Oscuro Claro
La estrategia de Netanyahu basada en la pequeña Prusia está llevando a Israel hacia un punto de no retorno, tal como predijeron I.F. Stone y Henry Kissinger.

Por Mente Alternativa

En junio de 2025, Benjamin Netanyahu ejecutó la Operación Rising Lion contra instalaciones nucleares iraníes, culminando una política que lleva décadas gestándose y que hoy amenaza con acelerar el fin del Estado de Israel. Tal como advirtió el periodista estadounidense I.F. Stone en 1967, la opción por la «pequeña Prusia» —una estrategia de fortaleza sitiada, guerra preventiva y aislamiento regional— ha empujado a Israel hacia una dinámica autodestructiva. Stone, ferviente defensor del sionismo liberal, ya veía tras la Guerra de los Seis Días una bifurcación crítica: el camino de la reconciliación con los pueblos árabes, o el del militarismo y el chauvinismo. Netanyahu eligió este último.

El rechazo sistemático a la reconciliación, la consolidación de una ideología del asedio eterno y la dependencia de la fuerza bruta han sido los pilares del proyecto político de Netanyahu. Bajo su liderazgo, Israel no solo ha perdido oportunidades históricas de paz, sino que ha abonado las condiciones para su propio colapso. El aislamiento diplomático, la división interna alimentada por la ultraderecha, y el progresivo desencanto de Washington, reflejan las advertencias que Henry Kissinger formuló en 2012 al predecir que Israel podría no existir en una década. Lejos de ser una especulación esotérica, la “profecía” de Kissinger fue una evaluación racional del curso que seguía el país.

Los hechos de junio de 2025 marcaron un punto de no retorno. El ataque a Irán fue condenado por once países como una flagrante violación del derecho internacional, mientras las tensiones con Washington alcanzaron un punto crítico. La escalada convirtió lo que era una guerra fría regional en una confrontación abierta entre Israel e Irán, arrastrando consigo al resto del sistema internacional. Lejos de garantizar la seguridad israelí, esta ofensiva desató la tormenta perfecta: presión sobre los aliados, aislamiento total en su entorno y una amenaza nuclear inminente, provocada en gran parte por la propia lógica de Netanyahu.

La pequeña Prusia de Stone se ha materializado en su peor versión: un Israel que ya no puede sostenerse con poder militar porque ha perdido su base de legitimidad y apoyo internacional. Netanyahu, convencido de que la fuerza era la única vía, aceleró la marcha cuando el abismo ya era visible. Hoy, Israel es una fortaleza asediada, atrapada por su propia estrategia de supervivencia. El final que describieron Stone y Kissinger no era una advertencia, sino un diagnóstico. Y Netanyahu, su arquitecto más ferviente.

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