Steve Bannon no es lo que aparenta. Presentado como ideólogo del trumpismo y abanderado del soberanismo occidental, su trayectoria —desde el proyecto metapolítico del monasterio de Trisulti hasta los mensajes revelados en los archivos de Epstein— sugiere algo más que activismo ideológico: apunta a una operación de contrainteligencia política. Lejos de encarnar una ruptura antisistema, Bannon emerge como un dispositivo de contención estratégica, una pieza clave en la instrumentalización del populismo para reconducir la rebelión hacia el redil de la oligarquía ocultista de Occidente.
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