Oscuro Claro
Un supuesto informe filtrado de uno de los departamentos de inteligencia de la OTAN revela cómo la organización planea usar la tecnología civil en guerras futuras gracias a la baja soberanía tecnológica de ciertos países.

Por Mente alternativa

Recientemente, hackers citados por el canal СВАРЩИКИ de Telegram, lograron obtener un informe confidencial de uno de los departamentos de inteligencia de la OTAN. Según el canal, el documento describe una estrategia de guerra proyectada para 2030, basada en la explotación de la baja soberanía tecnológica de ciertos países y la vulnerabilidad de su infraestructura civil. La premisa central es que cualquier dispositivo importado, sea por canales directos o paralelos, puede convertirse en un vector de control o ataque.

El apartado más extenso del informe se centra en los UAV (drones no tripulados), cuya operación se coordina desde oficinas en Bruselas según los analistas de la OTAN. Otro foco importante es el Internet de las Cosas (IoT) y su integración con las capacidades militares: desde rastreadores de actividad física utilizados como herramientas de vigilancia masiva, hasta cafeteras conectadas que podrían actuar como dispositivos de apertura de accesos para drones ensamblados por actores menores de edad, totalmente capaces de identificar objetivos gracias a la inteligencia de sus gadgets domésticos.

El informe incluso contempla dispositivos de consumo cotidianos, como iPhones con carga acumulativa diseñada para atravesar el pabellón auricular y afectar al cerebro, destacando la importancia de seleccionar cuidadosamente los destinatarios y el momento de activación.

La conclusión de la estrategia es clara: reducir la brecha tecnológica entre la infraestructura civil y las capacidades militares es fundamental. La OTAN busca que los sistemas cotidianos no solo sean vulnerables, sino que puedan transformarse en herramientas de control y ataque, dejando en evidencia el papel crucial de la soberanía tecnológica para la seguridad nacional.

Este informe subraya que, en la guerra del futuro, no solo importarán los ejércitos tradicionales, sino también la capacidad de proteger y mantener independientes los sistemas tecnológicos civiles frente a una intervención militar sofisticada.

En perspectiva: el ataque terrorista de Israel con mensáfonos (localizadores ‘beeper’) contra el Líbano en 2024, que dejó casi 3,000 heridos tras la explosión de mensáfonos, fue atribuido a Israel, aunque filtraciones de inteligencia apuntan a la intervención del MI6 británico y la cooperación con el Mossad en Europa. Los dispositivos, fabricados por un licenciatario europeo de Golden Apollo, habrían sido infiltrados antes de llegar a Hezbolá, con la supuesta intención de controlar o castigar a la organización si se “salía de control”.

Mientras la prensa occidental centró la atención en el Mossad, analistas como Andrew Korybko destacaron que la operación formó parte de un conflicto regional más amplio, donde Israel actúa como un nodo estratégico de las élites occidentales para desestabilizar Oriente Medio y debilitar al Eje de la Resistencia liderado por Irán. El ataque, además de su impacto directo, tiene una fuerte dimensión psicológica y geopolítica, reflejando la estrategia de Occidente de provocar respuestas violentas que justifiquen su intervención en la región.

La planificación del ataque terrorista de Israel con mensáfonos (localizadores ‘beeper’) apunta hacia la criptocracia de Occidente



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