Oscuro Claro
El yacimiento de South Pars, el mayor campo de gas natural del mundo, revela que detrás de la narrativa religiosa y del choque de civilizaciones entre Israel, Irán y Occidente se esconde una disputa estratégica por el control energético global. Empresas multinacionales, aristocracias europeas y fondos de inversión institucionales coordinan movimientos geopolíticos que definen quién domina las rutas de gas hacia Europa y Asia, mientras la retórica ideológica sirve solo como cobertura para intereses materiales y estratégicos.

Por José Luis Preciado

El bombardeo israelí sobre el campo de gas de South Pars en Irán representa, según el historiador Dean Henderson (1), un error táctico de magnitudes históricas, capaz de transformar la cruzada sionista de Trump contra Irán en un conflicto regional de dimensiones potencialmente globales, al mismo tiempo que amenaza con sumergir al mundo en una crisis energética sin precedentes. South Pars, el mayor yacimiento de gas natural del planeta, está dividido con Qatar, que controla North Pars; esta división, en teoría, había promovido acercamientos entre Teherán y Doha, con el emirato intentando incluso mediar en la guerra Israel/Hamas en Gaza. Sin embargo, los verdaderos propietarios de QatarEnergy LNG —ExxonMobil, Mitsui, Marubeni y Total— buscan el control absoluto del campo, y han intentado sabotear cualquier acercamiento entre la monarquía al-Thani y los iraníes.

El ataque israelí desencadenó represalias inmediatas: Irán bombardeó la ciudad industrial de Ras Laffan, núcleo de procesamiento y envío del gas de North Pars, propiedad compartida de la familia al-Thani y sus socios corporativos. En respuesta, Qatar declaró al embajador iraní persona non grata. Paralelamente, Teherán dañó gravemente la refinería Samref en Arabia Saudita, empresa conjunta de ARAMCO y ExxonMobil.

Aramco es una empresa de propiedad estatal, pero al estar bajo una monarquía absoluta, la familia gobernante, la Casa de Saúd, ejerce un control efectivo sobre el Estado, lo que vuelve casi irrelevante la distinción entre lo público y lo privado. En Occidente, las redes de control son más sofisticadas y diversificadas, pero siguen esencialmente la misma lógica: concentrar poder económico y estratégico en manos de meta élites. Históricamente, ExxonMobil se remonta a la Standard Oil de John D. Rockefeller, pero hoy su propiedad está fragmentada; ya no pertenece a una sola familia, sino que es una corporación pública dominada por grandes fondos de inversión institucional como The Vanguard Group, BlackRock y State Street Corporation. Estos fondos, a su vez, están controlados indirectamente por algunas de las familias más influyentes de Occidente, muchas de ellas vinculadas a la aristocracia y con fortunas consolidadas desde antes de la Revolución Industrial.

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Este conflicto no es puramente ideológico: Ras Laffan, sede de acuerdos estratégicos con el puerto de Róterdam —un nodo clave del comercio petrolero internacional donde Goldman Sachs y Morgan Stanley operan como extractores de valor—, sufrió pérdidas significativas que impactan la cadena global del gas y el petróleo. En 2011, Ras Laffan firmó un memorando de entendimiento con el Puerto de Róterdam en una ceremonia a la que asistió la Reina Beatriz, consolidando así su papel estratégico en el flujo energético mundial y en la arquitectura de control económico de las élites occidentales.

Como Henderson documenta en su obra Apocalipsis 5G de la Corona de los Nephilim (2), la obsesión por South Pars y sus rutas energéticas revela la presencia de una élite transnacional que integra a la aristocracia europea, agentes sionistas formados en instituciones británicas, y corporaciones gigantescas. La historia de Genie Energy, su subsidiaria Genie Oil y la filial Afek Israel Oil & Gas en los Altos del Golán constituye un ejemplo paradigmático de cómo empresas privadas con respaldo internacional buscan explotar recursos energéticos en territorios disputados, combinando intereses corporativos, financieros y geopolíticos en una región cuya soberanía sigue siendo objeto de controversia internacional.

La compañía, protegida por mercenarios de ISIS y respaldada por figuras como Lord Jacob Rothschild, Dick Cheney, Rupert Murdoch, Lawrence Summers, Bill Richardson y James Woolsey, obtuvo permisos de exploración en violación de la Cuarta Convención de Ginebra, mientras su presidente, el general brigadier israelí Efraim Eitam, declaraba sin tapujos la necesidad de desplazar a la población árabe local. Eitam se formó en el Royal College of Defence Studies de Londres, una institución de élite donde se forman altos oficiales militares, funcionarios civiles senior, diplomáticos y asesores estratégicos, tanto británicos como de países aliados, para planificar políticas de defensa y estrategias geopolíticas globales; normalmente asisten oficiales con más de 20 años de carrera y civiles en cargos de alto nivel, lo que convierte la asistencia en un indicador de acceso a redes de influencia y poder internacional. Esto confirma algo que se sabe ampliamente, aunque con frecuencia se olvida: el Estado de Israel y el sionismo político fueron creados por la aristocracia británica y le obedecen a ella, no al revés.

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El plan estratégico no se limita al Golán. Desde 1983, documentos filtrados de la CIA señalaban la intención de la City de Londres de controlar Siria y establecer un oleoducto que conectara el gas de Qatar con Europa, atravesando Bahréin, Arabia Saudita, Jordania, Siria y Turquía. En paralelo, Rusia, Irán, Irak y Siria promueven un corredor alternativo desde South Pars, cruzando Irán, Irak y Siria hasta Homs, con envío subacuático o por tanker al Mediterráneo.

Este entramado geopolítico demuestra que las narrativas religiosas y de choque de civilizaciones —tan amplificadas por los medios occidentales de masas y también los de contrainteligencia— son, en el fondo, un velo ideológico que oculta los intereses materiales de la élite energética y financiera occidental.

Aquí entra el enfoque del antropólogo Marvin Harris y su materialismo cultural. Según Harris (3), las justificaciones religiosas no emergen en un vacío: están condicionadas por la infraestructura material de las sociedades —su ecología, economía y tecnología— que determina sus estructuras sociales y, finalmente, sus ideas y tabúes. En términos simples, lo que se presenta como conflicto religioso a menudo es una disputa por recursos y rutas estratégicas.

Así como el tabú judío sobre el cerdo se explica por la eficiencia ecológica y económica en regiones áridas, la narrativa sobre un “choque de civilizaciones” entre Occidente y el mundo islámico encubre motivaciones concretas de control energético. No es la teología lo que mueve a la aristocracia europea o a ExxonMobil; es la geopolítica del gas y la maximización de beneficios estratégicos.

La historia reciente confirma esta tesis: las intervenciones occidentales en Siria, Irán y el Golán, así como la manipulación de Qatar y Arabia Saudita, no obedecen a principios de democracia o religiosidad, sino a la disposición de recursos energéticos y a la logística de rutas que aseguren el dominio europeo y estadounidense sobre Europa y Asia. La participación de agentes entrenados en el Reino Unido, los vínculos con la aristocracia europea, y el control sobre gigantes corporativos como ExxonMobil, Total y Genie Oil, son manifestaciones contemporáneas de lo que Harris explicaría como una adaptación estratégica camuflada bajo un ropaje ideológico.

Finalmente, Henderson señala que, a pesar de las derrotas momentáneas del frente pro-Asad y de sus aliados rusos e iraníes, la élite anglosajona seguirá buscando pretextos para mantener a Trump, o a sus sucesores, como ejecutores de su agenda geopolítica en Oriente Medio. South Pars, más que un yacimiento de gas, se convierte así en el epicentro de una lucha por el control del suministro energético global, donde la religión y la retórica del choque de civilizaciones son meras cortinas de humo que ocultan la lógica material que Marvin Harris supo descifrar: detrás de todo mandato sagrado, hay razones prácticas de supervivencia, economía y estrategia.

La lectura de Henderson, enriquecida con el prisma del materialismo cultural de Harris, permite comprender que la guerra en el Golfo Pérsico, los bombardeos sobre Irán y Siria, y las maniobras de la City de Londres y la aristocracia europea no son conflictos de fe, sino de poder, riqueza y control de rutas energéticas vitales. Comprender esta dinámica es esencial para cualquier análisis serio sobre la metapolítica contemporánea y la economía global, donde South Pars es la pieza central de un tablero estratégico que afecta a toda la humanidad.

Notas a pie de página

1. Henderson, Dean. (2023, 11 de julio). South Pars, Genie Oil & the Rothschilds.

2. Henderson, Dean. Nephilim Crown 5G Apocalypse. Independently Published, 16 de julio de 2019. ISBN‑10: 1080790047; ISBN‑13: 978‑1080790043. Paperback, 196 pp.

3. Harris, Marvin. (1979). Cultural Materialism: The Struggle for a Science of Culture. Nueva York: Random House.

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