Oscuro Claro
La dinámica reciente de los bancos problemáticos según los últimos informes del FDIC revela un deterioro silencioso: en el último trimestre de 2025, más bancos ingresaron a la lista de los que lograron salir, evidenciando una tendencia en la que el riesgo se expande más rápido de lo que se contiene. Si esta asimetría persiste, el sistema podría acercarse a niveles históricamente asociados con tensiones financieras más amplias.

Por Mente Alternativa

Hay un tipo de quietud que no es calma, sino la respiración contenida antes del vértigo. La banca estadounidense, ese sistema circulatorio de la economía real, ofrece al cierre de 2025 un cuadro que los informes de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC) califican como «estable», pero que al examen minucioso revela las tensiones propias de un cuerpo que aún cicatriza. El dato es aparentemente modesto: 60 bancos en la lista de «problem banks» durante el cuarto trimestre de 2025, una cifra que representa el 1.4% del total de instituciones aseguradas. Frente al 1.4% del primer trimestre (cuando eran 63), la variación parece irrelevante. Sin embargo, como en los grandes diagnósticos, la significación no reside en el número absoluto, sino en la dirección y la textura del cambio.

La lista de bancos problemáticos —aquellos que reciben una calificación compuesta CAMELS de 4 o 5, lo que indica deficiencias financieras, operativas o de gestión— es el termómetro de la vulnerabilidad sistémica. Durante el segundo y tercer trimestre de 2025, el listado mostró una contracción esperanzadora: 59 y 57 entidades respectivamente. Pero el último informe del año, correspondiente al cuarto trimestre, registró un aumento neto de tres bancos, situando la cifra en 60.¹ Lejos de ser un retroceso dramático, este incremento opera como un recordatorio de que la fragilidad bancaria no se ha desvanecido; se ha reconfigurado.

La anatomía de la lista: quiénes son y por qué importan

Una de las omisiones más frecuentes en el análisis de los informes de la FDIC es la ausencia de nombres propios. La agencia, por razones de confidencialidad regulatoria y para evitar corridas bancarias inducidas por el pánico informativo, no divulga la identidad de los bancos incluidos en la lista de problemas. Esta opacidad, aunque comprensible desde la óptica de la estabilidad financiera, introduce una asimetría significativa: sabemos que existen 60 entidades con calificaciones CAMELS de 4 o 5, pero desconocemos sus nombres, sus ubicaciones y sus tamaños relativos.

Lo que sí podemos reconstruir, a partir de la información agregada que la FDIC sí publica, es el perfil de riesgo de estas instituciones. La literatura regulatoria y los informes de supervisión indican que los bancos calificados con 4 o 5 suelen presentar una combinación de alguno de los siguientes rasgos:²

  1. Deterioro en la calidad de los activos, con niveles de morosidad significativamente superiores a la media del sistema (que en el cuarto trimestre de 2025 se mantuvo en niveles históricamente bajos).

  2. Debilidades en la gestión de riesgos, a menudo relacionadas con concentraciones excesivas en sectores volátiles (como el inmobiliario comercial o el tecnológico) o con prácticas deficientes de suscripción crediticia.

  3. Problemas de liquidez o de capitalización, que los colocan por debajo de los umbrales regulatorios mínimos, aunque no necesariamente en situación de insolvencia inminente.

  4. Hallazgos críticos en inspecciones previas, que la entidad no ha subsanado en los plazos establecidos por los supervisores.

El hecho de que durante el cuarto trimestre de 2025 cinco bancos fueran añadidos a la lista y solo dos fueran removidos³ es particularmente revelador. La asimetría entre entradas y salidas —una proporción de 5:2— sugiere que el proceso de deterioro está ocurriendo a un ritmo más acelerado que el de recuperación. En términos clínicos, la «tasa de contagio» supera a la «tasa de curación». Si esta tendencia se mantuviera durante dos o tres trimestres consecutivos, la lista de problem banks podría aproximarse peligrosamente al umbral del 2% que históricamente ha precedido a episodios de estrés sistémico.

Lo que la lista no dice: las pérdidas no realizadas

Para comprender cabalmente la situación de la banca estadounidense, es necesario mirar más allá de la lista de problemas y atender a otro indicador que la FDIC reportó en el mismo cuarto trimestre de 2025: las pérdidas no realizadas en carteras de valores, que ascendieron a 306.100 millones de dólares.⁴ Aunque esta cifra representa una mejora respecto a trimestres anteriores (una disminución de 31.000 millones, equivalente al 9.2%, y el nivel más bajo desde el primer trimestre de 2022), la FDIC la calificó como «elevada».⁵

La relevancia de esta cifra para nuestro análisis es doble. Primero, porque las pérdidas no realizadas afectan de manera desproporcionada a los bancos más pequeños y menos diversificados, que son precisamente los que tienden a poblar la lista de problemas. Segundo, porque estas pérdidas —originadas por el aumento de las tasas de interés que depreció el valor de los bonos adquiridos en años anteriores— representan una vulnerabilidad latente que podría activarse si alguna de estas entidades se viera forzada a vender sus activos antes del vencimiento para hacer frente a retiros de depósitos.

El recuerdo de la primavera de 2023, cuando Silicon Valley Bank colapsó en parte por la materialización de pérdidas no realizadas en su cartera de bonos del Tesoro, debería bastar para que este indicador ocupe un lugar central en cualquier diagnóstico de la salud bancaria. Que la FDIC lo mencione explícitamente como «elevado», incluso después de la mejora trimestral, es una señal que no debería ser ignorada.

Paradojas de la normalidad

Lo que hace de este momento un objeto de reflexión ensayística no es el peligro inminente de una crisis generalizada —los indicadores agregados lo descartan—, sino la paradoja de una «normalidad no crisis» que convive con tensiones latentes en el negocio central de la intermediación financiera. Porque, mientras el número de bancos problemáticos se mantiene dentro del rango histórico de periodos no críticos (situado habitualmente entre el 1% y el 2% de las entidades), el informe del cuarto trimestre de 2025 revela dos fenómenos simultáneos que merecen atención ensayística: la mejoría de los márgenes de interés neto (NIM), que alcanzaron aproximadamente el 3.4%, y el crecimiento de la cartera crediticia total del 2.0%, frente a un descenso del 2.0% en la utilidad neta consolidada del sistema, que se ubicó en 77.700 millones de dólares.⁶

El aumento del margen de interés y la aceleración del crédito suelen interpretarse como señales de salud: los bancos ganan más con su actividad tradicional y prestan más a la economía. Pero en el contexto de una lista de problem banks que vuelve a crecer —aunque sea ligeramente—, estos datos invitan a preguntarse si no estamos ante una recuperación asimétrica, en la que los bancos más grandes y diversificados capturan las ganancias del nuevo entorno de tasas, mientras las entidades más pequeñas o peor gestionadas acumulan riesgos que aún no han aflorado en su totalidad.

El horizonte: ¿cuánta fragilidad estamos dispuestos a normalizar?

En el horizonte ensayístico, esta situación plantea una cuestión incómoda: ¿cuánta fragilidad estamos dispuestos a normalizar? La experiencia de 2023 demostró que los problemas bancarios, cuando se concentran en segmentos con modelos de negocio frágiles o con alta dependencia de depósitos no asegurados, pueden desencadenar crisis de confianza en cuestión de horas. El hecho de que hoy tengamos 60 bancos en la lista de vigilancia —frente a los 63 de inicios de 2025— no debería ser motivo de alarma, pero tampoco de complacencia. La historia financiera reciente enseña que las crisis no llegan cuando todos los indicadores son malos, sino justo cuando la mayoría parecen buenos.

A ello se suma un dato que podría interpretarse como un colchón de seguridad: a lo largo de 2025, ningún banco quebró y, de hecho, una nueva entidad abrió sus puertas durante el cuarto trimestre.⁷ Esta ausencia de fallas bancarias efectivas contrasta con el aumento en la lista de vigilancia y sugiere que, al menos por ahora, los problemas identificados por los supervisores están siendo gestionados sin necesidad de llegar a la resolución o liquidación de las entidades afectadas.

El informe de la FDIC correspondiente al cuarto trimestre de 2025 no oculta estas tensiones. Lo que nos entrega es, más bien, un diagnóstico de estabilidad vigilante: el sistema bancario estadounidense no está al borde del colapso, pero muestra señales de fatiga en su periferia. La pregunta que queda abierta para el próximo año es si esa fatiga será absorbida por el crecimiento del margen de interés y la expansión del crédito, o si, por el contrario, terminará por ensanchar la lista de problem banks hasta convertirla en algo más que una sombra en el horizonte.

Notas a pie de página

¹ Federal Deposit Insurance Corporation. (2026). Quarterly Banking Profile, Fourth Quarter 2025 (p. 12). Washington, D.C.: FDIC. Disponible en: https://www.fdic.gov/analysis/quarterly-banking-profile

² La calificación CAMELS (Capital Adequacy, Asset Quality, Management, Earnings, Liquidity, Sensitivity to Market Risk) asigna a cada institución un puntaje del 1 (mejor) al 5 (peor). Las instituciones con calificación 4 o 5 son incluidas en la «Problem Bank List». Los criterios específicos de asignación no son divulgados públicamente para preservar la confidencialidad del proceso supervisor, pero la literatura regulatoria (véase, por ejemplo, el FDIC Risk Management Manual of Examination Policies) identifica las áreas de debilidad mencionadas.

³ FDIC, Quarterly Banking Profile, Q4 2025, p. 14. La sección «Problem Bank List Dynamics» detalla que 5 bancos ingresaron a la lista por deterioro en su calificación CAMELS y 2 egresaron por mejora o fusión. Esta información fue confirmada por el presidente del FDIC, Travis Hill, en la conferencia de prensa de presentación del informe.⁴

⁴ FDIC, Quarterly Banking Profile, Q4 2025, p. 8. La cifra de 306.100 millones de dólares en pérdidas no realizadas en carteras de valores representa una disminución del 9.2% respecto al trimestre anterior, pero el FDIC la califica como «elevada» en términos históricos. Para contextualizar: al cierre de 2021, antes del inicio del ciclo de alzas de tasas, las pérdidas no realizadas eran prácticamente inexistentes.

⁵ FDIC, Quarterly Banking Profile, Q4 2025, p. 8. La declaración textual del informe es: «Unrealized losses on securities remained elevated at $306.1 billion, although they declined by $31 billion (9.2 percent) from the prior quarter to the lowest level since the first quarter of 2022.»

⁶ Ibíd., pp. 5-7. Las cifras de utilidad neta ($77.700 millones), margen de interés neto (3.4%) y crecimiento de préstamos (2.0%) corresponden al agregado de las 4.336 instituciones aseguradas reportadas al 31 de diciembre de 2025. El total de utilidad neta para el conjunto del año 2025 alcanzó la cifra récord de 295.600 millones de dólares, un 10% superior a la de 2024.

⁷ FDIC, Quarterly Banking Profile, Q4 2025, p. 3 y p. 15. El informe señala explícitamente: «One bank opened and no banks failed during the fourth quarter.» El número total de instituciones aseguradas por la FDIC descendió de 4.377 en el primer trimestre de 2025 a 4.336 en el cuarto trimestre, lo que implica una reducción neta de 41 entidades en el año, atribuible principalmente a fusiones y adquisiciones más que a quiebras.



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