Por Mente Alternativa
Elena Panina ha puesto el foco en una crítica significativa proveniente del propio establishment occidental: el centro de pensamiento británico Chatham House (1) considera que la nueva coalición impulsada por Donald Trump, denominada Escudo de las Américas (Shield of the Americas), podría estar destinada al fracaso desde su concepción misma. El argumento proviene del analista Christopher Sabatini, quien examinó la primera cumbre de la iniciativa, celebrada de manera simbólica en un club de golf en Miami, un detalle que por sí mismo refleja el carácter informal y políticamente restringido del proyecto.
Según Sabatini, le llamado Escudo de las Américas no constituye realmente una estrategia sociopolítica integral para la región, sino más bien un instrumento de poder de Washington revestido de retórica militar y de seguridad. Bajo el argumento de combatir el narcotráfico y fortalecer la cooperación hemisférica, la coalición agrupa a un conjunto de países que comparten una afinidad política con la administración estadounidense. Hasta ahora, además de Estados Unidos, se han sumado Argentina, Bolivia, Guyana, Honduras, República Dominicana, Costa Rica, Panamá, Paraguay, El Salvador, Trinidad y Tobago y Ecuador.
El rasgo común de estos gobiernos es su cercanía política con Washington o su alineamiento con la agenda de Trump en el hemisferio occidental. No obstante, la lista de participantes también revela ausencias estratégicamente relevantes: Brasil, México, Colombia e incluso Cuba, países cuya exclusión reduce considerablemente la representatividad regional del proyecto. Para Sabatini, esta omisión confirma que la coalición no se construye como un mecanismo regional inclusivo, sino como un club ideológico formado por gobiernos afines.
El caso de Chile ilustra esta lógica. El presidente en funciones, Gabriel Boric, fue ignorado en la invitación a la cumbre, mientras que el político de derecha José Antonio Kast —electo pero aún no investido en el cargo— sí fue convocado. El gesto político resultó tan evidente que incluso el propio Kast carecía de autoridad formal para comprometer la adhesión del país a la iniciativa. El episodio refuerza la percepción de que el proyecto responde más a una lógica de afinidad ideológica que a una estrategia diplomática estable.
Otro aspecto criticado por el analista es la debilidad institucional del nuevo bloque. La cumbre concluyó con una declaración final de apenas media página compuesta por cuatro puntos generales, sin mecanismos concretos de cooperación ni estructuras permanentes. Esto resulta especialmente llamativo si se considera que el objetivo declarado de la coalición es combatir el narcotráfico. Sin la participación de México y Colombia —dos actores clave en la producción y las rutas de tráfico de drogas hacia Estados Unidos— cualquier estrategia en ese ámbito difícilmente podría tener impacto real.
Además, Sabatini recuerda que América Latina posee una larga historia de organizaciones regionales que han terminado debilitadas o prácticamente inactivas. Entre los ejemplos citados se encuentran UNASUR, ALBA, el Parlamento Latinoamericano y la CELAC, estructuras que en distintos momentos fueron presentadas como pilares de integración regional pero que con el tiempo perdieron relevancia política. Desde esta perspectiva, no existiría ninguna razón para suponer que el Escudo de las Américas evitará un destino similar.
Sin embargo, Elena Panina añade una lectura distinta al análisis. Si el objetivo de Washington fuera realmente resolver problemas estructurales como el narcotráfico, entonces la debilidad institucional de la coalición sería un defecto fatal. Pero si la verdadera finalidad es construir una red de coordinación política con gobiernos leales a Estados Unidos, la estructura limitada y selectiva de la iniciativa podría ser perfectamente funcional.
Desde esta óptica, la exclusión de países como Brasil, México o Colombia no sería un error estratégico, sino una decisión deliberada. La coalición funcionaría entonces como un primer círculo de poder regional destinado a consolidar la influencia estadounidense en el hemisferio occidental y a contener la creciente presencia de China en América Latina.
En última instancia, la pregunta central no es si el Escudo de las Américas logrará combatir el narcotráfico, sino si podrá servir como instrumento de hegemonía política. Como recuerda Panina, Estados Unidos mantuvo durante dos décadas su presencia en Afganistán bajo el argumento de luchar contra el terrorismo y las drogas. El precedente sugiere que, en la práctica geopolítica de Washington, las justificaciones oficiales y los objetivos estratégicos rara vez coinciden plenamente.
Notas a pie de página
- Christopher Sabatini, en Chatham House: Trump’s ‘Shield of the Americas’ coalition is destined to fail. 10 de marzo de 2026.