Por Mente Alternativa
En el marco de un informe difundido el lunes 13 de abril, Dennis Small advirtió sobre una escalada bélica sin precedentes que coloca al borde de la aniquilación a la civilización persa. Como ha documentado Thierry Meyssan en su artículo Derrumbe del derecho multilateral y confusión de los campos de batalla —publicado en su plataforma habitual de análisis geopolítico—, el presidente Donald Trump amenazó el 7 de abril de 2026 con destruir la civilización iraní, un país de noventa millones de habitantes, violando el artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas. Small subrayó que esta conducta sitúa al mandatario estadounidense al margen de la civilización, pues desde la Conferencia de La Haya de 1899 los Estados firmantes se comprometieron a no comportarse como bárbaros. La gravedad del momento no es retórica: las fuerzas armadas de Estados Unidos ya han procedido a la destrucción de numerosos objetivos civiles en Irán, incluidos complejos deportivos, escuelas primarias, hospitales, sitios culturales como el Palacio de Golestán —Patrimonio de la Humanidad— y hasta las oficinas de la UNESCO y la OMS en Teherán, según consta en documentos de Naciones Unidas. La guerra nuclear, aunque no declarada formalmente, se cierne como una posibilidad inminente ante la demencia moral que prevalece en la Casa Blanca.
La situación se volvió aún más crítica cuando Trump, después de haber insultado vilmente a unos dos mil millones de musulmanes y a cien millones de católicos, anunció la imposición de un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz. Small explicó que el presidente amenazó con cerrar esa vía marítima, olvidando que los anglosajones impusieron la libre circulación y el libre comercio desde 1837. Pero lo que está en juego no es solo la coherencia ideológica: por el estrecho de Ormuz transita casi una quinta parte del petróleo mundial, unos trece millones de barriles diarios. Irán, en legítimo ejercicio de su soberanía sobre aguas territoriales compartidas con Omán, ha exigido un peaje en yuanes, lo que desafía directamente la supremacía del dólar y los intereses de la dinastía Al-Zayed, asociada a la criptomoneda Trump coin. La respuesta de Washington no se hizo esperar: Trump ordenó a la Marina estadounidense bloquear todo barco que haya pagado a Irán, anunciando que ningún país será extorsionado. Sin embargo, se puede imprimir dinero, pero no se pueden fabricar supertanqueros ni cadenas de suministro de la noche a la mañana. La realidad física se impone sobre el delirio de omnipotencia: las refinerías estadounidenses fueron construidas para crudo pesado, no para el crudo ligero del esquisto, y la flota necesaria para compensar el cierre de Ormuz tardaría de tres a cinco años en construirse, incluso encargándosela a China, el único país con capacidad instalada para hacerlo en plazos razonables.
Ante este panorama de guerra nuclear inminente, Dennis Small, en nombre del movimiento LaRouche y el Instituto Schiller, propuso una solución expedita que ya funcionó durante la guerra de Vietnam: que el Congreso de Estados Unidos vote el cese total del financiamiento para la guerra contra Irán. Small recordó que la vigésimo quinta enmienda de la Constitución estadounidense, que permite remover al presidente por incapacidad física o mental, tardaría meses o años, al igual que un juicio político. En cambio, el Congreso puede, en un solo día, cerrar la llave del dinero, tal como hizo con Richard Nixon, quien terminó renunciando. La movilización mundial es imperativa: Small instó a ciudadanos de todos los países —estudiantes, amas de casa, médicos, excongresistas— a llamar a los legisladores estadounidenses y exigirles que detengan la guerra. La reciente carta abierta de psicólogos y psiquiatras, firmada por James Gilligan, Prudence Gourguechon y Jeffrey Sachs, dirigida a los líderes del Congreso, ya ha calificado la conducta de Trump como una emergencia constitucional, señalando que un presidente que amenaza con destruir una civilización entera no es un mero problema político, sino un peligro psiquiátrico global.
Small concluye que lo único que puede parar esta locura es una movilización mundial sin precedentes, apoyada en la fuerza histórica del bicentenario de la Declaración de Independencia estadounidense —doscientos cincuenta años de una tradición que con Washington, Lincoln, Franklin Roosevelt y Lyndon LaRouche supo oponerse al imperio británico— y en el ejemplo del vuelo de Artemisa 2, que recordó a la humanidad que todos somos tripulación de la misma nave espacial llamada Tierra. La humanidad no puede permitirse otra semana de amenazas de extinción. El momento de actuar es ahora.
Notas a pie de página:
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Thierry Meyssan, en Red Voltaire: Derrumbe del derecho multilateral y confusión de los campos de batalla, 14 de abril de 2026.
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Dennis Small, en EIR: El Congreso de EU tiene que actuar: ¡alto a la guerra y la demencia moral!, 13 de abril de 2026.
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Documentos de Naciones Unidas: S/2026/141, S/2026/109, S/2026/130, S/2026/111, S/2026/149, S/2026/180, S/2026/269, S/2026/279.
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Carta abierta de psicólogos y psiquiatras al Congreso de Estados Unidos, firmada por James Gilligan, Prudence Gourguechon, Jeffrey Sachs y otros, 13 de abril de 2026.