Por Mente Alternativa
En un artículo titulado “¿Por qué Israel ahora tiene la mira puesta en Turquía?”, Trita Parsi, del Instituto Quincy, afirma que el conflicto entre Israel y Turquía ya no es una cuestión de si ocurrirá, sino de cómo y cuándo se desarrollará. A medida que la influencia de Irán disminuya, Turquía emergerá como el próximo obstáculo para los objetivos regionales de Israel. Históricamente, Tel Aviv ha seguido una estrategia de alianzas con estados no árabes para contrarrestar el poder del mundo árabe. Sin embargo, tras la neutralización de amenazas árabes tradicionales y el debilitamiento del «eje de resistencia» liderado por Irán, Israel busca ahora mantener su hegemonía regional enfrentándose a Ankara.
Israel aplica desde hace décadas una doctrina de “hegemonía preventiva”, basada en garantizar su seguridad mediante la superioridad militar sobre cualquier actor regional que pueda rivalizar con él, independientemente de sus intenciones reales. En este contexto, el fortalecimiento de la cooperación israelí con los kurdos, el impulso a una alianza antiturca con Grecia, Egipto, Chipre y los EAU, así como las tensiones por el gas en el Mediterráneo oriental, son señales claras de una estrategia para contener y debilitar el poder turco sin recurrir a una guerra directa.
No obstante, Turquía representa un desafío más complejo y duradero para Israel. Con una diplomacia islámica más adaptable, lazos crecientes con Rusia y China, y una posición estratégica en múltiples frentes regionales —desde Palestina hasta el Mar Rojo—, Ankara posee herramientas políticas y geoestratégicas que podrían contrarrestar los planes de Tel Aviv. En este tablero, Rusia también juega su propia partida, buscando capitalizar las contradicciones entre actores regionales para consolidar su influencia en Oriente Medio.