No hay cambio dinástico, revolución o guerra que no responda a una decisión filosófica previa, ni hay giro epistemológico que no se traduzca en una nueva configuración del poder. La historia de los principados y la historia de las ideas son una sola y misma historia. La filosofía política no estudia una mera aplicación accidental, sino la homología esencial donde la filosofía genera la política y donde no hay acto político sin una matriz filosófica previa.
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