hipótesis. El organismo indica directamente que la IA no se incluye en el pronóstico básico como factor de crecimiento de la productividad, pero continúa considerando el efecto de decepción de la IA como uno de los principales riesgos, el cual se manifestaría a través del colapso de la inversión en infraestructura, el colapso de la capitalización bursátil y la bancarrota de muchas empresas tecnológicas. Los datos disponibles sobre adopción de IA en Estados Unidos resultan elocuentes: en los servicios de información, entre el 45% y el 50% de las empresas han utilizado activamente la IA en los últimos seis meses; en servicios profesionales y empresariales, entre el 35% y el 40%; en finanzas, entre el 25% y el 30%; en educación y salud, entre el 20% y el 25%; en comercio al por mayor, entre el 15% y el 20%; en servicios públicos, entre el 12% y el 15%; en manufactura, entre el 10% y el 15%; en comercio minorista, entre el 10% y el 15%; en construcción, entre el 5% y el 10%; en hostelería y ocio, un 5%; en transporte, un 5%; en agricultura y extracción, entre el 3% y el 5%. Estos datos, aunque no definitivos y situados en una fase temprana de implementación, permiten evaluar qué sectores son susceptibles a una potencial sustitución de la mano de obra por la IA y qué sectores pueden verse afectados por la transformación de la IA en términos de productividad, conectividad intersectorial y margen de beneficio.

El FMI subraya modestamente que la IA puede contribuir al aumento del desempleo en una trayectoria de implementación acelerada. La velocidad de desarrollo y de implementación de la IA puede ser mucho mayor que la capacidad de la economía para adaptarse, creando brechas funestas en el empleo y la productividad entre sectores. La adaptación laboral, la reconversión y la fusión intersectorial —como la superposición entre finanzas, tecnologías de la información y consultoría empresarial— tienen una inercia pronunciada, lo que inevitablemente provocará desequilibrios profundos: algunos segmentos se volverán súper marginales mientras otros entrarán en una crisis prolongada. Además, la IA puede suponer un riesgo de aumento de la brecha entre países pobres y ricos, incluso en la trayectoria de la singularidad tecnológica y el aumento acelerado de la innovación. El aumento de la infraestructura de IA, principalmente centros de datos, crea una presión adicional en el mercado energético, extremadamente relevante en el contexto del shock energético de Oriente Medio. La realización de los beneficios de la IA requiere expansión de la capacidad de generación de electricidad y escalado de recursos intermedios críticos como chips y elementos de tierras raras, siendo estos últimos casi completamente dependientes de China, lo que introduce un doble riesgo político.

El FMI vuelve a advertir sobre una posible redistribución no racional de recursos en la economía debido a expectativas excesivas sobre la IA. Los canales de propagación del impacto de una decepción tecnológica pueden ser múltiples: caída de la inversión en el sector de la IA; colapso de las acciones de las empresas tecnológicas; efecto negativo de la riqueza que desacelere el consumo; impacto en economías exportadoras como Taiwán, Corea y Vietnam a través del comercio; reversión de los flujos de capital; endurecimiento de las condiciones financieras globales; y, finalmente, desaceleración del crecimiento mundial. Todo ello se mueve aún a nivel de hipótesis. Nadie sabe qué impacto real tendrá la IA en la economía, el empleo, la productividad y el progreso tecnológico. Bajo un escenario adverso con aumentos mayores y más persistentes de los precios energéticos, el crecimiento mundial se desaceleraría aún más, hasta el 2,5% en 2026, y la inflación alcanzaría el 5,4%. En un escenario más severo, con daños significativos a la infraestructura energética en la región del conflicto, el crecimiento global se reduciría a apenas el 2% en 2026, y la inflación superaría el 6% en 2027. El impacto sobre las economías emergentes y en desarrollo sería casi el doble que sobre las economías avanzadas.

En definitiva, los riesgos macroeconómicos globales según el FMI dibujan un mundo donde la guerra, la tecnología y la fragmentación comercial convergen en un punto de inflexión histórico. La institución recomienda fomentar la adaptabilidad, mantener marcos de política creíbles y reforzar la cooperación internacional como elementos esenciales para navegar el shock actual mientras se prepara el terreno para futuras disrupciones. Pero la lección implícita, que atraviesa cada línea del informe, es que la economía global ha entrado en un territorio donde los modelos tradicionales de pronóstico resultan cada vez más ciegos ante la velocidad de los cambios de fase. La inteligencia artificial, lejos de ser una solución lineal, se presenta como la variable más inquietante: una promesa de productividad sin precedentes y, al mismo tiempo, una amenaza de desempleo estructural y desigualdad radical. El FMI no acierta en los tiempos, pero su diagnóstico de fondo resuena con claridad: la fragilidad es la nueva normalidad, y la única certeza es la incertidumbre.

Notas a pie de página
  1. Fondo Monetario Internacional. World Economic Outlook: Global Economy in the Shadow of War. Abril de 2026. Disponible en: https://www.imf.org/en/publications/weo/issues/2026/04/14/world-economic-outlook-april-2026



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