Por Mente Alternativa
En julio de 2025, dentro de la iniciativa Earth4All impulsada por el Club de Roma, se publicó un informe titulado Circular Economy: Why Resources Matter for Changing Economic Systems. Sus autores, Monica Dittrich y Peter Henicke del Wuppertal Institute —este último miembro del propio Club de Roma— junto a Till Kellerhoff, director de Earth4All, presentaron una visión de “nueva economía” destinada a reemplazar al capitalismo moderno con un modelo de economía circular.
La propuesta parte de la premisa de que el capitalismo rentista está obsoleto y debe ser sustituido por una economía circular basada en el concepto de Product as a Service. Este sistema plantea que en lugar de comprar productos, los ciudadanos los renten de manera permanente, manteniendo siempre el productor la propiedad de los bienes. En la práctica, el consumidor se convierte en un arrendatario vitalicio, mientras que los derechos de propiedad se concentran en manos de un número reducido de gestores de activos.
El propio CEO de Royal Philips explicó con claridad este principio: “¿Por qué debería venderte un producto si lo que te interesa es el beneficio? Tal vez yo siga siendo el dueño y solo te venda el beneficio como servicio”. Dicho de otra manera, se trata de un modelo de suscripción en el que las élites conservan la propiedad y los ciudadanos solo acceden al uso.
El documento reconoce que, incluso si este modelo abarata el acceso a bienes, es necesario limitar lo que las personas pueden hacer con los ahorros obtenidos. Textualmente, señala: “Es necesario asegurar que el dinero adicional no se gaste en cosas que requieran más recursos y/o energía”. Así, ni siquiera el fruto del ahorro individual podrá ser usado libremente, pues un nuevo orden de propietarios decidirá qué es “consumo adecuado”.
La reducción del consumo, especialmente en países desarrollados, es otra pieza central de este plan. El informe propone metas vinculantes como reducir a la mitad el consumo de materias primas, aclarando que quienes más consumen deben reducir en mayor medida que quienes consumen menos. La incógnita reside en quién definirá los niveles de consumo “altos” o “bajos” y bajo qué criterios se impondrán tales limitaciones.
Este paradigma ya se está implementando en distintas instancias internacionales. El Pacto por el Futuro de la ONU, aprobado en septiembre de 2024, incluye compromisos explícitos para avanzar hacia la economía circular. La Unión Europea promueve activamente el modelo de Product as a Service dentro del Pacto Verde, mientras que el Foro Económico Mundial lo considera una de las agendas más cruciales del siglo XXI.
En la práctica, este “nuevo capitalismo de stakeholders” no rompe con la lógica rentista, sino que la profundiza: una minoría concentra la propiedad y el control, mientras la mayoría se convierte en arrendataria perpetua. Bajo el discurso de igualdad, lo que se plantea es que todos sean igualmente pobres, limitados en consumo y despojados del derecho a poseer. Solo los grandes gestores de activos conservarán el privilegio de la propiedad.
La paradoja se hace evidente al observar cómo las élites que promueven este modelo siguen viajando en jets privados y disfrutando de lujos, mientras exhortan a los demás a reducir su huella de carbono y “vivir más simple”. En nombre de salvar al planeta, se configura así una nueva forma de control económico y social en la que las libertades individuales se subordinan a la concentración de poder en manos de unos pocos.
El Club de Roma y la economía circular no representan simplemente una propuesta ambiental, sino la transición hacia una era de “vida por suscripción”, en la que la libertad de poseer y decidir se sacrifica en beneficio de un sistema global de gestión centralizada.