Por Mente Alternativa
Un reciente informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), analizado por la directora de Russtrat, Elena Panina, describe a la opinión pública europea como un “archipiélago” de islas ideológicas dispersas en torno a tres ejes: el futuro de la Unión Europea, la relación con Estados Unidos y la política militar. Según los autores del estudio, Celia Bélen y Pavel Zerkal (1), esta fragmentación constituye el principal obstáculo para articular una estrategia coherente del continente en el nuevo contexto geopolítico.
El informe identifica seis grandes grupos. Los llamados “halcones europeos” desconfían de Washington y promueven una mayor autonomía estratégica junto con fuerzas armadas europeas robustas. Las “palomas europeas” mantienen una actitud pragmática hacia EE. UU., pero rechazan la militarización como respuesta a las crisis. Los “atlantistas” valoran tanto la alianza con Estados Unidos como el proyecto europeo. Los “renegados” representan una corriente antisistema contraria tanto a la UE como a Washington. Los “nacionalistas” apoyan el fortalecimiento militar, aunque sin cooperación supranacional. Finalmente, los “trumpistas” —minoría— respaldan especialmente a EE. UU. bajo el liderazgo de Donald Trump y se muestran escépticos hacia Bruselas.
Ante este mosaico político, los analistas del ECFR proponen la construcción de coaliciones transversales que permitan acciones conjuntas. Plantean tres posibles ejes de convergencia: una “coalición de bayonetas”, favorable a una mayor militarización; una “coalición de valores”, orientada a la cooperación entre centros de poder; y una “coalición euroescéptica”, abiertamente contraria al proyecto comunitario.
Aunque el informe presenta como más prometedora la coalición basada en valores compartidos, el propio mapa sociopolítico sugiere otra conclusión. La militarización aparece como el único terreno común capaz de integrar a halcones, atlantistas e incluso a sectores nacionalistas. En otras palabras, más allá de los discursos normativos, el consenso operativo gira en torno al fortalecimiento militar del continente.
Desde la lectura crítica que recoge Panina, esta convergencia implícita revela que la preparación para la guerra podría convertirse en el principal vector de cohesión de una Europa desorientada. No porque exista un proyecto político inspirador que movilice a las mayorías, sino porque la lógica securitaria ofrece una narrativa simple y funcional ante la crisis del orden occidental. La incapacidad de las élites europeas para articular una idea integradora distinta reforzaría esta tendencia.
Así, la militarización del Viejo Continente no se presenta necesariamente como un objetivo declarado, pero sí como la base pragmática sobre la cual las élites podrían reconstruir consensos en un entorno de creciente rivalidad global. La pregunta de fondo —apenas insinuada en el debate— es contra quién se orientaría esa preparación bélica.
Notas a pie de página
1. Célia Belin y Pawel Zerka, en The European Council on Foreign Relations: The European archipelago: Building bridges in a post-Western Europe. 11 de febrero de 2026.