Por Mente Alternativa
Dos notas de Gretchen Small publicadas por Executive Intelligence Review (EIR) (1, 2) revelan que la cumbre denominada “Escudo de las Américas”, celebrada el 7 de marzo de 2026 en Doral, Florida, no fue simplemente una reunión para coordinar la lucha contra el narcotráfico. Según la lectura de Small, se trata del despliegue de una nueva doctrina estratégica de Washington destinada a consolidar un dominio militar hemisférico bajo el concepto geopolítico de la “Gran Norteamérica”.
La secuencia de los acontecimientos es reveladora. Dos días antes de la reunión presidencial, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, convocó en el Comando Sur de Estados Unidos la primera “Conferencia de las Américas contra los Cárteles”, conocida por su acrónimo A3C. El encuentro reunió a altos mandos militares y ministros de Defensa de aproximadamente 17 países del continente, en lo que EIR describe como el preludio operativo de la cumbre política que Donald Trump encabezaría al día siguiente.
Durante esa conferencia, Hegseth expuso abiertamente lo que llamó el nuevo mapa estratégico de la administración Trump. Según sus propias palabras, Washington considera que todos los países situados al norte del Ecuador —desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana— forman parte de un “perímetro de seguridad inmediato” de Estados Unidos.
Ese concepto fue definido como la “Gran Norteamérica”, una zona geopolítica que Washington pretende consolidar como bloque estratégico para impedir que potencias externas o coaliciones del llamado Sur Global ganen influencia en el hemisferio occidental.
Hegseth explicó que el objetivo de esta doctrina es bloquear a los adversarios que buscan sustituir la tradicional relación “Norte-Sur” por una arquitectura internacional alternativa que excluya a Estados Unidos y a otras potencias occidentales. En su discurso, el funcionario estadounidense dejó claro que el Pentágono pretende reforzar su presencia militar en la región mediante cooperación directa con gobiernos aliados, mientras que los países situados más al sur asumirían una mayor carga en la vigilancia del Atlántico Sur y el Pacífico Sur.
El mensaje fue inequívoco: Washington pretende reconstruir su esfera de influencia hemisférica en un momento en que el Sur Global —liderado por potencias emergentes— busca redefinir el equilibrio del sistema internacional.
La reunión concluyó con la solicitud a los participantes de firmar una declaración conjunta de seguridad, cuyo contenido completo aún no se ha divulgado. Según informes, Argentina, Bolivia, Ecuador y Paraguay estuvieron entre los primeros países en suscribirla.
Al día siguiente, el propio Donald Trump encabezó la llamada “Cumbre del Escudo de las Américas”, a la que asistieron doce jefes de Estado latinoamericanos considerados cercanos a Washington: Argentina, Bolivia, Chile (su próximo presidente), Costa Rica (presidentes saliente y entrante), República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago.
Durante su intervención, Trump formalizó la iniciativa presentada por Hegseth mediante la creación de la Coalición contra los Cárteles de las Américas (A3Cs), un mecanismo destinado —según el discurso oficial— a combatir el narcotráfico, la inmigración ilegal y la injerencia extranjera en la región.
Sin embargo, la retórica utilizada por el mandatario estadounidense dejó claro que la estrategia se apoya principalmente en la proyección del poder militar estadounidense. Trump insistió en que Estados Unidos posee “el armamento más increíble del mundo” (sic), sugiriendo incluso la posibilidad de proporcionar misiles y otros sistemas avanzados a los gobiernos que participen en la coalición.
En su discurso también presumió del supuesto éxito de la confrontación con Irán (sic), presentándola como prueba de la supremacía militar estadounidense.
Pero el momento más inquietante llegó cuando el presidente insinuó cuál podría ser el siguiente escenario de confrontación. Trump afirmó que Cuba sería el próximo objetivo después de Irán, insinuando que Washington podría intervenir para precipitar un cambio político en la isla. Incluso bromeó con que su secretario de Estado, Marco Rubio, se tomaría “una hora libre” después de resolver la crisis iraní para cerrar un acuerdo sobre Cuba, tras lo cual él mismo “se ocuparía” del país.
México también fue señalado de manera explícita. Trump lo describió como el “epicentro” de la violencia de los cárteles, llegando a sugerir que estas organizaciones criminales controlan gran parte del territorio mexicano. Bajo esa premisa, afirmó que Estados Unidos hará “todo lo necesario” para defender su seguridad nacional.
Para muchos observadores, estas declaraciones constituyen una señal preocupante, ya que podrían utilizarse como justificación para operaciones militares o de seguridad transfronterizas en territorio mexicano.
La puesta en escena del evento también fue reveladora. Tras pronunciar su discurso y firmar la proclamación que formaliza la A3C, Trump abandonó la reunión, dejando a los mandatarios invitados bajo la conducción de su gabinete.
Entre los funcionarios encargados de continuar las discusiones estaban el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, la enviada especial para las Américas Kristi Noem, el asesor Stephen Miller y miembros del equipo económico de la administración.
Para EIR, la importancia de estos acontecimientos radica en que revelan una reorganización estratégica del hemisferio occidental. Bajo la bandera de la lucha contra el narcotráfico y la inmigración ilegal, Washington estaría construyendo una arquitectura de seguridad regional orientada a preservar su hegemonía en un momento de transición geopolítica global.
En ese contexto, la noción de “Gran Norteamérica” y la creación de la Coalición contra los Cárteles de las Américas aparecen como instrumentos complementarios de una misma estrategia: consolidar una esfera de influencia militar, política y económica que excluya a las potencias emergentes del Sur Global y refuerce el control estadounidense sobre su “vecindario estratégico”.
Las referencias a Cuba y México no son, por tanto, meras frases retóricas. En la interpretación de Small, forman parte de un mensaje más amplio sobre cómo la administración Trump concibe el futuro del continente.
La advertencia implícita es clara: el llamado “Escudo de las Américas” podría convertirse en el marco institucional de una nueva fase de intervencionismo estadounidense en la región.
Notas a pie de página
1. Gretchen Small, en EIR: Hegseth Unveils Trump’s Hemispheric War Plan for “Greater North America”, 7 de marzo de 2026.
2. Gretchen Small, op. cit.: Trump Tells Rump Caucus of Americas Presidents: Cuba Is Next After Iran; Mexico Is on the List, 7 de marzo de 2026.