Por Mente Alternativa
Basándose en 1 Tesalonicenses 5:3, la expresión «paz y seguridad» ha sido interpretada en la escatología cristiana como el anuncio del reinado del Anticristo: una etapa de estabilidad aparente que precede a una destrucción súbita. Según esa lectura, un líder mundial promovería un pacto con Israel que rompería a mitad de una tribulación de siete años. Tenebroso. Sin embargo, conviene recordar que la Biblia no es un texto descendido del cielo, sino una construcción histórica moldeada durante dos milenios por élites religiosas y aristocráticas —sacerdotes cabalistas y linajes de poder nacidos en esta Tierra— cuyas interpretaciones han servido, una y otra vez, para legitimar proyectos geoestratégicos.
En ese marco simbólico resuena el actual plan de paz de Trump para Gaza. Tras concluir una reunión con Benjamin Netanyahu, Trump reafirmó su compromiso de atacar Irán si no se alcanza un acuerdo, mientras en paralelo se impulsa una arquitectura política para el día después en Gaza. Mientras el genocidio contra el pueblo palestino continúa, Netanyahu se incorporó al llamado “Board of Peace”, encargado de debatir la reconstrucción del enclave, aunque insiste en que ninguna obra comenzará antes de la desmilitarización de Hamás. Haaretz reveló que dicho consejo comparte en gran medida su visión, barajando una reconstrucción gradual en zonas despejadas, administradas por un comité tecnocrático palestino.
Pero una revelación publicada el 24 de septiembre por el Canal 12 de Israel confirmó que el supuesto plan de Trump no es una iniciativa estrictamente estadounidense, sino la continuidad de una agenda elaborada por su yerno, el jabadista Jared Kushner, y por el ex primer ministro británico Sir Tony Blair. La familia Kushner mantiene vínculos estrechos con el movimiento cabalista jasídico Jabad-Lubavitch y ha financiado al Partido Demócrata y a la Universidad Yeshiva en Nueva Jersey, institución dedicada a estudios talmúdicos y relacionada con academias como Bnei David, yeshivá de élite financiada por el gobierno israelí que forma futuros líderes militares y cuyos rabinos han emitido enseñanzas polémicas exaltando a Hitler y promoviendo la esclavitud de los árabes.
Tony Blair, por su parte, ostenta los títulos de Sir —Caballero de la Orden de la Jarretera desde 2022, honor personal del monarca británico— y The Right Honourable, tras su ingreso al Consejo Privado en 1994. Su permanencia en la cúspide de la élite británica enlaza con la genealogía del sionismo político, cuya cristalización moderna se expresó en la Declaración Balfour de 1917, carta de Lord Arthur Balfour a Lord Walter Rothschild. El proyecto actual prolonga esa impronta imperial.
A diciembre de 2025, se informó que el ex primer ministro británico Tony Blair fue apartado o excluido del propuesto “Board of Peace” para Gaza impulsado por Donald Trump, tras fuertes objeciones de varios Estados árabes y musulmanes. Su exclusión se debió en gran medida a su historial en relación con la guerra de Irak y a la oposición regional.
Según el informe israelí y análisis posteriores, el plan incluye liberación de rehenes, alto el fuego permanente y retirada gradual de Israel, pero su núcleo es un mecanismo de gobierno sin Hamás, financiado por países árabes y vigilado por una fuerza multinacional, con el objetivo de convertir Gaza en un enclave “seguro” para la inversión extranjera. Thierry Meyssan, citando al Washington Post, reveló que el 27 de agosto Trump, J. D. Vance, Steve Witkoff, Marco Rubio, Tony Blair y funcionarios israelíes discutieron en la Casa Blanca una administración directa estadounidense de Gaza durante al menos diez años, transformándola en un “brillante complejo turístico y centro de alta tecnología” con una inversión inicial de 100 000 millones de dólares. Para facilitar el desplazamiento “voluntario”, se ofrecerían 23 000 dólares por familia, mientras se exploraban contactos con Libia, Etiopía, Sudán del Sur, Indonesia y Somalilandia para reubicar palestinos. La analogía con la Ley de Deportación de los Indios de Andrew Jackson resulta inquietante.
El Tony Blair Institute y el Boston Consulting Group han trabajado en el Gaza Reconstitution, Economic Acceleration and Transformation Trust (GREAT Trust), orientado a crear una “Riviera de Gaza” al estilo Dubái. Paralelamente, la Gaza Humanitarian Foundation, creada en Suiza y vinculada a exagentes de inteligencia y contratistas militares privados, ha comenzado a reemplazar a la ONU en la distribución de ayuda, en un contexto donde ataques letales alcanzaron a civiles que buscaban alimentos. La presencia de mercenarios ligados a exoficiales de la CIA y a compañías como Blackwater añade un componente paramilitar a esta reconfiguración.
Harley Schlanger advierte que Blair coordina actores regionales e internacionales para gestionar Gaza tras el genocidio, integrando corredores comerciales destinados a contrarrestar la Ruta de la Seda china y frenar la expansión de los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái. Lejos de allanar el camino a un Estado palestino soberano, el esquema consolida una reconfiguración geopolítica bajo el paraguas angloestadounidense.
Mientras tanto, en la Asamblea General de la ONU del 23 de septiembre de 2025, numerosos aliados de EE.UU. e Israel reconocieron oficialmente al Estado palestino, señal de un cambio de paradigma global pese a la continuidad del genocidio. Trump descalificó ese reconocimiento como un “premio” a Hamás, ignorando que la línea dura de esa organización ha operado históricamente bajo la influencia de la Corona británica a través de la Hermandad Musulmana.
El declive relativo del poder estadounidense frente al avance multipolar es evidente. En Teherán, manifestantes incendiaron una efigie de Moloch o Baal —deidad asociada al sacrificio infantil— vinculada en narrativas contemporáneas a entornos como el Bohemian Grove y mencionada simbólicamente en archivos relacionados con Jeffrey Epstein, descrito como pedófilo y agente del MI6 británico. La figura, con estrella de David y rasgos satánicos, ardía mientras se coreaba “Muerte a Israel”, síntoma de una guerra simbólica que acompaña a la material.
Ante el riesgo de confrontación nuclear, líderes como Prabowo Subianto llamaron a rescatar las mejores tradiciones civilizatorias, incluidas las raíces emancipadoras de la Revolución estadounidense. Diane Sare, ex candidata larouchista al Senado, denunció en la ONU un sistema político estadounidense roto e invocó la resolución 377A para sortear los bloqueos del Consejo de Seguridad, recordando que la historia pertenece a los pacificadores y que nombres como el de Hind Rajab permanecen en la conciencia moral del mundo.
Así, bajo la promesa de “paz y seguridad”, Gaza se convierte en laboratorio donde unipolaridad y multipolaridad chocan y se sintetizan mientras viejas élites intentan reconfigurar el tablero. La cuestión no es si la profecía se cumple, sino quién escribe su interpretación y con qué fines.