Por José Luis Preciado
En la mesa redonda “Una alternativa a la guerra y al saqueo en las Américas”, organizada por *Executive Intelligence Review* (EIR) el 4 de septiembre de 2026, participaron destacados analistas como Helga Zepp-LaRouche (fundadora del Instituto Schiller), Roberto Amaral (exministro de Ciencia y Tecnología de Brasil), el general retirado y académico peruano Edwin Patterson Monsalve, el exdirector del FMI y cofundador del Nuevo Banco de Desarrollo del BRICS, Paulo Nogueira Batista Jr., el profesor Zhang Weiwei (de la Universidad de Fudan) y el coronel y analista geopolítico español Pedro Baños. Todos ellos coincidieron en un diagnóstico escalofriante: el mundo se halla en la antesala de una catástrofe civilizatoria, impulsada por un cabal belicista que, desde Londres y Washington, empuja hacia una guerra nuclear contra Rusia y China, mientras somete a Iberoamérica a un nuevo saqueo bajo el manto de una doctrina Monroe renovada y radicalizada.
El epicentro de esta amenaza se encuentra en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) publicada por el gobierno de Trump en diciembre de 2025, cuyo autor principal, el subsecretario de Guerra Elbridge Colby, aboga abiertamente por el uso de armas nucleares tácticas y por la expulsión de todos los proyectos de desarrollo económico chinos de las Américas. El objetivo declarado es polarizar a Iberoamérica y el Caribe según la división entre derecha e izquierda, aunque, como he advertido en muchas ocasiones, el verdadero blanco de esta ofensiva no es una ideología concreta, sino cualquier movimiento que se erija como soberanista y que pueda obstaculizar el control absoluto de Wall Street sobre la región —33 naciones soberanas y 673 millones de personas—, con la opción de intervención militar directa si fuera necesario. Esta política, que el coronel Baños calificó de “insensatez absoluta” que conduciría a una guerra “demoledora” contra una potencia nuclear, no es sino la versión más cruda del viejo imperialismo británico que Henry Carey, asesor de Abraham Lincoln, denunció ya en el siglo XIX como un sistema de despoblación y barbarie.
Esta ofensiva no se limita a los documentos estratégicos, sino que se manifiesta en provocaciones abiertas sobre la propia geografía simbólica de la región. Recientemente, el presidente Trump publicó en sus redes sociales una imagen en la que México, Canadá, Groenlandia y varias islas del Caribe aparecen absorbidos por los colores de la bandera estadounidense, renombrando incluso el Golfo de México como ‘Golfo de América’. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, respondió con una declaración que resuena con el espíritu de soberanía que atraviesa todo el continente: ‘México no es ni será colonia ni protectorado de ningún país extranjero’. Este episodio evidencia que la doctrina Monroe renovada no solo busca el control de los recursos, sino también la reescritura de la identidad territorial de las naciones iberoamericanas.
Frente a esta deriva suicida, los ponentes de la mesa redonda alzaron una alternativa concreta y poderosa: el Corredor Ferroviario Bioceánico que uniría el puerto peruano de Chancay, en el Pacífico, con el puerto brasileño de Ilhéus, en el Atlántico. Este proyecto, concebido originalmente por el estadista estadounidense Lyndon LaRouche como la columna vertebral de una red continental de trenes de alta velocidad, no es un mero enlace logístico. Como subrayó el geoestratega Dennis Small, director de EIR para Iberoamérica, se trata de un “corredor de desarrollo” de 50 a 100 kilómetros de ancho a cada lado de la vía, dotado de fibra óptica, industria de alta tecnología, energía nuclear y programas agrícolas avanzados, capaz de generar un millón de empleos directos y transformar la geografía económica de Sudamérica. LaRouche lo concebía como el inicio de un puente terrestre global que, extendiéndose a través de Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá hasta el estrecho de Bering, conectaría con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China en Asia, dando lugar a cientos de nuevas ciudades y a una revolución en la producción alimentaria mediante la integración de los sistemas fluviales del Orinoco, Amazonas y Río de la Plata.
La significación geopolítica de Chancay no ha pasado desapercibida. Como explicó el general Patterson, el puerto, construido por la empresa estatal china Cosco Shipping Ports en asociación con la peruana Volcán, reduce en diez días la travesía marítima hacia Shanghái y desplaza las rutas tradicionales que pasaban por Norteamérica. Para Estados Unidos, esto representa una afrenta inaceptable: el secretario de Estado Marco Rubio ha declarado que “no vamos a permitir que el hemisferio occidental sea una base de operaciones para adversarios”. Pero, como señaló Sara Madueño de Vásquez, corresponsal de EIR en Lima, la paradoja es que a Washington nunca le interesó el desarrollo de la región; solo cuando China comienza a construir infraestructura productiva, aquella se convierte en una “amenaza a la seguridad”. En contraste, la política de China hacia América Latina, publicada recientemente, propone explorar activamente la cooperación en áreas de alta tecnología como inteligencia artificial, aviación, nuevas energías y biomedicina, y ya está abriendo convenios con universidades peruanas para formar ingenieros ferroviarios y especialistas en IA.
Este respaldo chino a la soberanía de los países latinoamericanos trasciende el ámbito económico y se ha hecho explícito en el terreno diplomático. En fechas recientes, el canciller de la República Popular China refrendó ante el Gobierno mexicano su apoyo a la independencia y autonomía del país, subrayando que las relaciones bilaterales ‘no están dirigidas a terceros y no deben ser afectadas por terceros’ —una alusión directa a la pretensión estadounidense de excluir a China del hemisferio. Este gesto diplomático, que enmarca la cooperación en los cinco principios de coexistencia pacífica, confirma que la visión de Pekín no es la de sustituir a una potencia por otra, sino la de erigir una alianza entre naciones soberanas que rechazan la injerencia externa, tal como lo reclaman los análisis de Nogueira Batista Jr. y Donald Ramotar.
Esta sintonía diplomática encontró su correlato inmediato en los hechos. Tan solo tres días después de la mesa redonda de EIR, el 7 de septiembre de 2026, el secretario de Relaciones Exteriores de México, Roberto Velasco Álvarez, sostuvo un encuentro en Pekín con su homólogo chino, Wang Yi. Durante la reunión, Velasco reiteró el compromiso de México con una relación constructiva y revisó oportunidades para ampliar la cooperación en salud, educación, ciencia, innovación, medio ambiente y desarrollo rural, con la mira puesta en establecer una hoja de ruta conjunta para los próximos años. En paralelo, el canciller mexicano participó en la ceremonia de apertura del consulado de México en Chongqing —la primera nueva sede diplomática abierta en China en dos décadas—, y destacó que esta urbe ‘es una encarnación excepcional de la energía, la capacidad de transformación, la innovación y la visión prospectiva de la China contemporánea’. Aunque el encuentro no derivó en el anuncio de proyectos específicos, el mensaje político resultó inequívoco: el gobierno de Claudia Sheinbaum, lejos de doblegarse ante la presión estadounidense para expulsar a China del hemisferio, apuesta por la diversificación de sus vínculos internacionales y por mantener abiertas todas sus opciones económicas, una decisión tanto más relevante si se considera que la tormenta financiera desatada por el alza de las tasas de interés en Estados Unidos podría precipitar una crisis de pagos en la deuda mexicana.
Este contraste no es casual. Como recordó Helga Zepp-LaRouche, el nuevo nombre de la paz es el desarrollo. El corredor bioceánico, al generar empleo y riqueza en el propio continente, ataca las causas profundas de la migración forzada y encarna esa visión de un desarrollo que es, en sí mismo, el camino hacia la paz.
Pero la apuesta va más allá de lo económico. Como planteó Paulo Nogueira Batista Jr., la nueva doctrina Monroe no es un proyecto de hegemonía, sino de “hegemonía ilimitada”, que incluye a Canadá y Groenlandia y que ya se ha traducido en acciones concretas: el secuestro del presidente de Venezuela, la intensificación del bloqueo a Cuba, la presión económica contra Canadá y la injerencia abierta en las elecciones de la región. Frente a esto, Batista Jr. advirtió contra las ilusiones: ni China ni Rusia intervendrán militarmente en defensa de los países latinoamericanos si son agredidos por Estados Unidos. Por ello, la soberanía solo puede garantizarse mediante la cooperación regional y la propia capacidad de disuasión, un camino que pasa necesariamente por la integración física y productiva del continente.
El presidente de Guyana, Donald Ramotar, añadió una pieza clave al rompecabezas: el sistema internacional actual, basado en la maximización de ganancias y en la deuda como arma de dominación, es “caduco” e incapaz de resolver los problemas existenciales que enfrenta la humanidad. Cada año, el Sur Global transfiere más de un billón de dólares al Norte a través del pago de intereses y flujos financieros ilícitos. China, en cambio, ha demostrado con su propio desarrollo y con proyectos como el ferrocarril Tanzania-Zambia que existe una filosofía alternativa: la de “ganar-ganar”, que eleva a los socios en lugar de explotarlos. Ramotar llamó a los pueblos de Iberoamérica a organizarse para impedir que Estados Unidos logre expulsar a China del continente, porque de ello depende no solo el desarrollo, sino la propia capacidad de decidir nuestro futuro.
En el plano europeo, el coronel Pedro Baños aportó una perspectiva crucial: España, que se mantuvo neutral en las dos guerras mundiales, está siendo arrastrada por la OTAN a un conflicto contra Rusia en el que no tiene nada que ganar y todo que perder. Con su esfuerzo militar principal desplegado en Eslovaquia, en la frontera con Rusia, y con sus territorios en el norte de África excluidos del paraguas protector de la OTAN, España asume un riesgo existencial por intereses que no son los suyos. Baños reclamó que los ciudadanos exijan a sus líderes que abandonen esa “carrera suicida” y recuperen la diplomacia como instrumento de solución de conflictos.
Desde China, el profesor Zhang Weiwei subrayó que el corredor bioceánico es un ejemplo de “auténtica cooperación multilateral y solidaridad con el Sur Global”, en contraste con las iniciativas geopolíticas que sirven a intereses exclusivos de bloques. Recordó que China ha erradicado la pobreza extrema en su vasto territorio de 1.400 millones de habitantes y ha creado la mayor clase media del mundo gracias a una apuesta decidida por la infraestructura, la educación y la innovación tecnológica. Ese modelo, basado en los cinco principios de coexistencia pacífica y en la convicción de que “el progreso de una nación puede beneficiar a todas”, es el que ofrece una salida real a la crisis civilizatoria.
El optimismo, sin embargo, no es ingenuo. Como advirtió Dennis Small, la posibilidad de cambio reside en la mente humana y en su capacidad creativa para concebir un futuro diferente. El corredor bioceánico no es una solución mágica, sino un instrumento para desatar esa creatividad. Su construcción, que exigirá una década y unos 80.000 millones de dólares, no solo enfrentará desafíos de ingeniería colosales —atravesar los Andes y el Amazonas—, sino, sobre todo, el desafío político de la integración, que Lyndon LaRouche definió como “la empresa más importante y difícil del estadismo”. Pero es precisamente esa dificultad la que lo convierte en un proyecto paradigmático: si Iberoamérica logra unir a gobiernos de diferente signo político en torno a un plan de desarrollo común, estará dando una lección al mundo de que es posible superar las divisiones impuestas por el colonialismo y construir una nueva arquitectura de seguridad y desarrollo basada en el respeto mutuo y la cooperación.
Como concluyó Helga Zepp-LaRouche, el viejo orden colonial, basado en la dominación y la opresión, se está desmoronando. El Sur Global, con Iberoamérica a la cabeza, tiene la oportunidad histórica de asumir un papel de liderazgo y demostrar que el mantra de Kissinger —“la historia no se hace en el sur”— es totalmente falso. El corredor bioceánico Chancay-Ilhéus, con su capacidad de generar empleo, industria y esperanza, es el símbolo de ese nuevo paradigma. No se trata de una obra menor: es la materialización de la idea de que el desarrollo es el nombre de la paz, y que la paz, para ser duradera, debe ser el fruto de la justicia y la cooperación entre naciones libres y soberanas.
Fuentes consultadas
Helga Zepp-LaRouche. Una Nueva Arquitectura Internacional de Seguridad y Desarrollo para detener la guerra y el saqueo. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Roberto Amaral. El futuro de Brasil: Ciencia, Tecnología, Innovación y Soberanía. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Edwin Patterson Monsalve. El puerto de Chancay y los corredores de desarrollo e integración en Sudamérica. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Paulo Nogueira Batista Jr. La nueva Doctrina Monroe y los reclamos de Estados Unidos a una hegemonía ilimitada en el hemisferio occidental. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Zhang Weiwei. El papel de China en el desarrollo del Sur Global. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Pedro Baños. Por qué España no se debe sumar a la guerra de la OTAN contra Rusia e Irán. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Dennis Small. El corredor ferroviario bioceánico de Sudamérica, una transformación planetaria a escala centenaria. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Donald Ramotar. Una política del buen vecino entre las naciones de Sudamérica. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Sara Madueño de Vásquez. El ‘efecto Chancay’ en la víspera de la visita del Papa a Perú. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Estevão Damacena. Vulnerabilidades de la economía física de Brasil y cómo superarlas. Executive Intelligence Review. 4 de septiembre de 2026.
Gretchen Small. Mexican, Chinese Foreign Ministers Discuss Expanding Cooperation in Beijing Meeting. EIRNS. 7 de semptiembre de 2026.