Por José Luis Preciado
Al parecer, el momentum creado por el nuevo corredor ferroviario China-Irán se ha convertido en uno de los factores estratégicos lo suficientemente serios como para desencadenar una ofensiva militar contra el país persa. Dos semanas después de su inauguración oficial en mayo de 2025, Estados Unidos e Israel bombardearon —tras ocho meses de preparación clandestina— instalaciones nucleares, científicos y líderes militares de Irán con el pretexto de frenar un programa de armamento inexistente. La coincidencia no es accidental.
El nuevo corredor ferroviario China-Irán fue inaugurado oficialmente el 28 de mayo de 2025, reduce el tiempo de transporte de mercancías entre ambos países de 40 a 15 días, evitando las rutas marítimas controladas por Occidente. El corredor ferroviario China-Irán no es solo una ruta comercial; es un acto de desafío geopolítico. Al conectar Xi’an con Teherán y proyectarse hacia Europa, esta red evita puntos estratégicos como el estrecho de Malaca, donde la marina estadounidense ejerce un control férreo. Además, facilita el flujo de petróleo iraní hacia China, eludiendo sanciones occidentales. Para el BRICS, este proyecto encarna la multipolaridad que pregona: un sistema donde las transacciones ya no dependan del dólar ni de las rutas dominadas por Washington, y representa una amenaza geoeconómica directa al viejo orden liberal impuesto por Londres y Washington tras la Segunda Guerra Mundial.
La sincronización de estos eventos no parece casual: mientras el BRICS —ahora ampliado con Irán como miembro pleno desde 2024— avanza en la construcción de alternativas al orden económico occidental, Estados Unidos y sus aliados responden con una escalada militar que busca debilitar esta alianza emergente. El mensaje fue claro: todo intento de construir una infraestructura soberana en el marco del BRICS será castigado.
Desde que Irán se convirtió en miembro pleno del BRICS en 2024, ha asumido un rol estratégico en la Iniciativa de la Franja y la Ruta promovida por China. El corredor ferroviario no solo transporta mercancías; es un instrumento para eludir sanciones, reducir dependencia del dólar y consolidar una red comercial alternativa al sistema dominado por la City de Londres y sus sucursales de Wall Street. Sin embargo, la respuesta del BRICS a la agresión militar ha dejado en evidencia sus fracturas internas. Rusia, China y Brasil pidieron una condena firme, mientras que India y Emiratos Árabes Unidos, todavía atados a vínculos con Occidente, optaron por un lenguaje tibio y evasivo. Esta falta de unidad es precisamente lo que el eje anglosajón buscaba al lanzar el ataque: desmoralizar, dividir y desacreditar la capacidad del BRICS de actuar como un bloque coherente.
El trasfondo de la agresión también es geoeconómico. El BRICS encarna la posibilidad real de un nuevo sistema internacional basado en la soberanía, la igualdad entre naciones y el desarrollo productivo. La propuesta de Lula da Silva en la reciente cumbre del bloque en Río de Janeiro —crear una arquitectura financiera reformada que supere al FMI— va directamente contra los intereses de la oligarquía financiera transatlántica. Esa misma élite que, desde Chatham House en Londres hasta las páginas del New York Times, advierte abiertamente que los ataques a Irán “ponen a prueba” la cohesión del BRICS. Y lo hacen porque saben que si el bloque consolida sus mecanismos de financiamiento y defensa mutua, el dominio unipolar que ha regido los últimos 500 años podría derrumbarse.
En ese contexto, el corredor ferroviario China-Irán no es solo una línea de tren. Es la primera pieza tangible de un nuevo orden mundial. Es la posibilidad de un comercio soberano, de una economía global que no gire en torno al chantaje financiero de Londres y Washington. Y por eso ha sido atacado. La verdadera guerra ya no se libra solo con misiles, sino con infraestructuras, monedas, tratados comerciales y alianzas estratégicas.
El Sur Global está observando. Si el BRICS no responde de forma coordinada y decidida, el mensaje que quedará es que cualquiera que ose desafiar al hegemón será reducido a cenizas. Pero si lo hace, si logra consolidarse pese a las amenazas, el ferrocarril China-Irán podría ser recordado no como el motivo de una agresión, sino como el primer riel del nuevo mundo que ya comienza a construirse.