Oscuro Claro
El presidente argentino propone una IA sin regulación como imán para inversiones millonarias mediante la creación de “sociedades anónimas autónomas” o “corporaciones no humanas”: entidades operadas íntegramente por robots, con responsabilidad limitada y sin necesidad de accionistas humanos.

Por Mente Alternativa

En una columna publicada en el diario Financial Times, el presidente de Argentina, Javier Milei, ha revelado una estrategia que aspira a reconfigurar el destino económico de su nación a partir de una apuesta audaz y profundamente controversial: convertir al país sudamericano en un polo global de inversiones en inteligencia artificial mediante un compromiso explícito con la IA sin regulación. Tal como informa Fernanda González en su cobertura para Wired (4 de junio de 2026), el mandatario no solo propone eliminar las trabas burocráticas a esta tecnología, sino que ha presentado ante el Congreso un proyecto de ley —denominado ‘Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias’ (Súper RIGI)— que busca atraer proyectos de al menos mil millones de dólares en sectores inexistentes hoy en Argentina, como centros de datos para inteligencia artificial, fabricación de semiconductores y desarrollos avanzados de biotecnología.

La argumentación de Milei posee una textura casi filosófica, empapada de una cierta mística del derecho mercantil. En su escrito, el presidente se remonta al año 1602, momento fundacional de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, cuando el mundo asistió al nacimiento de la sociedad de responsabilidad limitada. “Solo cuando la ley puso un techo al riesgo, el capital pudo desplegarse con verdadera fuerza”, sentencia Milei, trazando un paralelismo directo entre aquella innovación jurídica y la que él pretende instaurar ahora. A su juicio, la Revolución Industrial no fue únicamente un fenómeno de la ingeniería, sino también de la imaginación legal. Y bajo esa misma lógica, sostiene que “las empresas que utilizan nuevas tecnologías, como los agentes de IA, requieren el mismo marco legal que ha sustentado el capitalismo durante más de cuatro siglos”. De ahí que su propuesta central sea la creación de una nueva figura jurídica denominada “sociedad anónima autónoma” o “corporación no humana”, destinada a agrupar entidades operadas íntegramente por agentes de inteligencia artificial o robots, con responsabilidad limitada y la posibilidad de que no existan accionistas humanos.

Este edificio ideológico se asienta sobre tres pilares que Milei detalla con una claridad que roza lo programático. El primero, y más resonante, es su “compromiso de mantener la IA sin regulación para que pueda desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”. El segundo es la consagración legal de esas corporaciones no humanas, que cuando ejercen un juicio independiente en entornos impredecibles —condición indispensable para ser útiles— conllevan riesgos reales que, según el mandatario, solo pueden mitigarse con el escudo de la responsabilidad limitada. El tercer pilar consiste en una batería de incentivos fiscales: bajas tasas impositivas corporativas y libertad para que los accionistas elijan el marco de gobierno corporativo que prefieran, todo ello sin convertir a Argentina en un paraíso para capitales ilícitos, tal como el propio presidente se apresura a aclarar. “Para toda actividad comercial legítima, nuestro marco ofrecerá condiciones inigualables”, promete.

Sin embargo, este despliegue de audacia jurídica no ha dejado indiferente a los especialistas. Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, celebra que la iniciativa coloque al país a la vanguardia de una actividad que concentra enormes flujos de capital global, voces críticas como la de Ariel Garbarz, experto en telecomunicaciones y ciberseguridad, han encendido las alarmas. Garbarz sostiene que la propuesta de Milei constituye una invitación explícita para que gigantes como Palantir, Google, Meta, Microsoft, Amazon y OpenAI hagan negocios en Argentina “sin controles, auditorías, soberanía tecnológica, derechos laborales ni mecanismos democráticos de supervisión”. En sus declaraciones recogidas por diversos medios, el especialista advierte que la ausencia de regulación no es sinónimo de libertad, sino el preámbulo de una nueva servidumbre: “Milei no está defendiendo el futuro. Está rifando el cerebro colectivo de la nación. Está diciendo: ‘vengan, hagan mierda todo, usen nuestros datos, nuestra energía, nuestros recursos y nuestra población como laboratorio, que yo no los voy a regular’”.

Lo que está en juego, por tanto, no es solo una política económica, sino una ontología del poder. La llegada a Argentina de Peter Thiel, cofundador de Palantir y figura emblema del libertarismo tecnológico, no es un accidente sino una pieza más de este rompecabezas. Thiel, quien según reportes del New York Times habría elegido Argentina como refugio ante el temor a una guerra nuclear o un colapso social en Estados Unidos, comparte con Milei la visión de que la desregulación estatal es el motor de la innovación. No en vano, Thiel ha impulsado en Honduras el proyecto de ciudad autónoma “Próspera”, un laboratorio de gobernanza privada dirigido por inteligencia artificial y criptomonedas, que funciona al margen de las leyes del país anfitrión. La sospecha, alimentada por analistas como los del canal Litigio, es que la Patagonia argentina podría convertirse en el escenario de un experimento similar, aprovechando además las reformas de Milei que eliminan restricciones a la compra de tierras por extranjeros.

En el fondo, la propuesta de una IA sin regulación encierra una paradoja insoluble: para que la inteligencia artificial se desarrolle “libremente”, se requiere una intervención jurídica masiva que redefina la naturaleza misma de la persona y la corporación. Milei quiere que Buenos Aires sea para el siglo XXI lo que Ámsterdam fue para el XVII: “el lugar donde la imaginación jurídica alcanzó al momento tecnológico y cambió el mundo”. Pero aquel Ámsterdam mercantil también engendró sus propias oscuridades: la esclavitud, la explotación colonial y la desigualdad extrema. La pregunta que flota sobre las pampas desreguladas es si Argentina, al abrazar esta visión, está escribiendo el prólogo de una nueva era de prosperidad o, por el contrario, el primer capítulo de una distopía donde los datos y la voluntad de una población entera se convierten en el combustible anónimo de entidades que ya no necesitan rendir cuentas a ningún humano. Mientras el Congreso debate y los inversores observan, el mundo asiste a un experimento sin precedentes: la construcción de un paraíso fiscal para las máquinas, donde la única regulación posible es la que consagra la ausencia de toda regla.

Fuentes consultadas

1. Milei, Javier. «Javier Milei: Argentina invites AI to free itself«. Financial Times, 3 de junio de 2026.
2. González, Fernanda. “Milei apuesta por una IA sin regulación para atraer inversiones millonarias a Argentina”. Wired, 4 de junio de 2026.
3. Declaraciones de Ariel Garbarz, experto en telecomunicaciones y ciberseguridad, recogidas en la cobertura de Wired y otros medios argentinos.
4. The New York Times. “Why Peter Thiel Moves to the End of the World”. 2 de junio de 2026

León XIV y la paradoja de la inteligencia artificial: progreso técnico versus regresión antropológica, según la encíclica Magnifica humanitas



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